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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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Vicente Muñoz Álvarez

Nosotros, puerto seguro. Reseña de «Haga lo que haga en la tierra» de Vicente Muñoz Álvarez. Canalla Ediciones, 2020.

El mundo avanza y la poesía de Vicente Muñoz Álvarez sigue su propio camino, un recorrido alejado de modas y círculos poéticos, más atento a sus propias referencias que a sus contemporáneos, de los que se convierte en algunos momentos en verdadero crítico.

Para aquellos que desconozcan la escritura de Vicente podríamos decir que se trata de una literatura que él mismo denomina autobiográfica, tal y como nos dice en la “Nota preliminar” a este libro y que de alguna manera sella el pacto autobiográfico con el posible lector: “la dialéctica entre mis dos oficios, el calzado y la escritura, y el modo y la consecuencias de intentar combinarlos, por un lado, y la poética autobiográfica, escueta y esencial que les caracteriza.” (pág. 15). Haga lo que haga en la tierra se inserta en una trilogía más amplia compuesta además por Días de ruta y Travesía, que como el mismo autor nos dice son: “…una crónica (poética y crítica) de los tiempos que corren y estamos viviendo, de la debacle del capitalismo y el desmoronamiento de la economía de mercado, y al mismo tiempo de la dinámica y sinsabores del oficio de la escritura (don y maldición), (…) el amor (y el desamor) (…) Tres libros, tres visiones, tres miradas. Y un solo corazón latiendo.” (pág. 15)

Hasta aquí el pacto autorial con el lector, sinceridad y desnudez por parte del autor respecto a los posibles lectores. Pero me gustaría ir un paso más allá y etiquetar, palabra que odia Vicente, a Haga lo que haga en la tierra de obra autorreferencial. La autorreferencialidad supone un paso más allá de la autobiografía y supone introducir al propio autor como elemento de la poética del libro. La forma más habitual de hacerlo es incluir el nombre del autor en alguno de los poemas, cosa que Vicente declina hacer, en su caso opta por la otra de las técnicas propias de este subgénero literario, la referencia a hechos autobiográficos. Esta identificación de la voz poética-personaje con el autor real se hace patente en poemas como “Ella y el pienso”, donde el poeta rememora la pérdida de un ser muy querido que le dejó no hace mucho: “su manta su collar / su champú su cepillo / su bebedero su comedero / su correa su cartilla / / y el pienso / que no terminó // siguen a mi lado // Ella y el pienso / no lo terminó. “ (pág. 57). A este índice de autorreferencialidad me gustaría unir las palabras que reproduje más arriba de la “Nota preliminar” donde el propio autor hace explícita su intención autobiográfica, es decir, de convertirse en propio material poetizable. Sin embargo, en nuestro autor este material abarca mucho más que la pura historia vital, incluye sus lecturas, sus referencias, su devoción por el cine, que ya ha plasmado en diversos libros. En Vicente Muñoz Álvarez la autorreferencialidad se dispara a muchos niveles que trataré de desgranar en esta reseña que en cierto modo es continuación y ampliación de las que ya realicé de otros de sus libros anteriores Gas y Travesía.

Haga lo que haga en la tierra se divide en cuatro partes, cuyos títulos ya de por sí son significativos a la hora de hacer una lectura pormenorizada del texto, estas partes son: “Mar adentro”, “Vórtice”, “Aguas profundas” y “Llegar a puerto”. Esta forma de nombrar nos hace viajar a otro de los títulos del autor Canciones de la gran deriva. Vicente es gran admirador de la literatura de terror relacionada con el mar, en español podemos encontrar dos grandes antologías publicadas por Valdemar: Aguas profundas y Mares Tenebrosos. A este primer gran referente me gustaría unir un segundo punto de unión de estas cuatro partes, la idea de la vida como viaje, un viaje que parte, como la vida de la infancia donde la realidad es otra de la que te contaron y debe ser reedificada, pero vista con nostalgia, el pasado como parte irrecuperable de la vida. Así Vicente aparece trasmutado en el Homo Viator medieval que viaja tras su destino.

La primera parte “Mar adentro” es el punto de partida de este viaje, con referencias a dos autores a los que el viaje caracteriza, Stevenson y Kerouac, parte de la escritura y la infancia como lugares en los que se funda. La escritura en Vicente se basa en su particular forma de ver la realidad “por qué veo yo negro / cuando los otros / ven blanco” (30), outsider irredento de las letras españolas ajeno a modas y grupúsculos poéticos. Por esa razón siempre se ve eligiendo “¿un camino? / ¿y el resto? / ¿dónde queda?”. Esta sensación le lleva a recuperar otro de los tópicos literarios que jalonan este libro, el de la Fortuna como hacedora de destino. Siempre decidir como un salto al vacío (pág. 33), merece la pena seguir adelante si el dolor es cada vez mayor, si esperas más de lo que te pueden ofrecer. Pero al autor siempre le queda el amor como tabla de salvación y la propia esencia frente a los demás: “fingir estar / figurar // frente / a Babilonia // urgencia de ser / yo mismo.” (pág. 40). La vida nos puede llevar a la cosificación, como vemos en “Necrófagos”, donde se utiliza la imagen de la víctima cosificada por el psicópata como imagen del destino del hombre actual.

