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Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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Reseñas

Reseña de «Fábula material» de Begoña Callejón en Culturamas.

Os dejo mi nueva reseña para Culturamas, en esta ocasión del último libro de poemas de Begoña Callejón publicado por Bartleby.

Fábula material (Bartleby Editores, 2022), de Begoña Callejón se presenta como un libro complejo con múltiples referencias intertextuales que abarcan desde el cine a la literatura de género pasando por la propia poesía. Esas referencias que van desde Tarkovsky a Bella Tar pasando por Stephen King, Emily Dikinson o Sylvia Plath es mejor dejarlas para que el propio lector pueda degustarlas en la medida de sus lecturas propias, pues este libro de poemas tiene múltiples lecturas en función del grado de profundización y del tipo de lectura que se quiera realizar.

En mi caso voy a detenerme en los elementos que creo más importantes, desde la propia taxonomía del libro al proceso de búsqueda que constituye la voz poética de este libro que se nos abre y cierra en sí mismo.

Podéis seguir leyendo la reseña aquí:

Reseña de «Urgencia de lo minucioso» de Luis Ramos, publicada por Lastura. En Culturamas.

Escribo una nueva colaboración para Culturamas, en este caso la reseña del libro de poemas «Urgencia de lo minucioso de Luis Ramos, publicado por Lastura.

SURCOS QUE SON PALABRAS Y CRECEN COMO ÁRBOLES HACIA LA LUZ

En palabras de Josep María Esquirol: «Cantamos para celebrar, y cantamos, también, para no tener miedo: para celebrar cosas de la vida, y para no tener tanto miedo a la muerte. De ahí que la esencia de la palabra sea el canto y que toda palabra valiosa palpite, o bien la celebración, o bien el amparo». Así comienza Humano, más humano. Una antropología de la herida infinita, publicado por Acantilado. La más reciente entrega lírica de Luis RamosUrgencia de lo minucioso (Lastura) se abre con tres citas harto significativas, la primera de Olvido García Valdés: “…voy y miro y todo es // como si no fuera yo quien lo mirara”, la extrañeza, el afuera del que mira y del objeto como punto intermedio de unión, como lugar del conocimiento; “Wo ich umher mich leite” de Hölderlin, que podríamos traducir como “hacia dónde me dirijo”, el paseo, la horizontalidad como forma de acceso hacia lo desconocido, el movimiento, ¿del hombre, del pensamiento?, como primera vía de conocimiento del mundo; y, por último, “convertir la palabra en la materia”, palabras de José Ángel Valente, la poesía como constructo de la realidad, materialidad del lenguaje. Ya en estas tres citas se nos ofrece el libro de poemas en sus claves interpretativas iniciales: verticalidad, horizontalidad y materia. Todo ello, como mostraré más adelante, a través de la apertura que da la herida, pues será en y tras la herida donde el mundo nos otorgue significado, celebración, amparo y canto.

Si quieres continuar con la lectura pincha aquí:

«Urgencia de lo minucioso», de Luis Ramos

El valor de lo sencillo. Reseña de «Con los ojos del frío» de Luis Ramos, publicado por Lastura.

Dice Junichiro Tanizaki en El elogio de la sombra que la verdadera belleza no está en el metal pulido o en las superficies blancas y brillantes de los azulejos, para él está en los materiales que poco a poco van tomando una pátina con el tiempo que refleja su historia y sus querencias. En Con los ojos del frío, Luis Ramos consigue un efecto parecido a recuperar la memoria perdida de unos personajes que representan un caleidoscopio humano que va formándose ante nosotros a medida que vamos avanzando en la lectura del libro.

            Esta memoria recuperada hace de los personajes personas que destacan por su dosis de humanidad. El autor zamorano recupera al oprimido, al perseguido. Encontramos representados en el libro gays ancianos que nos ganan por su ternura, señalados hasta el final de sus días; niñas violadas que son liberadas por la mano de otra mujer que acaba con la opresión machista y sexual del padre.

