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Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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Reseñas

Lo peor es fascinante. Reseña de Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa. (Ed. de Jesús Palacios). Gijón: Satori, 2018.

Lo peor es fascinante. Reseña de Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa. (Ed. de Jesús Palacios). Gijón: Satori, 2018.

(Publicada originalmente el 15 de octubre de 2018 en https://www.cubicalmag.es/horror-y-erotismo-en-la-cultura-popular-japonesa/ )

            El término japonés eroguro proviene de la unión de los términos anglosajones ero-guro-nansensu, cuya traducción sería erótico-grotesco y absurdo. Nos encontramos ante un género propio de la cultura japonesa que tiene su mayor virtud en la ausencia de límites morales, podemos encontrar todo tipo de perversiones, placeres, celebraciones de la carne y excesos. El eroguro es un género de géneros que trasciende los formatos tradicionales, podemos encontrarlo en lugares como el Manga, el cine o la literatura. Pues bien, este es el reto que se ha propuesto uno de los mayores conocedores de la cultura underground en España, Jesús Palacios, dar a conocer a un público amplio este género japonés. Para dicha travesía ha contado con la colaboración de Daniel Aguilar, Rubén Lardín, Iria Barro Vale y Germán Menéndez Flórez. Estamos, por tanto, ante una obra que pretende ser un escaparate lo más plural posible de este movimiento japonés.

            Sin embargo, el libro es además un excelente catálogo de imágenes que recorren desde los grabados de Yoshitoshi, del siglo XIX, hasta el manga más actual de Maruo, sin olvidarnos de la cartelería de películas relacionadas con el género o portadas de Edogawa Rampo y otros autores. En este sentido la editorial Satori no ha escatimado en la calidad de este apartado, incluyendo páginas en papel de alta calidad a todo color. El propio Jesús Palacios ha sido, además, el encargado de convencer a algunos de los mejores ilustradores españoles, así el libro se inicia con una serie de láminas que incluyen trabajos exclusivos de Miguel Ángel Martín o Sandra Uve, por poner un ejemplo.

            El libro se completa con relatos de Junichiro Tanizaki, Edogawa Rampo y Unno Juzzo. Con una introducción aclaratoria de Daniel Aguilar sobre lo que denomina las tres caras del ero-gro.

            En el volumen debemos destacar los tres ensayos de los autores citados anteriormente, cada uno de ellos compendio de la influencia y vigencia del eroguro, que como tendencia estilística terminó en 1938 en varios aspectos de la creación japonesa.

            En “Imágenes de lo grotesco y lo arabesco” de Rubén Lardín, se profundiza en la influencia y persistencia de este movimiento en el cine japonés y en la creación de un género propio, el cine eroguro. La temática abarca desde un Pinocho ciberpunk en 964 Pinocchio (Shozin Fukui, 1991) a adaptaciones de novelas de Rampo o perturbadoras visiones del erotismo como la de Shiya Tsukamoto en A Snake of June (Rolugatsu no hebi, 2002). Siendo la figura más conocida en Occidente la de Takashi Miike con películas como Audition (Odishon, 1999). Cine extremo que como reza el eroguro mezcla el erotismo, lo grotesco y el absurdo a partes iguales con la violencia más extrema.

            Por su parte Iria Barro Vale, a la que le debo el título de esta reseña, en “Eroguro mon amour” disecciona uno de los pilares actuales del eroguro, el manga. Basa su análisis en cuatro autores fundamentales, que como reconoce son eroguro en distintos niveles. Comienza por Junji Ito, autor relacionado por los lectores con el manga de terror, aunque con una gran cantidad de elementos que le acercan de manera sospechosa al género que nos ocupa. Él mismo, tal y como recoge la propia Iria diría en una entrevista que su límite estaba en la violencia contra los niños, algo que ya en su ópera prima Tomie dejó de cumplir de forma descarada. La segunda cala la realiza sobre Hideshi Hino con un horror “existencial, profundo” donde “el espanto cede ante la intrínseca inevitabilidad de las cosas” (Eroguro, 235). Suehiro Maruo, que no sin acierto ha sido llamado “el Marqués de Sade japonés”, refinado dibujante de historias límite, de amores imposibles con siamesas y otros seres imposibles. Se ha relacionado a ciertos personajes de Maruo con el decadente Des Esseintes, protagonista de À rebours novela de Joris-Karl Huysmans publicada en 1884. Para cerrar con Shintaro Kago, su estilo se conoce como fashionable paranoia, mezcla de violencia y sexo extremos con sátira y humor absurdo. Se convierte en el verdadero experimentador del género.

            Germán Menéndez Flórez cierra este terceto con “Más oscuro que el rosa”. Es esta la parte más discutible del libro, en ella se deja paso a la pornografía japonesa. En sentido estricto quedaría fuera del eroguro, pero como ha dicho el propio Jesús Palacios, amplía la visión de dicho género y enriquece la visión que podamos tener tras terminar con la lectura del libro.

            Se cierra el volumen con dos artículos del propio Jesús Palacios. Uno sobre el Hentai y sus relaciones con el texto y la fantasía y otro sobre la figura de Takashi Miike, cineasta que ha sabido conjugar como nadie la tradición y la modernidad, el exceso y el ejercicio clasicista del cine.

            La arriesgada apuesta de Satori, pues no podemos olvidarnos de que el Eroguro es un género lateral y subterráneo, se agradece en un panorama editorial dominado por los superventas. En palabras de Jesús Palacios, un libro para amantes de lo extremo, si lo abres y no te gusta lo que ves no es tu libro, si te gusta o ya sabes lo que es no debes dejarlo pasar. Quién sabe si algún día no será prohibido y perseguido, y quedará como otro elemento más de las subculturas, como elemento de protesta contra el capitalismo salvaje. Aunque ahora no se trate más que de otro producto a exportar de la cultura de masas japonesa.

