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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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amor

Renovación

Renovación

 

En una jaula sin barrotes

purgas tus penas y la mías.

En un vacío sin consuelo

quebrantas tus pocas esperanzas.

 

En el frío de tus manos

apenas reconozco tus plegarias.

Sin más fuerza

que lo quebradizo del hielo

ya sólo nos queda

retirarnos a la espesura de tus lamentos.

 

Sobrevivir

es la única opción a tu cercanía,

perecer

es la única lascivia posible.

 

Tus pasos retumban en la oscuridad

que deja la claridad del día.

En el crepúsculo decrépito

vive

tu dejadez.

 

Te busco entre las sombras

de los últimos rayos de sol,

entre los escombros

que va dejando la noche,

entre el detritus

de nuestras vidas.

 

Pasa el mundo,

la luz,

la colisión de nuestro tacto.

 

Pasa el rumor de tu aliento a mi lado,

el amanecer de tus labios

prometiendo el sacrificio de la renovación.

 

Pablo Malmierca

Tierra de nadie

Tierra de nadie

El lugar del tránsito
se convierte en el espacio
donde el gesto
es la única verdad.

Allí donde nadie habita
y todo el mundo pasa,
instalo mi no lugar,
mi hábitat inconmensurable.

Anhelo el instante,
la dificultad de afrontar
la distancia entre tu tacto y el mío,
el no lugar,
el abismo de los muertos.

Saber que estarás allí,
esperándome,
a sólo un centímetro de mi carne,
a una micra del pulso de mi sangre,
será la recompensa
por habitar la tierra de nadie.

Pablo Malmierca

Noviembre

Noviembre

Traías noviembre en tus pasos
tras un otoño poblado de singladuras.
Septiembre fue cobijo de soledades,
después
deseos de ansias de futuro.

Febrero creció en tu vientre,
el azul del cielo
entre miedos y promesas.

Marzo trajo
de nuevo el otoño en los ojos,
pasión desorbitada,
querencias sin preguntas.

El tiempo que nos queda
se abrirá en tus manos,
crecerá con el calor de mis brazos,
tendrá el sabor a salitre de tus labios.

Las estrellas se alinean
entre tu mirada y la mía,
el eclipse que nos acompaña
nos encontrará compartiendo
el infinito de nuestros horizontes.

Tántalo

Tántalo

Hubiéramos sido
capitaneados por el exceso.
Hubiéramos sido
extorsionados por la lujuria.

Si antes quisimos ser
la perfección del margen de los cielos,
si ahora queremos ser
la dejadez del centro de tu mundo.

Tántalo aborrecido,
despejaste los secretos del vuelo,
huiste asido a la belleza,
vivirás atado a la tortura de tu cuerpo.

Hubiésemos tenido
la verdad en la punta de los dedos.
Hubiésemos vivido
la mentira de un amor inconsolable.

No debimos ver
el otro lado del más allá,
no debemos beber
de la fuente oscura de la rabia.

Nunca deberíamos ser
aquello en lo que nos convertimos.

Retirada

Retirada

Soliloquio mudo
entre las hojas pisadas
de los ciruelos rojos.

Nuestro amor caducifolio
se queja
ahíto de calor,
marchito entre las ramas secas
de un pasado aplastado.

Cruje el follaje
bajo el peso
de nuestros cuerpos,
eclipsados por el final del día
saboreamos la salinidad de las noches.

La sequedad del río
que nos cobija
no es más
que tu fatiga ahogada en mis manos.

Cansado
el tiempo muestra
sus más oscuros prejuicios,
el sabor de la voz ajena
en la pesadumbre de mis pensamientos.

Unidos por nuestros capilares
caminamos asidos
a la maraña
que acompleja mis sentidos.

Veneno

Veneno

Provocas la insistencia
de mi devenir inconexo,
entre inconsistencias
la pena grita tu postura.

Desde el lado opuesto a tu cielo,
ungido por la niebla y la ceguera,
me acerqué a tus brazos
pegajosos por la miel de tu boca.

Quiero saborear la quina
de tu odio,
quiero beber del veneno
que me ofreces cada día.

Lugares para el recuerdo
en una vieja fotografía
agujerada por la navaja
de tus antepasados.

Pálido hueco en el muro de los días,
una mano surge
entre las telarañas
de tus palabras vacías.

La salvación en tu pelo de serpiente,
la perdición en el tacto húmedo
de las escamas de tu piel.

Pablo Malmierca

Eudemonía

Eudemonía

Tan cerca de los vivos
supiste reconocer la felicidad de los muertos,
tan lejos de la sabiduría
saboreaste el rubor de la carne.

Tu tacto de terciopelo viscoso
sabía a la masa dulce
de tu tejido nervioso.

Capacitado para el sufrimiento
me mostraste tu interior,
aunque rehusé el tacto,
tus efluvios fueron los míos.

Importaba el fin,
teleología del amor.
Tus huesos brillaban,
esquistos fragmentados.

Me ofreciste tu sangre
en una orgía de tejidos,
te dejé mi origen
posado sobre tu boca.

Hastiados del roce
preferimos la delicia de lo etéreo,
el goce del éxtasis flamígero,
la venganza de los cuerpos.

Pablo Malmierca

Perdón

Perdón

Me pides silencio
en un abrazo de brillos metálicos,
buscas mi perdón
entre contracciones de ausencia.

La bravata del engaño
me ase a tus arterias sin opciones,
catapultado a tus cabellos
me atrapas cargada de promesas.

Sanguijuela fosforescente
que trepas desde las grietas de la belleza,
a tu lado la degeneración
del sentimiento agostado.

Ofrendas de flores muertas
a dioses inertes,
ausentes dádivas
de ansiedad y codicia.

Tendrás mi espalda,
el dorso de mis manos,
la cara oculta de mis crímenes,
la nada que te corresponde.

Pablo Malmierca

Ella

Ella

Transita por el mundo
ajena a las batallas de los hombres.
Camina con un alma
encendida
en cada mano.

Todos la seguimos,
nadie sabe por qué.
Unos quieren conocer
la razón de su viaje,
otros la acompañan
por la inercia del grupo.

Nunca mira atrás,
sus pasos marcan el rumbo.
Sólo vuelve la mirada
cuando un alma agota su luz.

Te escoge al azar,
tampoco hay lógica
en su elección.

Te abrasas en su palma.
En la hoguera del placer
dejas tu poca humanidad,
tu escasa autoestima,
el valor de tus querencias.

Pablo Malmierca

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