            Nos encontramos ante un libro de relatos que más que contarnos historias dan voz y vida a personajes, en muchas ocasiones oprimidos por una sociedad rancia y egoísta que por un mero acto de justicia poética son sacados de su ignominia y resarcidos en un último giro de guion que acaba por ponerlos en el lugar que se merecen.

           

Con una prosa que en ocasiones deja ver el poeta que hay tras Luis Ramos, estas breves historias que se acercan mucho por su confección al cuento tradicional son un palimpsesto que trata de reescribir la intrahistoria de tantos personajes pequeños que pasan y pasean día a día frente a nosotros y que la mayoría de las veces pasan totalmente desapercibidos. El autor redime con su prosa y vuelve a colocar en el centro de la Historia a estos desaparecidos de la cotidianeidad. Es por tanto Con los ojos del frío un ejercicio de memoria histórica como lo fue Entre cunetas, libro de poemas publicado por Luis Ramos en Baile del Sol, pero si el segundo se centró en las víctimas de la violencia entre hermanos que supuso la Guerra Civil española y las atrocidades del bando franquista, este libro de cuentos lo es de la memoria de todos los agraviados por la vida, todos aquellos que han superado las dificultades que la vida les ha puesto por delante.

            He calificado este libro como libro de cuentos, prefiero esta definición pues la estructura que siguen suele ser la propia del cuento clásico, se nos presenta una historia y al final de esta una pequeña moraleja o enseñanza. Aquí la enseñanza es de carácter humanista, eso sí alejada totalmente de la moralina que nos trata de imponer una visión estereotipada de las cosas, una enseñanza que nos acerca a los oprimidos y a los perseguidos, que nos los muestra como los verdaderos sufridores de la Historia.

            Es también Con los ojos del frío un libro que quiere recuperar la memoria de la España vacía o vaciada, aquí el adjetivo es indiferente, por sus páginas deambulan personajes que ya no podrán volver a existir y que aquí encuentran el marco perfecto para su pervivencia en la memoria, objetivo principal del libro que nos acompaña. Pero no solo aparece el mundo rural, también el mundo de la ciudad que poco a poco se ha ido desmoronando víctima de la presión del aceleracionismo capitalista que todo lo engulle, hasta la música y la percepción de esta, como vemos en alguno de los cuentos.

            Así pues, Con los ojos del frío de Luis Ramos es un libro que aporta una visión de un mundo que estamos perdiendo, un libro que se convierte en fotografía viva del rico poliedro que constituye el ser humano a través de sus costumbres y desgracias. Retablo que nos habla del recuerdo y de la pervivencia en todos nosotros del recuerdo, personajes universales que pueblan el inconsciente colectivo y a los que el autor zamorano ha puesto cara y nombres propios para construir su propio patio de vecinos, y donde ha logrado mediante su empatía hacia esos personajes muchas veces rechazados por la Historia recuperarlos para la memoria.

Reseña publicada originalmente en «La Opinión de Zamora» el 20 de agosto de 2021

Pablo A. García Malmierca

Reseña de «Leica Format», publicada por Automática editorial.

Hoy reseño una de las novelas que más me ha llamado la atención en lo que va de año. «Leica Format» publicada por Automática Editorial

Leica format es una novela que, frente a otros libros que las visitan o hacen introspección del sentimiento del personaje principal en las calles que se visitan, lee la ciudad. Estamos ante un libro caleidoscópico y polimorfo, tanto en los materiales que lo conforman: partes de otras novelas, definiciones, reflexiones; como por la sobreacumulación de personajes que la pueblan y que prestan su voz….

https://www.culturamas.es/2021/07/27/leica-format-de-dasa-drndic-2/

La luz muerde las palabras. Reseña de «Incendio mineral» de María Ángeles Pérez López. Editado por Vaso Roto, 2021.

