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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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Reflexión

La gran falacia

Me había prometido a mí mismo tomarme unas vacaciones de las redes, pero esta mañana revisando la prensa me he encontrado con este video de la famosa un día Sinead
O´Connor y hoy juguete roto del sistema.
Quizá este post no sea del agrado de muchas personas, sobre todo porque lo que ahora abunda por estos lares son fotos de presuntas experiencias vacacionales con tintes lisérgicos.
Sin embargo, nada más catártico, ni nada más clarificador del mundo pantalla en que vivimos. Por desgracia, y esto ya lo vaticinaba Debord en 1967, hemos perdido la capacidad de tocar las cosas. El tacto que siempre ha sido la forma más cercana de comprender la realidad se está atrofiando, vivimos única y exclusivamente la vida a través de la pantalla. Y he aquí un ejemplo claro de lo que ocurre, Sined O´Connor fue un icono cultural durante muchos años, no hace tantos y hoy en día se ve recluída en un motel de Estados Unidos, sus únicos vínculos con la sociedad son su médico y su psiquiátra, el resto del mundo ha desaparecido para ella, se siente abandonada por tener una enfermedad mental, nadie le ofrece su mano para sacarla de ese agujero. Y, ¿qué hace? busca la visibilidad en las redes publicando un video donde denuncia su situación, probablemente así consiga que la vean, que muchos se compadezcan de ella. La pantalla del ordenador o del móvil nos ofrecen una experiencia del otro limpia, aséptica, sin posiblidades de contaminación.
Ya no tocamos las cosas, nos limitamos a observarlas desde el entorno higiénico de nuestra zona de confort, es más fácil observar desde el anonimato. Hacernos visibles cuando nos interesa y cuando no desaparecer en la vorágine de imágenes y falsos efectos especiales que todos nos ofrecen.
Es muy fácil dejar caer a los demás amparándonos en nuestro propio egoísmo occidental. Tendemos, por desgracia, a arrimar el ascua a nuestra sardina, no nos importa el otro, la alteridad hace mucho que dejó de ser nuestra seña de identidad, ahora ponemos por encima de todo el beneficio personal, no importa a quién nos vendamos, no importa adular al mismo demonio, el objetivo es ser alguien en un mundo que por espectacular es altamente evanescente.
Hoy le ha tocado el turno a Sined O´Connor, mañana puede ser cualquiera, la pretendida asepsia de nuestra zona de confort no es más que otra falsa ilusión de este mundo virtual basado en la construcción de una mentira. La publicidad ya no está solo en los medios de comunicación, ahora todos nos hemos convertido en publicistas de nosotros mismos, no somos más que la imagen de una mentira que nosotros mismos hemos creado. Y la enfermedad mental no es más que la reacción de nuestro cerebro a la presión de una gran falacia.

1000 seguidores

Hoy es un día importante para mi blog personal, he conseguido llegar a los 1000 seguidores. Cuando comienzas un proyecto de este tipo, siempre piensas que lo que escribes llegará a poca gente, que el interés por la literatura es mucho menor que el que se tiene por otros temas; pero por suerte todavía hay personas que se interesan por lo que se escribe. Me gustaría dar las gracias a todos los que han estado desde el principio, por desgracia muchos han ido quedando por el camino por muy distintas circunstancias. En la literatura, como en otras facetas humanas, las discrepancias se suelen convertir en hostilidad abierta. Siempre he intentado hacer las cosas de la mejor manera posible, pero si algo tengo muy claro es que no trago con ruedas de molino, ni busco el reconocimiento de palmeros y aduladores. Llegué a la literatura sin nada y sin nada sigo, nunca he tenido nada que perder.
Por suerte también me he encontrado con grandes personas, por encima de cómo uno escriba o deje de escribir la sinceridad y la coherencia deben ir por delante. Por suerte o por desgracia amigos he hecho pocos en mi periplo literario.
No me quiero poner moralista, simplemente dar las gracias a todos los que estáis ahí y sabéis de sobra quiénes sois, no necesito nombraros.
Aprovecho para dejaros los enlaces de los lugares virtuales donde me podéis encontrar

Reflexiones sobre mis últimas presentaciones de “Catálogo de terrores domésticos”.