Pablo Malmierca.

Premura de lo estático. Reseña de "Lo lento" de Luis Ramos, Lastura 2019.

Luis Ramos, profesor, cantautor, y, como a él le gusta decir, en estado de poeta. Compartió escenario con el gran Agustín García Calvo, además es especialista en la figura de Claudio Rodríguez del que publicó el ensayo “El sacramento de la materia”, Piediciones, 2017. Como poeta ha publicado los libros de poemas “Por el aire del árbol”, “De semilla de manzana”, “Entre cunetas”, “Nubes de evolución” y “Del polen al hielo”.

“Lo lento” es apertura y canto hacia el instante, intento de parar el mundo y dejarnos pendientes del momento, del lugar en que todo ocurre y que por las características de la realidad que nos rodea se nos escapa sin que podamos disfrutar de la verdadera esencia que se nos ofrece a cada instante y que no somos capaces de admirar, insertos como estamos en la prisa y en el disfrute hedonista de lo efímero.

La voz poética nos invita desde un primer momento a abrir los ojos a “ver las sombras, entrar desnudo y sin prisas en su limbo”; desvelamiento de la realidad que aparece oculta por la oscuridad, siempre con un ansia de luz que nos permitirá disfrutar del instante suspendido en el tiempo. La luz se transforma en sacramento del aire, los velos serán rasgados y ante nuestra percepción aparecerá el mundo tal como es. Un mundo que se identifica con la naturaleza y que aparece en el amanecer, lugar de conocimiento a través de la luz. Tal y como dice el poeta “Estremece / el misterio candente que se aploma / en esta hoguera de luces vespertinas.”. Este movimiento que se origina en el amanecer es temblor y estremecimiento ante la verdad desvelada, el poeta camina “ebrio de acontecer”, alcanzando con su tacto el mundo y reconociéndolo en las dos vertientes que más han preocupado a Luis Ramos a lo largo de su obra: la ética y la ecológica.

Ya desde su libro “Entre cunetas” Luis Ramos demostró una vena ética muy acentuada, en aquel libro publicado en 2015 se ofrecía un canto desgarrado por todas aquellas víctimas del franquismo olvidadas en las cunetas de este país. Esta intención ética sobrevuela también “Lo lento”, pues la realidad no puede ser verdad sin su vertiente ética que es lo que nos define como seres humanos. Pero lo que de verdad importa en “Lo lento” es la construcción del puente entre “el mundo en sí” y “el mundo para nosotros”, ese problema que ya formuló Kant y que aquí se resuelve con un movimiento desde lo natural hacia lo humano, pues será cuando nos despojemos de la prisa y nos detengamos a contemplar el mundo cuando este se nos mostrará, pues los hombres “añoramos todo aquello que conocimos por las huellas de su nombre”. Así pues, será la naturaleza, “el mundo en sí”, el que en un movimiento de ofrecimiento nos dará la verdadera realidad de las cosas que permanecen ocultas por las prisas y la falta de empatía de la sociedad actual. Debemos aprender a escuchar los elementos de la naturaleza para rellenar el hueco del silencio. La voz poética nos invita a disfrutar de la libertad que aparecerá después de la oscuridad, cuando nos alejemos de los límites.

El otro elemento que nos acerca a la verdad será el canto de la música del tiempo, la poesía, que sin prisa nos acerca a lo mejor del hombre. Esa será la intención del poeta, desde la humildad nos intenta devolver la luz, aunque esta solo sea una brizna. Esa música será también de la naturaleza, escucharla en el instante será la labor del poeta y nos ofrece su oído “campanillas de escarcha llaman / a quien las sabe oír entre carámbanos”. Por tanto, la verdad está abierta a todos los lectores, a todos aquellos que sepan admirar la música de la naturaleza, del instante.

Ese lugar donde “vibra lo lento” se asemeja al tópico del “locus amoenus”, que aquí se nos pinta como un claro donde entre la soledad y el alma habita lo lento, lugar de la palabra franca.

Otro de los símbolos que se insertan en el constructo del libro es el pájaro, el ave, que se caracteriza por el elemento positivo del vuelo, que junto a la luz son dos de los elementos claves de la poesía castellana que nacieron con los primeros místicos y que después se fueron secularizando en poesía que nada tiene que ver con la religión.

Junto a la luz no puede faltar la materia, elemento fundador de la naturaleza, la materia aparece entregada a lo lento, “la materia es la savia del árbol vigilante”. Será el pájaro el que puede intuir “el mundo en sí” la naturaleza sin el hombre, mientras los seres humanos “orgullosos de lo nuestro, jugando a hacer ciencia supuesta/ y versos de lo noble” no somos capaces de intuir la naturaleza más allá de “el mundo para nosotros”.

El hombre no deja de ser un instante en el tiempo del mundo “en el agua somos la imagen escasa del recuerdo” y será ese instante el que nos salve cuando desde la naturaleza se nos devuelve en forma de percepción suspendida en el tiempo “ese tintineo sereno de la hoja que observamos y vivimos asombrados” y será la poesía la forma de conocimiento que nos permitirá acceder a la verdad “Habrá que defender el sitio / construir murallas de versos / escribir / tachar, romper, dudar acaso / de algunas verdades frágiles para avanzar algo. “

Será en el tacto donde encontremos la luz, en el interior del compromiso ético frente a un mundo  donde “hay demasiadas cosas, /exceso / de materia hiel para tantos aspavientos”.