La última entrega de María Angeles Pérez López, Incendio mineral (Vaso Roto, 2021) nos muestra el poema como apertura total. Mundo y cuerpo se hibridan en un continuo que llevan al sujeto a diluirse en lo vegetal, en lo animal, en lo mineral. El cuerpo es boca que muerde y mediante un movimiento próximo al erotismo nombra y crea la palabra poética, palabra que nos hace ir hacia la claridad frente a la oscuridad que nos rodea…

Puedes continuar leyéndola en el siguiente enlace:

https://www.culturamas.es/2021/06/23/incendio-mineral-de-maria-angeles-perez-lopez/

Colaboración con www.culturamas.es

A partir de ahora algunas de mis reseñas aparecerán en la revista http://www.culturamas.es, con la que voy a colaborar como crítico de poesía.

Mi primera colaboración fue sobre la obra «Nihiloma» de Rubén Martín publicada por Ediciones Liliputienses.

Posthumanismo, bugs y alas de mariposa.

Acercarse a Nihiloma (Ediciones Liliputienses, 2020) es acercarse a la obra de otro de los inclasificables de la literatura española actual, Francisco-Jota Pérez, y más en concreto a su artefacto Teratoma, en la contraportada aparece la siguiente definición:

Teratoma (del lat. Cient. Teratoma, y este del gr. ‘monstruo’ y ‘tumor’, ‘hinchazón’. Tipo de tumor de células germinativas que puede contener varios tipos diferentes de tejidos, como pelo, músculo y hueso.)

A la que nosotros podríamos añadir la siguiente:

Nihiloma (del lat. Nihil ‘nada’ y el gr. -oma ‘tumor’, ‘hinchazón’. Tipo de libro de poemas que se expande como un tumor hacia/desde la nada para buscar y expandirse en un espacio propio.)

Si estáis interesados en leerla al completo aquí os dejo el enlace.

«Nihiloma», de Ruben Martín  – Culturamas

Notas de lectura a Sola de Raúl Quinto (4/1/2021)

Esta no es una reseña al uso, son simplemente unas notas de lectura que posteriormente generaron un diálogo con la poeta María Ángeles Pérez López, que fue de quien partió la idea de una lectura a dos voces de el libro de Raúl Quinto, «Sola» publicado por La Bella Varsovia. Evidentemente son un punto de partida, no un punto de llegada; el posterior diálogo fue enormemente enriquecedor. Dejó aquí mi posible lectura, que no es más que eso una posible lectura para un posterior diálogo.