Ayer se cerraba un ciclo de presentaciones de “Catálogo de terrores domésticos”, era la última presentación oficial del libro hasta después del verano. Ahora quedan firmas en ferias del libro y encuentros con alumnos de institutos a los que he sido invitado. De estas cuatro presentaciones saco, como siempre, muchas más cosas positivas que negativas. Por encima del éxito de público o de ventas, me quedo con el calor de todos aquellos que me voy encontrando en mi camino y que se van incorporando a mi bagaje humano y sentimental. Trijota Domėk Von Laveau ha sido más que el ilustrador del libro, se ha convertido en el compañero ideal en las presentaciones, su espontaneidad y frescura han dado un toque diferente a este libro. Mis editores, Puri Sánchez PiEdiciones e Iñaki Hernán, que me han acompañado con gran profesionalidad en todos los eventos y a los que agradezco su enorme confianza en mi obra. A Alberto Ram Ram, sin el cual no hubiese sido posible la extraordinaria presentación en Valladolid junto a Impro Valladolid Teatro. A Pale Reader por ceder Letras Corsarias a todos los proyectos que le presento, presentar mis libros allí en primicia se está convirtiendo en una mala costumbre. A Vicente Muñoz Alvarez, quien cerró en León ayer este ciclo de una forma magistral, nadie mejor que él para entender esta obra, que no solo le debe el prólogo sino que, también, buena parte de su génesis. A mi mujer, Cristina Sanchez Perez sin la que todo lo que hago no sería posible. A todos los que nos habéis acompañado en las presentaciones que sois muchos, daros las gracias.
El éxito no se mide en ventas, ni en el aplauso fácil de público. El éxito se mide en todos aquellos que apoyan su espalda contra la tuya y deciden empujar en una misma dirección sin pedir nada a cambio. Allí estaré siempre para ellos.

Balance del 2016

Toca hacer balance del año que se acaba. Ver qué hemos hecho bien y qué pudimos hacer mejor. Trescientos sesenta y cinco días son muchos días. Siempre habrá buenos y malos recuerdos, personas que llegaron para quedarse, otras que pasaron de largo y unas pocas que mejor que nunca se hubieran acercado. Lo importante es el aprendizaje que podamos sacar de todas nuestras experiencias, nunca el mal recuerdo, ni la rabia; debemos aprender de lo positivo y lo negativo, y crecer, siempre crecer.
Quiero aprovechar estas líneas para agradecer a todos los que nos vemos por aquí vuestra compañía virtual. Escribir es un acto solitario, compartir mis escritos me ayuda a mejorar, a buscar nuevas vías de expresión y a algo mucho más importante crear lectores. Cuando se escribe y no se comparte, esa obra no tiene lo más importante: lectores que aprueben o denuesten lo escrito, personas que con su particular sensibilidad sepan llegar al fondo de lo que el autor quiere decir.
Escribir es crear nuevos significados a través de otros conocidos, es decir, escribir es crear un mundo de apertura, reinterpretar lo viejo en algo nuevo. Nadie puede crear desde la nada, todos estamos inmersos en una realidad que se interpreta a través de un lenguaje, y es el gesto del escritor, del artista el que crea el arte, el que crea una apertura que ayuda a ver el mundo de otra forma. En muchas ocasiones esa apertura no coincide con el horizonte de expectativas que tenemos respecto a lo leído. En estos momentos donde predomina la poesía de compromiso y la poesía de la experiencia, leer a autores que escribimos sin tener en cuenta la obra como significante total es un acto de comunicación que en muchas ocasiones se torna en fallido. Como lectores esperamos que la obra se explique en relación con el mundo que la rodea, que quede clausurada en un todo explicado y claro. Sin embargo, existe otra forma de ver las cosas, una literatura que busca la apertura de nuevas expectativas, que a partir de los significantes dados quiere crear una apertura del mundo. Una obra abierta con mayores posibilidades de expresión y de interpretación.
En muchas ocasiones me sorprende la cantidad de personas que leen mis poemas, que los valoran. Por eso mi agradecimiento de este año va dirigido a todos aquellos que me acompañan en este arduo camino que es crear una apertura hacia una realidad renombrada en la poesía. A todos aquellos que compartimos letras de forma desinteresada. Mi más sincero agradecimiento para todos. Y como es tiempo de desear, simplemente deseo que seáis felices, que podáis pasar por la vida de forma plena, disfrutando cada día y cada momento.