Lo lento nos llevará a la alegría y serán la mirada y los sonidos, los que unidos nos ayuden en nuestro camino: la mirada de los niños y “el sonido varado en cada cosa”.

Luis Ramos resuelve con una poética muy trabajada, donde las imágenes, los símbolos, las metáforas y los conceptos juegan a favor del compromiso ético del libro. A través de elementos propios de la mística positiva como el vuelo y la luz, descubrimos una poesía que nos acerca a un concepto fundamental para el ser humano: la verdad. “Lo lento” se plantea como solución a la fractura entre el mundo visto por el hombre y el mundo en sí, que no necesita al hombre para perpetuarse. Somos instante y en un movimiento que parte de la naturaleza podemos comprender mejor la realidad si alcanzamos a contemplar el instante que a diario nos ofrece una hoja, o la mies, o el río que fluye acompasado. Para ello debemos desprendernos de la oscuridad de las prisas, de la locura por disfrutar del instante en términos hedonistas, siempre consumiendo y convirtiéndonos nosotros mismo en productos de consumo basura (comida basura, televisión basura, literatura basura), basura que nos ahoga entre plásticos y que consume a ese mundo que llevamos al colapso.

“Lo lento” se convierte en un libro necesario pues trata de construir una ética humana desde lo natural, será la naturaleza la que nos guíe, siempre y cuando sepamos desvelar el instante, en el proceso de ser mejores como seres humanos, más alegres y más comprometidos con todo aquello que nos rodea.

Pablo Malmierca

Aldealengua, 12 de enero de 2020.

Cthulhu, Trump y Jim Goad. Una aproximación a “La llamada de Cthulhu” de H. P. Lovecraft.

Ph’nglui mglw’ nafh Chtulhu R’lyeh wgah’ nagl fhtagn

Relato fundacional del ciclo de Cthulhu, La llamada de Chtulhu, representa uno de los momentos clave en la formulación de la criatura mitológica creada por Lovecraft: Chthulhu.  En “The Dunwich Chimera and Others: Correlating the Chtulhu Mythos”, Will Murray relaciona a Cthulhu con el kraken, la criatura marina descrita por primera vez en la obra de Erik Ludvigsen Pontoppidan Historia natural de Noruega, publicado originalmente en danés en 1752-1753: “La llaman el “kraken” o “kraxen”, y algunos le dan el nombre de “krabben”, palabra que se le aplica como un modo de ensalzar a esa criatura. Este último apelativo parece sin duda el que mejor se ajusta a la descripción de esta criatura, que es redonda, plana y tiene numerosos brazos, o ramificaciones”. De acuerdo con la leyenda, sólo había dos de estas criaturas, prácticamente inmortales y que emergerían con el Apocalipsis. El poema “El kraken” (1830) de Alfred Lord Tennyson describía la criatura, y Lovecraft, plantea Murray, debía de conocer bien su leyenda[1].

The Kraken

Alfred Lord Tennyson, 1809 – 1892

Below the thunders of the upper deep,
Far, far beneath in the abysmal sea,
His ancient, dreamless, uninvaded sleep
The Kraken sleepeth: faintest sunlights flee
About his shadowy sides; above him swell
Huge sponges of millennial growth and height;
And far away into the sickly light,
From many a wondrous grot and secret cell
Unnumbered and enormous polypi
Winnow with giant arms the slumbering green.
There hath he lain for ages, and will lie
Battening upon huge sea worms in his sleep,
Until the latter fire shall heat the deep;
Then once by man and angels to be seen,
In roaring he shall rise and on the surface die.

En una de sus cartas Lovecraft indica el origen de la pronunciación de su nombre “[…] se supone que la palabra representa un torpe intento humano de captar la fonética de una palabra absolutamente no humana. El nombre de esta entidad infernal lo inventaron seres cuyos órganos vocales no eran como los del hombre y, por consiguiente, no tiene relación con los instrumentos del habla humana. Las sílabas las determinaron órganos fisiológicos totalmente diferentes a los nuestros, por lo que nunca podrían ser perfectamente pronunciadas por gargantas humanas […] Hasta el momento de la historia en que el prf. Angell se interesa por la cuestión, no se había producido ningún intento de representar el nombre del diabólico monstruo de R’lyeh en nuestro alfabeto, aunque Abdul Alhazred trató de hacerlo en árabe, algo que repitió en griego el traductor bizantino. El traductor al latín simplemente copió el griego. Las letras CTHULHU fueron simplemente el modo que ideó el prof. Angell de representar (tosca e imperfectamente, desde luego) el nombre escuchado en sueños por el joven artista Wilcox que luego este le trasmitió oralmente. El sonido real -en una aproximación tan cercana como los órganos humanos podrían imitarlo o las letras humanas registrarlo- sería algo similar a Khlul-hlu, pronunciando la primera sílaba de forma gutural y muy áspera. La u sonaría más o menos como en la palabra full: y la primera sílaba, no muy distinta a klul de tal modo que la h representa la aspereza gutural” (carta de Lovecraft a Fuane Rimel, 23 de julio de 1934, Select Letters, vol. V, pp. 10-11)[2]

Otra de las características propias de este relato y recogida por Robert M. Price (edición La saga de Chtulhu) son las varias concomitancias con la realidad que ve como un chiste interno. George Gammell Angell deriva de Angell Street en Providence, el “Viejo Castro” estaría basado en el corrector de textos de Lovecraft Adolphe DeCastro, el innombrado Patterson, el geólogo de Nueva Jersey, está basado muy cerca en el compañero de Lovecraft del club de Kalem James Ferdinand Morton, la “horrible” casa Fleur-de-Lys en la que reside Wilox es completamente real y pueden hallarse donde Lovecraft la situó[3].