  • Creo estamos ante un ejercicio vanguardista de riesgo calculado, tanto por su herencia de las vanguardias históricas (futurismo, dadaísmo, surrealismo…) como por encuadrarse dentro de la poesía especular…
  • Poesía especular: (Desobediencia. VV. AA. El sastre de Apollinaire. Poesía, 42) Dentro de las cuatro categorías con que trabaja la antología Desobediencia (poesía non finito, Intrapoesía, Poesía especular y Poesía de la otredad), todas ellas permeables y sin límite fijo, incluiría Sola dentro de la poesía especular. Dicen Marco Antonio Núñez y Óscar de la Torre en el prólogo: “el poema consiste en un relato estratificado de una serie de textualidades que van encajando unas en otras. Una narración en abismo: identidad y texto literario enlazados. Al traducir esos estratos se ejerce la palabra a modo de interpretación de la identidad. El poema resulta ser una matrioska. Poemas en abismo. Texto que se abre a otros textos y se cierran sobre ellos mismos…” (pág. 10)
  • El texto se abre como “variaciones sobre un texto de Thomas Bailey Aldrich”, con la cita del mismo texto y se cierra con la presencia del mismo autor al final del poema “thomas bailey aldrich termina de escribir su cuento”. Este sería el encuadre o primera matrioska sobre la que se articula el texto, y que lo hace totalmente circular. Pero, ¿qué hay dentro de esta primera matrioska? Otra herencia de las vanguardias, en este caso las narrativas, una corriente de conciencia que fluye a lo largo de todo el texto y que se podría asimilar al discurso indirecto libre. Esto me hace pensar en un texto que se acerca más a una poesía de tipo narrativo que lírico, si además pensamos que se glosa un cuento, diríamos que el carácter narrativo queda por encima de lo lírico pese al continuo uso en el texto de elementos poéticos.
  • Uso de las vanguardias históricas: eliminación de sintaxis, superposición de imágenes, uso abundante de términos técnicos o científicos (probablemente buscados para dar ese halo de ciencia ficción que tiene el texto desde un principio), disposición del texto en el blanco de la página, neologismos (el uso de neologísmos no me cuadra con la pretensión de que este sea un texto apocalíptico y distópico sobre la destrucción del lenguaje, aunque sí con la pretensión de que el lenguaje sobrevivirá a ese vacío que paradójicamente en el texto aparece como superpoblado). Es interesante el uso de un recurso como la enumeración caótica en el texto, quizá para señalar esa tendencia al caos que apunta el relato, en este caso estas enumeraciones se convierten en nominalizaciones del mundo, un mundo técnico y científico (de nuevo un apunte hacia la ciencia ficción). Estas nominalizaciones marcan la fractura entre el mundo tal cual es en el texto (distópico, apocalíptico) y el mundo posible que deja entrever tras el espejo (¿logra el autor marcar esta distinción entre los dos mundos?)
  • Si hay algo que me ha llamado la atención es la aparición del monstruo al final del poema “llaman a la puerta/ y es algo alguien con los ojos cosidos y la boca borrosa / que dice / todos los otros seres han muerto / ya has escrito suficiente”. El recurso del monstruo es lógico si englobamos el texto al completo dentro del género de la ciencia ficción distópica donde son habituales los seres extraños. Pero en este caso su uso se me antoja cuanto menos problemático, podríamos decir que este ser es un “lugar común” de la literatura de terror actual que representa la incomunicación, pero a diferencia de estos monstruos cuya función es la de provocar terror con sus acciones, aquí tenemos un monstruo que se comunica y que además, utilizando un término filosófico, es la causa eficiente en el texto, se encarga de cerrarlo en el plano físico y en el literario, es la voluntad superior que derrota esa conciencia en estilo indirecto libre pues ya no le permite escribir más, es a la vez demiurgo y monstruo, con lo que pierde toda su carga de monstruo para convertirse en un pequeño dios en el poema, como dije antes en su “causa eficiente” pues tiene poder sobre las letras y la voz poética.
  • Otro de los problemas que le encuentro al texto es la necesidad de terminar el blanco de la página con una explicación de lo expuesto en la primera parte de la misma. A esto me refería cuando hablaba de riesgo calculado, en mi opinión, todo el riesgo tomado con la construcción del libro se ve sesgado por un recurso tan poco moderno como la digresión, ¿por qué explica si no es necesario?, quizá el texto hubiera ganado en potencia poética sin explicar, pero también se alejaría de las corriente cada día más en alza de una poesía que todo el mundo pueda entender (es evidente, por los libros de poesía más vendidos que es el camino de muchos  autores en la actualidad). Quizá me hubiera gustado un libro algo más arriesgado, cuando es un libro arriesgado de por sí.
  • ¿Si funciona o no? Depende del lector o del tipo de lectura que queramos hacer.

«El poder de la tierra». Reseña de «Un pie en el paraíso» de Rash, Ron. Madrid: Siruela, 2018.

Recupero esta reseña publicada originalmente en la ya desparecida revista electrónica «Cubical Magazine».

El poder de la tierra. Reseña de Rash, Ron. Un pie en el paraíso. Madrid: Siruela, 2018.

Acercarnos a la primera novela de Ron Rash, publicada originalmente en el año 2002, conlleva realizar un breve repaso a uno de los géneros derivados del gótico americano, el gótico sureño. El gótico americano tiene como seña de identidad la lucha entre elementos racionales e irracionales, la culpa, lo tenebroso, que vertebrarán posteriormente la narración. Como subgénero del gótico americano surge el gótico sureño, específico de narraciones ambientadas en el sur de Estados Unidos, en esta narrativa los elementos sobrenaturales o telúricos aparecen para reflejar problemas sociales y explorar la cultura propia de las regiones rurales del sur de los Estados Unidos.