Pablo Malmierca

Leer y escribir.

Mi historia como escritor comienza como la de muchos, me apasiona la lectura. No me haré aquí el pedante diciendo que leo, como diría Mañach, alta literatura, no creo en el concepto de alta cultura y baja cultura. Mis lecturas siempre han sido de lo más variopintas, puedo estar leyendo a Holderlin y a la vez a Clive Barker, a Novalis y a Lovecraft. Tampoco hago ascos a Calderón de la Barca o a Góngora mezclados con Pérez Zaragoza, todo tiene su tiempo y su lugar. Si algo aprendí en la universidad fue a rechazar los cánones que se nos imponían, a dejar a un lado los manoseados manuales que repiten una y otra vez los mismos mantras.

 

Mi formación estuvo muy próxima a todo centro posible, pronto aprendí a descentrarme. Si me recomendaban leer “Los límites de la interpretación” de Eco, leía todo lo que caía en mis manos de Foucault, de Derrida. Cometí el error de quedarme en la universidad, intenté o intentaron, eso ya no lo sé, adaptarme al sistema, las cosas pintaban bien. Pero me fui, dejé todo y volví a comenzar de nuevo. Siempre volver a empezar es un reto, pero necesario para vivir. Acabé Hispánicas y me lancé a Filosofía, un nuevo camino, perlado también de decepciones y sobresaltos. Sin embargo, me sirvió para darme cuenta de que el conocimiento se encuentra pegado a nuestros pasos, no a los pasos de otros. Repetir lo ya dicho, hacerse grande a lomos de gigantes, que diría Buffón, no trae grandes recompensas a nivel personal, quizá sí a nivel social y público. Pero a quién le importan los demás, por desgracia a muchos. Hoy está totalmente viva la frase de Sartre “El infierno son los otros”, en todos los ámbitos de la vida, la intersubjetividad del sujeto está presente, el final de nuestra libertad está en los demás; yo añadiría en la mala leche, en la envidia, en fin, en tantos aspectos de la vida que sería imposible desbrozarlos uno a uno.

 

Pero volvamos al asunto que aquí nos ocupa, la lectura, las lecturas, el difícil mundo de atravesar la red de conceptos que se nos abre frente a nosotros en un espacio dominado por las relaciones personales y el mercantilismo. Cojamos como ejemplo la red social Facebook y el empleo torticero que se hace de ella para fomentar a determinados autores o camarillas. Si uno abre su página de Facebook, verá como unos autores se promocionan apoyados en otros y esos otros en los unos que antes les habían promocionado. Esto no tendría la mayor importancia si no se tratara de un mero juego especulativo, cuántos se han parado a analizar la poesía o la prosa de este autor o aquella escritora, prácticamente nadie y cuando se hace, se emplea la suficiente mala leche o el insuficiente compadreo que lleva al lector lego a hacerse una idea distorsionada de la realidad: si fulano, que se supone es muy bueno, dice que mengano es un gran escritor entonces yo tengo que leerlo porque sino soy un mal lector, no estoy a la última o, peor aún, no me aceptarán en este espacio, que al fin y al cabo es la finalidad última y primera de las redes sociales: la aceptación personal.

Por suerte, sigue habiendo gente independiente, que por encima de todo y, más que nada, por debajo de este sistema de acólitos, dice y escribe lo que piensa, sin pensar en un futuro aceptado dentro de una congregación.

Leer y escribir se convierte en un acto de fe, un acto de reivindicación personal frente a lo establecido, frente a las modas impuestas, frente al mercantilismo, frente a egos desorbitados, frente a todo aquello que no es literatura, frente al faranduleo, frente a la pose. Escribir y leer es un acto de libertad, no puede obedecer a razones impuestas. Por desgracia ahora mismo en el mundo en el que nos movemos todos, queramos o no, rigen una leyes que lo dominan y que por extensión nos dominan a todos, leer y escribir puede convertirse en un instrumento de resistencia frente a un mundo hostil e hipercapitalizado hasta el extremo, donde hasta las emociones más privadas se hacen públicas a golpe de clic.