Originalmente esta historia apareció publicada en Weird Tales 11, 2( febrero 1928) pp. 159-178, 287. Pero, como nos indica Leslie S. Klinger en su Lovecraft anotado[4], fue escrito en agosto o septiembre de 1926, a partir de un bosquejo previo. Fue rechazado por Weird Stories en su forma inicial, reescrita en julio de 1927 y publicada con posterioridad en su forma definitiva.

Narratológicamente es un relato en el que las tres historias que lo componen, que con toda probabilidad fueran escritas de manera independiente, se engarzan entre ellas a través de dos técnicas fundamentales: la del manuscrito encontrado y la del personaje común, Wilcox. Lovecraft demuestra su maestría haciendo que la leamos como una sola, incluyendo elementos comunes a toda la trama y aumentando la tensión hasta el momento final donde el clímax de la narración estalla en la aparición real de Chutlhu.

Este relato, como otros de Lovecraft, a poco que pensemos, tiene mucho de visionario. Es fácil pensar en esos habitantes de las zonas pantanosas de Nueva Inglaterra, adoradores de la figurilla de Chtulhu, con la única pretensión de devolverlo a la vida desde esa ensoñación continua en la que vive, e identificarlos con esa América redneck, tan bien prefigurada por Jim Goad en su Manifiesto Redneck[5]. En la actualidad, y al contrario de lo que ocurre en el relato que nos ocupa, esos adoradores del Chtulhu, representado en una figurilla de un blanco inmaculado, perdedores del relato, la han cambiado por la figura de Donald Trump y han pasado a ser los grandes vencedores de la Norte América más profunda. Imponiendo su elección al resto de norteamericanos. ¿Será Trump el gran dios blanco que despierta de su letargo? ¿No será su supremacismo el aviso de una gran catástrofe? Quizá Lovecraft tuviera la respuesta.

Pablo A. García Malmierca. Aldealengua. En un frío mayo de 2018.


[1] H. P. Lovecraft anotado. Akal, 2017. pág. 147.

[2] H. P. Lovecraft anotado. Akal, 2017. pág 148-149

[3] La saga de Chutlhu.La Factoría de Ideas, 2001.  pág 48.

[4] H. P. Lovecraft anotado. Akal, 2017. Pág. 145.

[5] Dirty Works, 2017.

El horror de Dunwich, H. P. Lovecraft. Una aproximación.

H. P. Lovecraft escribió este relato en septiembre de 1928 y se publicó por primera vez en la revista pulp Weird Tales 13,4 (abril, 1929), pp. 481-508. Esta era la vía habitual de publicación de todos los relatos que aparecieron en imprenta durante la vida del autor, tendríamos que esperar a su fallecimiento para que su círculo literario publicara todo el material que había producido a lo largo de su vida.

El horror de Dunwich pertenece a los grandes relatos del llamado Ciclo de Dunwich, en concreto es el tercero en orden cronológico, siendo el primero The call of Cthulhu del año 1926 y el último The shadow out of time de 1935.

Podríamos incluirlo en el que Lovecraft denominaba su ciclo de Arkham, historias ambientadas en la Nueva Inglaterra rural y con la Universidad de Miskatonic como eje central. Posee como peculiaridad la cita más larga del libro prohibido del Necronomicón, escrito por el árabe loco Abdul Alhazred. Además es considerado uno de los textos del autor que más se acercan a la Biblia, de los que se ha dicho es, en cierto modo, una parodia.

Pero el extenso bagaje cultural de Lovecraft no se queda solo en las referencias bíblicas o al folklore de Nueva Inglaterra, en El horror de Dunwich la intertextualidad es fundamental, se toman elementos de El gran dios Pan de Arthur Manchen, El horla de Guy de Maupassant, ¿Qué fue eso? de Futz-James O’Brien y El Wendigo de Algernon Blackwood. Pese a todo, el relato fue uno de los más aclamados por los lectores de Weird Tales y sigue siendo uno de los más populares del de Providence.

La obra de Lovecraft ha sido etiquetada como horror cósmico. Hablamos de horror cósmico cuando entidades que habitan otras dimensiones llegan a la nuestra para destruirla, bien porque son invocadas, bien porque su naturaleza les hace atravesar determinados portales y así tomar posesión de nuestro mundo. Una de las características propias de este terror es la aparición de seres a los que no les corresponde estar aquí, Lovecraft  aprovecha la categoría de lo extraño, de lo diferente para provocarnos una sensación que recientemente Mark Fisher ha denominado “lo raro”, en palabras de Maurice Lévy, lo exterior puede irrumpir, a través del tiempo y el espacio, en una situación objetivamente familiar. En este sentido Lovecraft utiliza los recursos de literatura realista para crear una sensación de extrañeza que nos acerca a la sensación atávica del terror.

Otra de las características propias del autor es su claro cientificismo, pese a calificar a los seres interdimensionales en muchas ocasiones como indescriptibles, siempre trata de buscar una explicación o una solución que pasa por descripciones que se ajustan a elementos reconocibles por todos nosotros, a elementos familiares, como ocurrirá en el texto que nos ocupa; o bien serán personajes ilustrados, portadores de grandes conocimientos librescos, tal y como le ocurría al propio autor, los que encuentren una solución que los habitantes locales serían incapaces de alcanzar.

