Escribir sobre un libro de Vicente Muñoz Álvarez puede convertirse en un ejercicio de introspección del que, como lector, uno puede no salir ileso. Alrededor de El merodeador crecen enredaderas que desde nuestros pies ascienden hasta lo más profundo de nuestro cerebro y corremos el riesgo de que se mantengan allí mucho tiempo, tirando de nosotros hacia el suelo primigéneo de nuestros más ocultos miedos y fobias.

El merodeador nos plantea un viaje interior hacia un mundo plagado de preguntas, existenciales en su mayor parte. ¿Es el mundo como lo vemos o como lo sentimos? ¿Qué puedo esperar de la realidad, a parte de ansiedad? ¿Qué nos domina, el pensamiento o la acción? ¿Es el sueño la salvación a nuestros males? ¿Cuál es el lugar de la pérdida de la identidad? ¿Existe un mundo fuera del que nosotros creamos?

Pero sobre todas estas preguntas, sobre todos los relatos que componen el libro sobrevuela una obsesión. Igual que Cthulu habita en el fondo del mar esperando el momento de emerger, en nuestro subcosnciente viven, latentes, esperando su momento nuestros miedos más ocultos. Podríamos hablar de El merodeador como un catálogo de los horrores que acompañan al hombre moderno en su día a día: la soledad, el miedo a la muerte, las obsesiones, la locura, la pérdida del ser amado, la alienación del trabajo que nos encarcela…

En este texto encontramos ricas referencias literarias y cinematográficas recuerdos a El corazón delator, las obsesiones del Bernhard más angustiado de Corrección, partes oscuras de nuestra mente que emergen a la realidad como el asesino más despiadado de un slasher que armado de paciencia espera a su víctima agazapado hasta encontrar el momento adecuado para asestar su cuchillada.

Aunque sea un libro de relatos, todo gira alrededor de la idea central del individuo fragmentado, vacío, víctima del insomnio más recalcitrante. Un individuo que podríamos decir vive en un universo propio, un universo concentrado en ocasiones en el interior de una caja de zapatos, del que emergen como vías de salvación delfines y mundos paralelos que se despliegan hasta construir un todo narrativo donde la técnica de las cajas chinas lleva el texto desde la ficción hasta una realidad creada o mejor dicho recreada desde la subjetividad del narrador-escritor-espectador.

El libro, como todo lo que escribe Vicente Muñoz, tiene una fuerte carga autobiográfica lo que aumenta su crudeza. Leemos así de forma diferente frases como: “nuestra vieja unión necesitará consumirse para resurgir luego fortalecida de sus propias cenizas”. La esperanza de la reconstrucción está presente a lo largo de todos los relatos. Frente a la culpa, el insomnio, los pasos nocturnos, siempre hay una esperanza como el delfín que se salva de morir encallado en una playa, como la relación muerta por el alcohol , como la cordura perdida en la miasma de las fobias, como la lluvia que algún día cesará.

Un libro muy recomendable de uno de los adalides del underground literario en España. La oportunidad de leer buena literatura alejada de los ya ajados caminos del mainstream, literatura en estado puro, como un golpe directo a la mandíbula.

Muñoz Álvarez, Vicente. El merodeador. Acvf, 2016.

http://www.acvf.es/?p=2276

El merodeador

El mundo puede tener

forma

de caja de zapatos.

Incluso

en ese rectángulo

pueden caber

otras realidades.

Entre los intersticios de esos muros,

golpean,

cadenciosos,

los pasos agónicos de tu otro yo.

Al retirar la tapa

te salpicará

un delfín arrodillado,

un suicida oculto en una carta,

un doctor apuntándote

con un tensiómetro en la sién.

Nada es lo que parece

o

quizás

todo tenga la lógica de la locura.

 

Pablo Malmierca

 

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