Pablo Malmierca

Hoy hace una año…

Hoy se impone una reflexión. Hace aproximadamente un año que comencé a escribir de cara al gran público, llevaba mucho tiempo haciéndolo de forma privada, creo que desde mi adolescencia, no lo recuerdo exactamente. Mi desembarco en el mundo de las letras no ha sido fácil, salir de la nada e intentar medrar en un medio en muchas ocasiones hostil es un camino arduo en el que muchos sucumben.
Escribir es un viaje hacia adelante, que no una huída hacia adelante. Cuando se intenta tener una voz propia, fuera de líneas consagradas, sin reconocer maestros, todo se vuelve más complicado. Lo fácil en este momento es acoplarse a las modas, a las grandes líneas marcadas por el devenir poético. Los apoyos surgen inmediatamente, ascender se vuelve un juego social en el que importan muy poco otras cosas. Pero qué le vamos a hacer, somos así.
Escribir dD supuso para mí un cambio en muchas cosas. En primer lugar encontrar una forma de escritura personal, alejada de los cánones actuales. Algunas de las críticas que he recibido se refieren a mi manera de entender la poesía. En lo formal intento llevar la métrica a sus límites mas absolutos con la prosa, hay quienes han buscado en mi libro las pautas de las preceptivas. Nunca las encontraran la poesía es algo vivo que evoluciona, ¿ y por qué no retorcerla hasta sus límites?, puede gustar o no, pero es una opción. Como ha demostrado la profesora Utrera Torremocha en su reciente libro “Estructura y teoría del verso libre”, la métrica se ha enriquecido de forma drástica en los últimos cien años con innumerables experimentos que no dejan de ser poesía.
dD también supuso dejar mucho de mí mismo en la escritura, es un libro duro, con un tema arriesgado en el que subyacen numerosos subtemas. En lo personal ha supuesto encontrarme cara a cara con personas que han sabido sentir y sentirse identificados con la tesis del libro. Con críticos que han sabido ver en el texto lo que tiene de novedoso. Pero lo que es más importante me ha servido para descubrir a un gran número de lectores, la mayoría anónimos que se han acercado al libro sin ningún tipo de prejuicios previos, ese ha sido uno de mis triunfos.
dD también es un riesgo editorial, una persona muy relacionada con la literatura y organizador de un importante encuentro me dijo que mis editores estaban locos. Quizá esa fuera también otra de mis fortunas, encontrar a unos editores lo suficientemente locos como para arriesgarse conmigo y mi escritura. Por suerte, los resultados no han sido malos. Desde aquí agradezco a Piediciones su confianza en mi proyecto literario.
Quiero agradecer también a todos mis lectores, reales y virtuales. Gracias por vuestros comentarios, por vuestro ánimo, por vuestro apoyo, incondicional en muchos casos.
Gracias a todos los que he conocido en este largo año, poetas, libreros, escritores y todos los relacionados con el mundo literario.
Como he dicho más arriba escribir es un viaje hacia adelante en el que, en mi caso, no hay puertos preestablecidos. En breve aparecerá en Piediciones, sí, la de los editores no muy cuerdos, mi segundo trabajo. También muy arriesgado, en este caso un libro de relatos. (Gracias Puri Sánchez P e Iñaki Hernán)
Pero escribir sin vivir tampoco es posible. Y en mi caso tengo la inmensa suerte de tener a mi lado a tres personas que hace mucho se convirtieron en parte de mis huesos, mi mujer Cristina Sanchez Perez y mis dos hijos. Con vosotros el camino siempre es más fácil.
GRACIAS A TODOS, DE CORAZÓN.

Ojos

Hace algunos años un amigo me decía que mantuviera los ojos en un sitio y la mirada en otro. Después de mucho años sin saber el uno del otro la poesía nos reencontró, la vida nos había llevado por caminos opuestos, por caminos que divergían. Extraños en un mundo que casi nunca comprendimos. Pasó el tiempo, veinte años casi, y la escritura acercó aquello que la vida había dejado de lado. Sigo conservando aquel papel en el que escribió esas palabras. Una frase que nos definía perfectamente entonces y que puede servir de pequeña biografía hoy.
La mirada siempre perdurará por encima de los ojos. Muchos sabemos que hay ojos vacíos, que los hay sin mirada, sin sentimiento. Recuperar la mirada que tuvimos un día en la escritura es una afirmación de la vida donde antes rehuía. Explorar lo inexplorado, viajar a través de las palabras por universos inhóspitos, descubrir y navegar por las conexiones entre corazón y mente. Dejarse arrullar por el piélago del subconsciente.
En definitiva, vivir y resurgir cada día de ese lugar más allá en el que habitamos un día y que hoy es referente de la palabra, de la poesía.
El silencio que une, la distancia que apuntala, el calor de la palabra incendiada.