La prevalencia de Lovecraft en la literatura y el pensamiento es cada vez más importante. Es uno de los pocos casos en los que los estudios literarios han recuperado a un autor underground para llevarlo a las universidades y a la crítica literaria. Recientemente la línea filosófica conocida como Realismo especulativo ha desenterrado las referencias al mundo actual que la obra del creador del Necronomicón parece contener. Obras como la Ciclonopedia de Reza Negarestani, donde Cthulhu habita el fondo de la tierra en forma de las grandes reservas de petróleo que mueven el mundo actual o En el polvo de este planeta de Eugene Thacker, actualizan un pensamiento que trasciende la literatura de género y eleva cada vez más escalones en el conocimiento del mundo que nos rodea.

Es fácil contemplar El horror de Dunwich como una profecía del miedo que tiene la sociedad actual hacia lo diferente, hacia el mestizaje, personajes imbuidos en un mundo cerrado como el de la Nueva Inglaterra rural que solo conocen aquello que les rodea, desconocen la diferencia. Un miedo atávico que convierte las leyendas en realidades y provocan reacciones en masa contra aquello que nos resulta desconocido. “Lo raro” frente a lo conocido, ¿qué hay que provoque más miedo en la actualidad?

Pablo A. García Malmierca. Aldealengua, primavera de 2018.

Libros sobre la grieta

Libros sobre la grieta.

El pasado martes tuve la suerte de escuchar en Salamanca, en la librería Letras Corsarias, a Chantal Maillard. Hablaba sobre su último libro La compasión difícil,  su discurso actuó como disparador de una serie de cuestiones que últimamente son el centro de mi pensamiento.

Chantal Maillard no es una autora que busque el beneplácito del público, para quienes no se hayan acercado a esta última publicación les diré que se trata de un ensayo que orbita alrededor del  mito de Medea y a una cuestión principal como es la compasión hacia el otro y hacia uno mismo. Sin embargo, me interesaron más la periferias de su discurso. La autora defiende el antiguo movere latino, toda lectura debe provocar en el lector un sentimiento que para mí se entronca con aquellas palabras de Hegel: “El espíritu solo alcanza su verdad cuando es capaz de encontrarse a sí mismo en el más absoluto desgarramiento”. La herida, la grieta entre el uno y el otro, y, a veces, con uno mismo, es esa distancia, ese sentimiento de angustia en el pensar el que se convierte en apertura, en conocimiento.

Esto nos lleva a otra de las ideas que de forma lateral tocó la escritora, y que es idea recurrente en los libros de Byung-Chul Han: la autocomplacencia y el hedonismo superficial del mundo actual. Recogiendo tesis ya aparecidas anteriormente en autores como Guy Dabord en su fundacional La sociedad del espectáculo, o en Peter Sloterdijk El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna. El filósofo coreano analiza las relaciones entre iguales en el mundo actual como un tejido social donde buscamos al que piensa como nosotros para afianzar nuestra zona de confort y así, desde un simplista pensamiento positivo, alcanzar una felicidad enlatada donde nada chirríe ni se aleje de un horizonte de expectativas cada vez más estrecho. Un caldo de cultivo abonado donde se sustituye el concepto de verdad por el de postverdad. La nueva caverna platónica donde las sombras han sido sustituidas por la rápida sucesión de información e imágenes que impiden crear una visión global de la realidad, sustituyéndola por fragmentos más próximos a nuestros deseos que a la propia verdad.

Es en este punto donde libros o discursos como el de Chantal Maillard se hacen necesarios. La distancia, la grieta entre la tradición de pensamiento europea que se origina con la Ilustración y que tiene su máximo exponente en Kant, y la evolución del pensamiento de las masas se está acrecentando. En una sociedad donde cada vez nos alejamos más de la diferencia como elemento constitutivo de significados, donde la uniformidad y el interés económico priman sobre la definición del individuo, la grieta entre verdad y deseo se acrecienta hasta convertirse en un obstáculo insalvable.

Este es el lugar de los intelectuales comprometidos: la grieta. Sobre este hueco en el conocimiento se debe aposentar el discurso de los que todavía fundan sus palabras en el motor del desgarro, de aquellos a los que no les tiembla la voz cuando deben nombrar al dolor, al cuerpo como vía de acceso del afuera en nosotros. En un mundo dominado por la imagen el placer fugaz y fortuito de lo igual hemos olvidado que nos relacionamos con el mundo a través del cuerpo, en él quedan inscritos nuestros recuerdos antes que en nuestras neuronas, hemos olvidado el tacto como vía de acceso hacia los demás. Lo hemos sustituido por la pantalla, somos pantallas replicantes que reproducen comportamientos dados, se nos ofrece aquello que queremos ver, se nos hace olvidar una de nuestras facultades primordiales: la crítica.

Alguien podría tacharme de, parafraseando a Umberto Eco, apocalíptico. La vieja lucha entre la modernidad y el pasado. Nada más lejos de la realidad. La uniformidad, el hedonismo fácil, nos hace involucionar, volver al momento en que la sociedad era dominada por aquellos que poseían el conocimiento y dejaban a los demás en las tinieblas de la ignorancia. Esta nueva caverna digital en la que vivimos nos retrotrae a aquellos tiempos, nos convierte en sujetos fácilmente manipulables, en meros elementos consumistas, piezas de un engranaje que sin el consumo no podría subsistir. El desgarro, la verdad del “homo doloris” nos acerca más a la libertad, a la verdad.

Pablo Malmierca. Aldealengua, 6 de febrero de 2019

Travesía

Hay autores que siempre evocan, que hacen saltar el percutor de la poesía, uno de ellos es Vicente Muñoz Alvarez, esta es mi lectura poética de su último libro “Travesía” publicado por Chamán Ediciones.