Rash, al igual que otros autores actuales en la narrativa norteamericana como Katie Kimura, Donald Ray Pollock o Laird Hunt, es digno heredero de la línea iniciada por William Faulkner. Un pie en el paraíso es una novela donde se entremezclan lo telúrico, lo social, lo humano, lo sobrenatural con la culpa y la existencia rutinaria de unos personajes marcados por su pasado y por el destino del valle de Jocasse en el que viven.

Estamos ante un texto que gira en torno a la vivencia de un asesinato por parte de los cuatro protagonistas de la narración: el sheriff, la esposa, el esposo y el hijo. El libro está dividido en cinco partes, en las cuatro primeras cada uno de los personajes citados con anterioridad nos cuentan en primera persona cómo ese hecho inesperado ha influido en sus vidas, además es interesante como con cada uno de los puntos de vista vamos descubriendo elementos del argumento que nos ayudan a conocer la historia de forma completa, cada uno ha vivido los acontecimientos desde su propia subjetividad, y será el lector el encargado de ir uniendo las piezas para descubrir la realidad. La quinta parte, a forma de epílogo, nos da las últimas pistas desde la visión del ayudante del sheriff, para no dejar así ningún cabo suelto en la narración. En este sentido el texto se nos ofrece con una estructura bastante clásica donde al lector no se le dejan ningún tipo de resquicios, todo queda explicado y explicitado en el texto, aunque sea desde el punto de vista de los distintos personajes. Podemos así decir, que nos encontramos ante una narración circular en sus tres primeros capítulos, el mismo hecho se nos cuenta tres veces desde distintas visiones. Cabe destacar la habilidad de Rash para que la lectura no resulte repetitiva, el punto de vista va sumando nunca repitiendo los acontecimientos. El verdadero desenlace aparece en la narración del hijo, verdadero clímax de Un pie en el paraíso.

Como todo libro adscrito al gótico sureño no falta el elemento sobrenatural y telúrico. La influencia del valle sobre sus habitantes es fundamental en el desarrollo y final de la historia, se convierte así en un personaje activo más, la tierra, el lugar donde se vive como creador de tensión y agente necesario para el desenlace de la historia. Debemos destacar la aparición de la viuda Glendower, personaje a medio camino entre una bruja y una eremita, cuya participación en la acción también va a resultar crucial para el desarrollo del desenlace.

Capítulo aparte merece el análisis psicológico y social de cada uno de los personajes. Cada uno de ellos aparece caracterizado por su lenguaje, su cultura o por rasgos propios de su clase social. Así la cultura del sheriff es libresca, es el único que ha podido acudir a la universidad, pertenece a una de las familias más asentadas en el valle y continuamente hace referencias al pasado cherokee de la zona. Es racional aunque dominado por sus problemas familiares y económicos. La esposa y el esposo son una pareja de granjeros cuya vida se verá sacudida por dos acontecimientos: la imposibilidad de tener hijos y un asesinato. Su cultura está apegada al terruño, su existencia gira en torno a las actividades propias de la Norteamérica rural, el trabajo y la Iglesia. El hijo a medio camino entre la granja y sus propias apetencias, busca su identidad y su propio camino, y se convertirá en catalizador del desenlace final de la novela.

Otra de las características destacables del libro es el lenguaje y el uso de comparaciones y metáforas propias del campo, no debemos olvidar que se trata de una historia ambientada en un valle de granjeros. Este uso metafórico de la lengua dota de mayor verosimilitud a la historia y sirve además como elemento formal de anclaje de la misma a la realidad que describe.