Pablo Malmierca.

Reflexiones al hilo del XIV festival de poesía PAN

 

Durante el último festival transfronterizo PAN celebrado en la localidad salmantina de Morille, tuvo lugar un debate sobre lo referencial en la literatura. En el debate participaron autoras de la altura de María Ángeles Pérez López o Montserrat Villar. En mi caso iba como oyente, tras las intervenciones programadas, se generó un debate sobre si en la poesía sigue siendo primordial el compromiso ético del que hablaba Sartre, o si por el contrario la poesía debe ser interior, es decir sólo debe hablar del mundo interior del autor. Después de pasados unos días y de rumiar algunas ideas, quiero dejar aquí mis reflexiones.

En primer lugar, quiero romper una lanza en contra de las divisiones dicotómicas que, como casi siempre en la mentalidad occidental, surgen al hilo de cualquier pensamiento. Siempre se habla de dentro  o fuera, en este caso de poesía comprometida o poesía interiorizada, lo que los críticos han venido llamando poesía social o poesía del silencio. Estas son las dos grandes líneas que han venido dominando la escena poética española a lo largo de los últimos años. Como toda reducción me parece simplista, existen otros tipos de poesía que tocan otros temas, que tiene características de ambas, pero siempre es más fácil la reducción simplista (cuerpo-alma, bueno-malo, etc.)

También se habló de términos muy queridos por la crítica como postmodernidad, discurso débil, revisión de la posmodernidad, posiciones hegemónicas, discursos totalitarios, etc. Quizá como leí hace poco todo se reduzca a algo tan sencillo como que en un momento en que no existe un discurso hegemónico, sí que coexisten diversos discursos que se vuelven hegemónicos en sus círculos de influencia. Y nos preguntaremos, ¿cómo afecta esto a la poesía? Siempre pienso que de forma lateral. Vivimos inmersos en un horizonte de expectativas propio de nuestra época, que va a propiciar que unos tipos de poesía triunfen sobre otros, si pensamos, además, que los lectores de poesía son los propios poetas todo se vuelve más claro: las líneas dominantes de poesía van a propiciar que su forma de escribir poesía prevalezca sobre el resto.

Pero lo que de verdad hizo que saltara un clic en mi interior fue el problema de lo referencial en la poesía (poesía social) versus poesía del silencio. A partir de ahora las llamaré poesía referencia, poesía auto-referencial y, quiero incluir un tercer tipo de poesía, la poesía a-referencial. Creo que estas son las tres líneas principales de la creación poética y que las tres se contaminan, podemos encontrar autores que sólo utilizan un tipo, dos o los tres.

La poesía referencial sería toda aquella que habla de lo exterior al poeta, ya sea la realidad social que le rodea o la realidad física. Por ello se puede hablar de poesía referencial crítica, toda aquella que habla de problemática social y poesía referencial acrítica, aquella que simplemente describe la realidad circundante al poeta, ya sea física o social.

La poesía auto-referencial, hablaría del mundo interior del poeta, dejando a un lado todo aquello que le sea ajeno, sería un discurso centrado en el yo, ya sea ficcional o no.

La poesía a-referencial. Esta sería lo que denomino poesía del vacío, una poesía creada desde la falta de referentes reales, donde lo psíquico y psicológico entendido como enfermedad tendría su lugar. Una poesía donde los referentes reales se confunden, no existe un tiempo estable, ni una persona concreta que habla, puede ser el yo, el tú, el nosotros o incluso la no persona (él). Un punto desde el que crear de cero. Sería esta poesía a-referencial la que recoja la referencial y la auto-referencial, pues darían un punto de anclaje desde el que crear una realidad nueva, con sus propias referencias que necesitarían de lo ya conocido para poder ser entendidas. Este ejercicio es el que he pretendido con mi poemario “dD” donde el título son las siglas que el DSM IV (manual de psiquiatría) da a un tipo de trastorno de la personalidad denominado despersonalización-desrealidad, un tipo de disociación psíquica donde desaparece el referente personal y real. A partir de ese vacío, de esa nada que se amolda al exterior para poder sobrevivir se realiza una reconstrucción de la realidad y del individuo que termina con un poema harto significativo sobre esta teoría poética:

SOY

Soy todos los vacíos
que, superpuestos, pueblan tu conciencia.