Travesía

¿Quién cabalga sobre el embate de las olas?
¿Quién yace acariciado por la locura de los libros?
¿Quién oculto en lo más profundo de un faro?
¿Quién aquejado de la codicia de Babel?

El viejo lobo de mar,
cubierto su rostro de cicatrices,
manchado su corazón del salitre,
con la sangre en sus oídos,
los párpados rotos de caminar entre sirenas.

La vida delatada frente a un falso testigo,
el hundimiento del mundo
golpeado contra el acantilado de los objetos inútiles.

Un grito de salvación:
el mar, la mar…
toda la paz de un alma perdida.

Pablo Malmierca

Geografía del amor. Reseña de “Del polen al hielo.” Luis Ramos, Baile del Sol: 2017.

Geografía del amor. Reseña de Del polen al hielo. Luis Ramos, Baile del Sol: 2017.

Doctor en Filosofía, profesor y cantautor, ha participado en diferentes formaciones musicales y poéticas. Aparece en varias antologías, como Todos de Etiqueta (Colección Barrio Maravillas, Junta de Castilla y León, 1986), o Nacidos en los 50. Antología de poetas zamoranos (Diputación de Zamora, 1998).

Especialista en la poesía de Claudio Rodríguez sobre quien realizó su tesis doctoral, ha publicado artículos en revistas culturales como Archipiélago, Revista de Estudios Orteguianos, Aventura, Alfa, República de las Letras, Zurgai, Duererías o Campo de Agramante. En colaboración con el profesor y novelista  Luis García Jambrina ha escrito Guía de Lectura de Claudio Rodríguez y la edición de Claudio Rodríguez para niños ambos en (Ediciones de la Torre, 1988).

Ha musicado y cantado poemas de Agustín García Calvo, Claudio Rodríguez, José Hierro, Fernando Pessoa, Isabel Escudero, Jesús Hilario Tundidor, Pablo Neruda, y otros propios. A partir de estos trabajos graba en 2001 el CD La canción que cantábamos juntos, sobre poemas, entre otros, de García Calvo y Claudio Rodríguez; así mismo en 2003, graba el CD Por arroyo y senda dedicado a varios poemas del libro Valorio 42 veces de Agustín García Calvo; y en 2007 saca a la luz el CD El aire de los sencillo, dedicado enteramente a la poesía de Claudio Rodríguez, y en el que aparece acompañado de cantantes como María Salgado y Eliseo Parra.

En 2002 publica en la Editorial Semuret Por el aire del árbol (Canciones y poemas desde los niños) con prólogo de Agustín García Calvo y De semilla de manzana (Recetario poético-musical) con prólogo de Miguel Manzano Alonso, ambos ilustrados por Guillermo Tostón y Aser Martín. Autor de los libros de poemas Entre cunetas y Nubes de evolución.

En la actualidad está pendiente de publicar con el contador y poeta Fernando Martos, la antología Claudio Rodríguez para Jóvenes.

El libro que hoy nos ocupa se divide en dos partes que en realidad son dos libros diferentes que están unidos por un tema tan universal como el amor. El amor a la pareja y el amor a la madre. Dos libros, un sentimiento, pero tratados de un modo diametralmente opuesto.

El lirismo de Manchas de polen frente al realismo descarnado de Escandas del hielo.

Manchas de polen se despliega como un tratado científico donde la botánica y la entomología se convierten en metáfora viva del amor a la pareja. El amor no es solo sentimiento, es ante todo acción y convivencia; y es aquí donde se despliega en toda su riqueza el paralelismo entre la metáfora que busca explicar poéticamente la utilidad y el uso que el hombre da a los insectos, convirtiendo esta primera parte en una auténtica entoentomología, que no es más que la investigación de la percepción, los conocimientos y los usos de los insectos en la diferentes culturas humanas. La observación acaba en la exposición paralelo de los sentimientos, identificados con insectos como mariposas, mantis, libélulas. Cada uno convertido en símbolo que trasciende la metáfora para construir una especial visión del amor que Luis Ramos nos ofrece en Manchas de polen.

Estos dos libros de poemas están unidos por una etnografía del amor.

Escandas de hielo, a través de la costumbre del contacto con el ser querido, la madre, ofrece una geografía humana que abarca la cotidianeidad como reflejo de los sentimientos que nos unen a las personas con las que compartimos el día a día. Son estas escandas reflejo de una infancia dura, que transita entre los puestos del Mercado Central de Zamora, infancia marcada por el hielo, el pescado y los clientes que pasan cada día frente al puesto regentado por la madre de nuestro poeta.

Libro de libros que nos trae la viveza de dos amores uno marcado por el pasado y la actividad económica de la madre del poeta y otro presente, actual donde la vida en pareja marca el rumbo de los poemas que lo componen.

Lirismo alejado de la poesía de la experiencia que se acerca más a lo vivido y lo vívido a través de la influencia de autores como Claudio Rodríguez, sin desechar en ningún momento los toques de denuncia y crítica social.

Aldealengua, en un lluvioso junio de 2018.

Metafísica de la palabra, reseña de “Del fruto que arde”. Luis Llorente, La Garúa: 2017.

Metafísica de la palabra, reseña de Del fruto que arde. Luis Llorente, La Garúa: 2017.