El elemento social es también determinante en Un pie en el paraíso. Todos tienen problemas de algún tipo. El sheriff vive en un matrimonio desgraciado con una mujer que vive y ha vivido de las apariencias. El esposo sufre los estragos de la Polio y de una tierra que apenas le da para vivir y que le hace esclavo día y noche. La esposa vive el estigma de la pareja, no poder tener hijos. Y finalmente el hijo aparece marcado por la culpa y la “maldición” a la que le han condenado sus padres, que propiciará el final fatal de la historia.

Un pie en el paraíso es, además, un canto telúrico, el valle marca la vida presente, el pasado y el futuro de sus habitantes, como dije anteriormente, es elemento fundamental en el final de la obra.

Estamos, pues, ante una novela que desde una línea tan clara como el gótico sureño nos muestra la vida y miserias de los habitantes de una remota zona del sur de los Estados Unidos condenada a desaparecer. Sin llegar al tremendismo de Katie Kimura o a los escenarios asfixiantes de William Faulkner o, incluso a la personalidad extrema que muestran los personajes de Donald Ray Pollock, el texto de Ron Rash ofrece los suficientes argumentos como para acercarnos a esta su primera novela.

Pablo Malmierca

Nosotros, puerto seguro. Reseña de «Haga lo que haga en la tierra» de Vicente Muñoz Álvarez. Canalla Ediciones, 2020.

El mundo avanza y la poesía de Vicente Muñoz Álvarez sigue su propio camino, un recorrido alejado de modas y círculos poéticos, más atento a sus propias referencias que a sus contemporáneos, de los que se convierte en algunos momentos en verdadero crítico.

Para aquellos que desconozcan la escritura de Vicente podríamos decir que se trata de una literatura que él mismo denomina autobiográfica, tal y como nos dice en la “Nota preliminar” a este libro y que de alguna manera sella el pacto autobiográfico con el posible lector: “la dialéctica entre mis dos oficios, el calzado y la escritura, y el modo y la consecuencias de intentar combinarlos, por un lado, y la poética autobiográfica, escueta y esencial que les caracteriza.” (pág. 15). Haga lo que haga en la tierra se inserta en una trilogía más amplia compuesta además por Días de ruta y Travesía, que como el mismo autor nos dice son: “…una crónica (poética y crítica) de los tiempos que corren y estamos viviendo, de la debacle del capitalismo y el desmoronamiento de la economía de mercado, y al mismo tiempo de la dinámica y sinsabores del oficio de la escritura (don y maldición), (…) el amor (y el desamor) (…) Tres libros, tres visiones, tres miradas. Y un solo corazón latiendo.” (pág. 15)

Hasta aquí el pacto autorial con el lector, sinceridad y desnudez por parte del autor respecto a los posibles lectores. Pero me gustaría ir un paso más allá y etiquetar, palabra que odia Vicente, a Haga lo que haga en la tierra de obra autorreferencial. La autorreferencialidad supone un paso más allá de la autobiografía y supone introducir al propio autor como elemento de la poética del libro. La forma más habitual de hacerlo es incluir el nombre del autor en alguno de los poemas, cosa que Vicente declina hacer, en su caso opta por la otra de las técnicas propias de este subgénero literario, la referencia a hechos autobiográficos. Esta identificación de la voz poética-personaje con el autor real se hace patente en poemas como “Ella y el pienso”, donde el poeta rememora la pérdida de un ser muy querido que le dejó no hace mucho: “su manta su collar / su champú su cepillo / su bebedero su comedero / su correa su cartilla / / y el pienso / que no terminó // siguen a mi lado // Ella y el pienso / no lo terminó. “ (pág. 57). A este índice de autorreferencialidad me gustaría unir las palabras que reproduje más arriba de la “Nota preliminar” donde el propio autor hace explícita su intención autobiográfica, es decir, de convertirse en propio material poetizable. Sin embargo, en nuestro autor este material abarca mucho más que la pura historia vital, incluye sus lecturas, sus referencias, su devoción por el cine, que ya ha plasmado en diversos libros. En Vicente Muñoz Álvarez la autorreferencialidad se dispara a muchos niveles que trataré de desgranar en esta reseña que en cierto modo es continuación y ampliación de las que ya realicé de otros de sus libros anteriores Gas y Travesía.