Soy la diferencia
entre tu frenesí y mi calma.

Soy la llama
que flagela tu desdicha.

Soy la sirena sin voz
que te ve deambular.

Soy tu ausencia
intensificada por mi falta de interés.

Soy la medusa
que brota entre las rocas del desierto.

Soy tú
en la ausencia de reflejo.

Soy los fragmentos
del espejo roto por tu desdicha.

Soy yo sin ti.

dD. Pablo Malmierca. (Piediciones, 2016)

 

No pretenden ser estas palabras nada más que el fruto de mi reflexión sobre lo que se habló en el PAN.

 

Recuerdos del último año

Hoy recuerdo que hace una año que comencé esta aventura, hace un año que por un consejo acertado decidí salir de mi cripta para compartir mis poemas que llevaban dormitando durante muchos años en el fondo de un cajón.

Un año puede parecer poco tiempo, pero para mí han pasado muchas cosas. Lo que comenzó con un punto de excepticismo, con un punto de renuncia al pensamiento mainstream, como resistencia al canon que nos acompaña y nos derriba, ahora lo contemplo como una victoria y una derrota.

Una victoria porque en un año he conseguido publicar un libro y que además funcione. De estar fuera de todo lo que significaba literatura a estar dentro de la corriente que nos lleva, no sé dónde, pero que nos lleva. He conocido personas de verdad, he escuchado a poetas de verdad, he podido ver la poesía surgir desde la llama que nos consume, he podido compartir mi poesía con quien ha querido escucharme. Aparezco en mucho lugares que antes ni se me habría pasado por la cabeza. He podido acercar la poesía a quien la tenía tan lejos que ni siquiera sabía qué era poesía.

Una victoria porque la poesía para mí es una forma de supervivencia, me ayuda a comprender el mundo y a enfrentarme a él. Hace muchos años una de mis profesoras me hablaba de que la literatura tiene una función fundamental que siempre se nos olivida, la función catártica; la poesía es belleza, es armonía, todo lo que vosotros queráis, pero es sobre todo sanación frente al mundo, por eso la poesía está en todo, podemos hacer belleza con prácticamente cualquier cosa, solo hay que saber encontrarla. Y esa es mi verdadera victoria, el haber encontrado una forma de enfrentarme, de comprender el mundo, una forma de vivir que traspasa a cualquier otra. La poesía cauteriza heridas, la poesía canaliza la frustración, el dolor, las decepciones diarias. La poesía puede sublimar nuestras fobias, nuestras neuras, nuestra vida…

Pero también es una derrota. Hay muchas cosas que rodean a la Poesía que no son poesía. Hablo de Poesía en mayúscula para la palabra escrita, hablo de poesía en minúscula para todo lo que rodea a la escritura. En un año he visto defenestrar cabezas, dar empujones, expulsar a quien no te agrada. En un año he visto las peores vilezas girando en torno a la escritura, a la Poesía.
Me veo derrotado porque jamás pensé que alrededor de la belleza puediera habitar tanta inmundicia, tantos intereses. Yo que escribo desde mi parte más pulsional no pensé que el motor de mucha gente fueran pulsiones de muerte mal entendidas; que el miedo les hiciera dejar a un lado la Poesía para dejarse llevar por esa otra poesía. Nada hay más bajo que poner por delante de la verdadera literatura los intereses personales.

Sin embargo, encuentras siempre un agujero donde poder sacar adelante tus ideas, un lugar donde la necrosis del alma que acompaña a estas personas no te toque, donde crear desde el fango primordial de la palabra. Y descubres que hay personas que también intentan hacer lo mismo. Y esta sí es mi victoria.

Como véis un año da para mucho. Espero que me podáis seguir acompañando durante mucho tiempo.

Un abrazo a todos.

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