Luis Llorente Benito nació en Segovia en 1984. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca. En 2010 publicó su primer libro de poemas: La rutina de la nieve (Huerga & Fierro). Poemas suyos han aparecido en diversas revistas, como la chilena Azu@rte (2009) o las mexicanas Migala (2012) y Ritmo (2015). Y ha sido incluido en varias antologías, como Poetas de Castilla y León, editada por Punto de Partida, de la Universidad Nacional de México (2010); La deriva alucinada: poesía en Salamanca (Luxemburgo, 2013), o El Salón Barney (Playa de Ákaba, 2014), y más recientemente en Nacer en otro tiempo. Antología de la joven poesía española. (Renacimiento, 2016).

Finalista en dos ocasiones del Premio Adonáis de poesía.

En 2011 fue invitado a participar en el ciclo Intersecciones, de la Universidad de Salamanca. Y, en 2015, fue contratado por el Ayuntamiento de Segovia para el XVI Festival Narradores Orales, dentro del programa La poesía también cuenta, que se desarrolló en verano en la Casa-Museo Antonio Machado. En otoño de 2015 apareció su segundo poemario: El vuelo y la mirada, en la editorial sevillana La Isla de Siltolá. Y en 2017 en la editorial La Garúa su último poemario, del que hoy nos ocupamos, Del fruto que arde.

Acercarse a la poesía de Luis Llorente es un trabajo que requiere de un bagaje anterior, Luis es ante todo un gran lector y en su poesía resuenan los versos de Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Luis Javier Moreno, Valente, san Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado o nuestro querido Claudio Rodríguez. Ya decía Miguel Floriano en su reseña a El vuelo y la mirada:

           ” Su poesía, que bebe hondamente de la tradición española y, sobre todo, del telurismo de Claudio Rodríguez, es una proclamación hímnica de la belleza sostenida por el mundo. La feroz corriente que se establece entre sus poemas y el lector –esto es, el verdadero fenómeno poético– acoge en su seno una emoción de doble naturaleza, en cuanto considerada y vivida al mismo tiempo. Este carácter dual funcionaría como trasunto a posteriori de su ars poetica: el poema se engendra desde la revelación suministrada por una sensibilidad despierta y la experiencia literaria que esta concita. Basten unos versos suyos para sintetizar su poética: ‘’Palabra / de celebración’’.”

Del fruto que arde es un poemario que se construye en el camino inserto en plena naturaleza de Castilla, el poeta andariego contempla  y como dice (Acaso quien camina es invisible / y oculta la tarea de la tierra / en el polvo cansado del prodigio, / en el tiempo robado al horizonte / para existir secreto / y en la hora azul cambiar / la muerte por la vida.)

Será la luz, el amanecer, el punto en que la “honda claridad” nos ayude a ver (Ver es una forma / de decir, de palpar / el grito aciago, la canción / presente de la tierra). El temblor, la multiplicidad del mundo, hará que nazca la voz, la palabra, en el preciso instante de la contemplación. El mundo representado en las pequeñas cosas nos abre hacia el absoluto ( y se expanda lo absoluto en el aroma de una tímida planta de romero). Sin embargo, la mirada movida por el temblor en ocasiones no conoce lo que toca y todo se vuelve opaco (Y yerra esta mirada / porque no conoce lo que toca; apenas es residuo / y se convierte en un temblor opaco.) Pero el instante nos acabará desvelando la luz del instante (Es ofrenda/ que alarga el resplandor de su prodigio, / la perpleja vela del instante)

Frente a la luz su reverso la oscuridad identificada con la muerte, serán el tiempo y el olvido su aliados. Aparece otro de los conceptos claves la herida, la cicatriz como voz del paisaje el verano hace que “lo que carece de luz vuelve a su gozo”.

Aquel temblor que nos movía está íntimamente relacionado con la música, con “la música olvidada de las cosas”. El poeta se contempla acompañado por otro que le acompaña por el aire que separa “la belleza de la muerte”, parte inmaterial que surge entre las ramas.

La contemplación de la verdad se acaba produciendo como una “llama (que) estalla, rompe el telón que se ha tejido hacia el fruto que arde”. El telos de la realidad deja ver el corazón de la materia, será el temblor el que desate la voz e interprete “el pobre diapasón de la materia”.

El vuelo devolverá los objetos a su orden y será el amanecer el encargado con su luz de que el poema sobreviva.

Es la celebración del yo lírico en el caminar el que hará renacer al corazón del olvido (es igual que caminar/ y de pronto celebrarse). Es la contemplación del don que alcanza al que escribe y al que lee. El don de encontrarse con tu otra luz transformada por el conocimiento, otro que espera ser a través de la contemplación. (Para vivir despacio con el llanto leve/ que no sirve de fuga a otro futuro./ Para extender la voz, hallar el aire,/latir con la palabra para urdir/ el tejido propicio del encuentro, escenario suspicaz de recogerse / y llama oblicua que devora el filo de la noche)

Pero el poeta va más allá y descubre que la respuesta que busca desde un principio  se encuentra en un punto más allá de la luz pues “es ese ser/ tan oscuro suplicando por la luz” quien la busca . (En la oscura luz está el despojo/ de la luz que se ahogaba en la presencia ama-/rilla del silencio) Y nos acabará reconociendo que (La esencia de las cosas/ no es su luz, sino su huella:/en el olvido van / a reflejarse las pisadas, razón del tiempo/ para el signo que atenaza su derrota); porque (para reconocer hay que esconderse,/ convertir el reflejo/ también en lo que huye,/también en la palabra/ que no se ha dicho hasta salir).

Nos encontramos por tanto ante una metafísica de la palabra, ontología del signo que se hace en la luz y en su reverso la sombra. El poeta andariego contempla en los campos de Castilla la verdad de lo que esconde la palabra, la verdad oculta tras los símbolos del poeta: el temblor, la música, el amanecer y su fruto la luz, la noche y su realidad: la oscuridad. Una búsqueda del significado del fruto que arde, de la palabra poética. La poesía como don-celebración, pero también como sufrimiento, como herida.