Haga lo que haga en la tierra se divide en cuatro partes, cuyos títulos ya de por sí son significativos a la hora de hacer una lectura pormenorizada del texto, estas partes son: “Mar adentro”, “Vórtice”, “Aguas profundas” y “Llegar a puerto”. Esta forma de nombrar nos hace viajar a otro de los títulos del autor Canciones de la gran deriva. Vicente es gran admirador de la literatura de terror relacionada con el mar, en español podemos encontrar dos grandes antologías publicadas por Valdemar: Aguas profundas y Mares Tenebrosos. A este primer gran referente me gustaría unir un segundo punto de unión de estas cuatro partes, la idea de la vida como viaje, un viaje que parte, como la vida de la infancia donde la realidad es otra de la que te contaron y debe ser reedificada, pero vista con nostalgia, el pasado como parte irrecuperable de la vida. Así Vicente aparece trasmutado en el Homo Viator medieval que viaja tras su destino.

La primera parte “Mar adentro” es el punto de partida de este viaje, con referencias a dos autores a los que el viaje caracteriza, Stevenson y Kerouac, parte de la escritura y la infancia como lugares en los que se funda. La escritura en Vicente se basa en su particular forma de ver la realidad “por qué veo yo negro / cuando los otros / ven blanco” (30), outsider irredento de las letras españolas ajeno a modas y grupúsculos poéticos. Por esa razón siempre se ve eligiendo “¿un camino? / ¿y el resto? / ¿dónde queda?”. Esta sensación le lleva a recuperar otro de los tópicos literarios que jalonan este libro, el de la Fortuna como hacedora de destino. Siempre decidir como un salto al vacío (pág. 33), merece la pena seguir adelante si el dolor es cada vez mayor, si esperas más de lo que te pueden ofrecer. Pero al autor siempre le queda el amor como tabla de salvación y la propia esencia frente a los demás: “fingir estar / figurar // frente / a Babilonia // urgencia de ser / yo mismo.” (pág. 40). La vida nos puede llevar a la cosificación, como vemos en “Necrófagos”, donde se utiliza la imagen de la víctima cosificada por el psicópata como imagen del destino del hombre actual.

En este juego de referencias contemporáneas y clásicas, merece especial atención el poema “Calavera no llora” (pág. 47), donde aparece un tema que Vicente ha escamoteado en esa “Nota preliminar” y que subyace a algunos de los textos del libro, la muerte. Este poema recupera a Jorge Manrique parafraseando algunas de sus palabras e incorporándolas a la especial poética decantada hacia la que la poesía de Vicente viaja de una forma cada vez más clara. Dice el poema “contemplando / la vida// viendo / la muerte pasar // cómo nos acecha / y espera // ávida impaciente / calavera// tan callando).

Otras referencias en esta primera parte que merece la pena destacar son las continuas referencias a una de sus grandes pasiones, el cine de género, aparecen así de forma más o menos explícita Sangre para Drácula o Carne para Frankenstein de Paul Morrisey, Le ballon rougue, Crisis? What Crisis, Alta Tensión, Unforgiven y un largo etcétera que puede suponer un juego de lectura para cinéfilos. A este entramado de películas cabe unir otro de referencia literarias, que junto a los relatos inspirados en el mar o las referencias a Jorge Manrique, debemos incluir otras como Huysmans, Nietzsche, Sartre, Rimbaud, Poe, Jenofonte, que por no ser este el espacio dejo al lector su búsqueda en el libro.

Todo ello con una poética de la desnudez que busca dejar atrás todo lo accesorio, versos cortos de ritmo rápido concisos como un disparo de adrenalina, despojados de todo lo accesorio con escasas concesiones retóricas a excepción de las antítesis, que casan tan bien con esa postura de don/maldición con la que Vicente ve la literatura y el oficio literario. Este uso de las antítesis (luces / y sombras// besos / y heridas // pasión /y traición // amar / y errar // todo / en el corazón / a la par) contribuye a acelerar aún más el ritmo de estos poemas ya de por sí breves y rápidos.