 

Aldealengua, mayo 2017.

Hombres que pisan esperanzas. Reseña de “Breve catálogo de insectos y otros seres menudos.” José Manuel Vivas, Lastura: 2018.

Hombres que pisan esperanzas. Reseña de Breve catálogo de insectos y otros seres menudos. José Manuel Vivas, Lastura: 2018.

 

Voy a comenzar hablando del título, Breve catálogo de insectos y otros seres menudos, pese a presentarse con clara intención entomológica no es ni más ni menos que un muestrario de lo que el ser humano puede hacer con el resto de sus congéneres. En estos tiempo en que todavía pervive el miedo hacia el otro, hacia el que es diferente a nosotros y nos hace vivir en una continua asepsia que nos lleva a cerrar fronteras y a encerrar a los migrantes en espacios que no existen para nosotros: bases abandonadas, campamentos en plena frontera, en definitiva no lugares que jamás habitaríamos de forma continua, lugares para la ignominia y la vergüenza.

Como decía, en estos tiempos donde el mayor enemigo del hombre es el hombre mismo la poesía comprometida se hace más necesaria y como dice el autor en su poema “La palabra y la espada” “… quien domina la palabra,/quien utiliza su locuaz trascendencia/ es el portador de los sueños, / es el constructor de la esperanza.” Poesía como elemento de denuncia, como elemento de lucha, de mejora en definitiva del ser humano desde el uso de la palabra, eso es lo que vamos a encontrarnos en este catálogo.

Los migrantes, los niños soldado, las niñas sometidas a ablación, los habitantes de los vertederos de las grandes ciudades, los consumidores de pegamento, las niñas prostituidas, todos y todas son para José Manuel Vivas pequeños insectos cuyas vidas penden de la decisión de otro hombre que los explota, que los maltrata, que los aplasta con el poder de sus manos. Esta característica vital del hombre actual marca al propio poemario que se inicia con un poema que no podría titularse de otra forma “Presentación de la bestia”,  donde nos presenta a este “bípedo animal incongruente”. El resto del libro se divide en dos partes “Prole” y “Memoria y olvido”.

“Prole” nos va mostrando bajo la mirada atenta del poeta y de su palabra certera y sobria como pide la temática de este catálogo, la vergüenza que nos acompaña como habitantes de este siglo XXI,  las pateras, los niños soldado, las favelas, Tinduf, la vida de los sin techo en San Petesburgo, Somalia, las esclavas sexuales, las fosas comunes. Un recorrido crudo y certero por las realidades que cada día pasan frente a nosotros por la televisión y a las que prestamos la misma atención que a un anuncio de coches, hemos aprendido a convivir con la miseria de otros sin que nos afecte y es aquí donde este poemario se vuelve necesario, nos hace reflexionar sobre esas realidades mostrándolas en forma de poema, haciéndonos mantener la mirada en aquello que queremos ignorar, aquello a lo que no prestamos atención suficiente: el sufrimiento ajeno. Muchas veces no somos conscientes como dice José Manuel en “Cuestión de tiempo” de que “Cada tres segundos muere un niño / en la calles, en los desiertos o en los bosques del mundo”, mientras recito estos versos acaba de morir otro niño. Realidades de las que nos hemos alejado desarrollando una insensibilidad que debemos dejar a un lado, recuperando la empatía y el afecto hacia los problemas de los demás.

La segunda parte y última del poemario “Memoria y olvido” deja a un lado el catálogo de realidades que nos ha mostrado, para de una forma más introspectiva clamar por la justicia, por algo tan básico como darnos cuenta de que hay otras realidades más allá de la televisión, más allá de la ficción de las series, más allá de nuestra zona de confort. Somos unos privilegiados aunque creamos que nuestros problemas son los más importantes del mundo. En “Declinaciones fuera de encuadre” dice el poeta “Presente imperfecto del verbo tener;/ Yo tengo comida, / tú tienes un supermercado, / él tiene hambre. / Nosotros tenemos agua, / vosotros tenéis el grifo, / ellos tienen sed. ”

Estamos, por tanto, ante un libro necesario, un libro que busca justicia y hacer justicia, un libro de denuncia, pero también de esperanza. Que busca aportar su grano de arena para cambiar el mundo, para abrirnos los ojos, para que podamos ver más allá de nuestras miserias diarias y que reconozcamos a aquellos que de verdad sufren, que de verdad necesitan nuestra ayuda. Libros como este se hacen cada vez más necesarios, para sacarnos de nuestra rutina que nos hace olvidarnos del otro, de sus necesidades que vemos lejanas a través de la pantalla de un televisor. Realidad al mismo nivel que la vemos en las calles de nuestras ciudades, pero que en muchas ocasiones obviamos por comodidad o porque creemos que no afecta a nuestra felicidad. Sin embargo, libros como “Breve catálogo de insectos y otros seres menudos” nos agitan y nos sacan de nuestro letargo para con un golpe de realidad ponernos frente al gran dilema moral de nuestra época, volcar nuestra vida al servicio de los demás, ofrecernos para que aquellos que no tienen ninguna o muy pocas oportunidades puedan disfrutar de las oportunidades que nosotros tenemos. Un libro para abrirnos los ojos.

http://lastura.es/?product=breve-catalogo-de-insectos-y-otros-seres-menudos

 

Pablo Malmierca,  primavera de 2018, Aldealengua.

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