En resumen, frente a la desnudez del poema Vicente nos deja lo intrincado de las abundantes referencias que explicitan u ocultan sus poemas. “Mar adentro” nos presenta al sujeto poético enfrentado a la sensación de estar perdido en la inmensidad del mar, a la deriva que todo lo puede. El hombre enfrentado a una inmensidad que no controla, que le lleva incluso a sentir la náusea sartreana, y que le hace tener el (deseo de ser / tiburón) (pág. 39).

El deseo de esencialidad del autor le lleva en la segunda parte “Vórtice” a trabajar el haiku, forma que ya aparecía en GAS y que aquí se transforma en el lugar donde convergen los temas del libro, podríamos hablar que son el vórtice de la tormenta desatada en “Mar adentro”. Siguiendo esta dialéctica la tercera parte “Aguas profundas” es el lugar al que el sujeto lírico llega tras pasar el vórtice de la tormenta. Continúa su interiorización de la muerte, para dejarnos un nuevo elemento autorreferencial en “Paso del Noroeste” (102) la cincuentena como paso lleno de dificultades en la vida. Se inicia con esta parte donde lo personal, su trabajo como comercial, el amor, su visión del mundo, se convierten en temas contrales. Quiero centrarme en la crítica que se realiza tanto del sistema capitalista como del sistema literario que nos domina.

En “Le grande Boufee”(pág. 121), nueva referencia al cine, nos habla del peor de los poetas (un poeta / (sobre todo social) / corrupto), para en “Confesión” (124) darnos su antítesis (los escritores serios / no se comen una puta rosca // en suma // pero son libres / y auténticos // doy fe), lo que nos lleva al malditismo en “Danza de las calaveras” (143).

“Llegar a puerto”, cuarta y última parte del libro de poemas supone un giro argumental en el texto, frente a lo negativo, al sufrimiento, al contemplar con dolor Babilonia, todo marinero regresa a puerto, cierre de la metáfora del viaje, que convierte Haga lo que haga en la tierra en una bella alegoría vital. Será aquí Ulises (pág. 175) el que encarne la figura del sujeto lírico “vuelvo de nuevo / al hogar”. Todo acaba positivizándose en esta parte (la luz radiante / de invierno / que nos ilumina // ahora // bálsamo/ para el corazón) (pág. 169). Será la meditación la que otorgue la paz buscada frente a la locura del mundo (en los que observas / pero no juzgas / sientes pero no sufres / vives pero no piensas) (pág. 170). Alejarse de todo lo que es negativo (fuera siempre / lo que te hace sufrir) (pág. 171).

Se vuelve aquí central el poema que recupera el poema con que se abre Don de la ebriedad del zamorano Claudio Rodríguez, (la claridad / la ebriedad / la iluminación // vienen siempre / del cielo) (pág. 173), debemos buscarnos fuera del mundo, nueva dicotomía que refleja como estar en esta Babilonia. Será el amor el que junto a esta iluminación salve al sujeto lírico de la deriva (todo lo salva / el amor) (pág.177)

En conclusión, Haga lo que haga en la vida, se nos muestra como un libro desnudo y despojado en lo retórico, pero muy rico en referencias y lecturas. Alegoría del viaje vital al estilo, tan propio, de Vicente Muñoz Álvarez, que como demuestra es una de las voces más originales y alejadas de grupúsculos poéticos que podemos encontrar en la actual literatura española. Desde su posición de outsider sigue defendiendo unos ideales y formas de hacer literatura que quizás le hayan alejado de cánones preestablecidos, pero que a sus lectores nos brinda la oportunidad de una literatura que sabe a verdad.

Pablo A. García Malmierca

Aldealengua, 7/02/2021

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