En este juego de referencias contemporáneas y clásicas, merece especial atención el poema “Calavera no llora” (pág. 47), donde aparece un tema que Vicente ha escamoteado en esa “Nota preliminar” y que subyace a algunos de los textos del libro, la muerte. Este poema recupera a Jorge Manrique parafraseando algunas de sus palabras e incorporándolas a la especial poética decantada hacia la que la poesía de Vicente viaja de una forma cada vez más clara. Dice el poema “contemplando / la vida// viendo / la muerte pasar // cómo nos acecha / y espera // ávida impaciente / calavera// tan callando).

Otras referencias en esta primera parte que merece la pena destacar son las continuas referencias a una de sus grandes pasiones, el cine de género, aparecen así de forma más o menos explícita Sangre para Drácula o Carne para Frankenstein de Paul Morrisey, Le ballon rougue, Crisis? What Crisis, Alta Tensión, Unforgiven y un largo etcétera que puede suponer un juego de lectura para cinéfilos. A este entramado de películas cabe unir otro de referencia literarias, que junto a los relatos inspirados en el mar o las referencias a Jorge Manrique, debemos incluir otras como Huysmans, Nietzsche, Sartre, Rimbaud, Poe, Jenofonte, que por no ser este el espacio dejo al lector su búsqueda en el libro.

Todo ello con una poética de la desnudez que busca dejar atrás todo lo accesorio, versos cortos de ritmo rápido concisos como un disparo de adrenalina, despojados de todo lo accesorio con escasas concesiones retóricas a excepción de las antítesis, que casan tan bien con esa postura de don/maldición con la que Vicente ve la literatura y el oficio literario. Este uso de las antítesis (luces / y sombras// besos / y heridas // pasión /y traición // amar / y errar // todo / en el corazón / a la par) contribuye a acelerar aún más el ritmo de estos poemas ya de por sí breves y rápidos.

En resumen, frente a la desnudez del poema Vicente nos deja lo intrincado de las abundantes referencias que explicitan u ocultan sus poemas. “Mar adentro” nos presenta al sujeto poético enfrentado a la sensación de estar perdido en la inmensidad del mar, a la deriva que todo lo puede. El hombre enfrentado a una inmensidad que no controla, que le lleva incluso a sentir la náusea sartreana, y que le hace tener el (deseo de ser / tiburón) (pág. 39).

El deseo de esencialidad del autor le lleva en la segunda parte “Vórtice” a trabajar el haiku, forma que ya aparecía en GAS y que aquí se transforma en el lugar donde convergen los temas del libro, podríamos hablar que son el vórtice de la tormenta desatada en “Mar adentro”. Siguiendo esta dialéctica la tercera parte “Aguas profundas” es el lugar al que el sujeto lírico llega tras pasar el vórtice de la tormenta. Continúa su interiorización de la muerte, para dejarnos un nuevo elemento autorreferencial en “Paso del Noroeste” (102) la cincuentena como paso lleno de dificultades en la vida. Se inicia con esta parte donde lo personal, su trabajo como comercial, el amor, su visión del mundo, se convierten en temas contrales. Quiero centrarme en la crítica que se realiza tanto del sistema capitalista como del sistema literario que nos domina.

En “Le grande Boufee”(pág. 121), nueva referencia al cine, nos habla del peor de los poetas (un poeta / (sobre todo social) / corrupto), para en “Confesión” (124) darnos su antítesis (los escritores serios / no se comen una puta rosca // en suma // pero son libres / y auténticos // doy fe), lo que nos lleva al malditismo en “Danza de las calaveras” (143).

“Llegar a puerto”, cuarta y última parte del libro de poemas supone un giro argumental en el texto, frente a lo negativo, al sufrimiento, al contemplar con dolor Babilonia, todo marinero regresa a puerto, cierre de la metáfora del viaje, que convierte Haga lo que haga en la tierra en una bella alegoría vital. Será aquí Ulises (pág. 175) el que encarne la figura del sujeto lírico “vuelvo de nuevo / al hogar”. Todo acaba positivizándose en esta parte (la luz radiante / de invierno / que nos ilumina // ahora // bálsamo/ para el corazón) (pág. 169). Será la meditación la que otorgue la paz buscada frente a la locura del mundo (en los que observas / pero no juzgas / sientes pero no sufres / vives pero no piensas) (pág. 170). Alejarse de todo lo que es negativo (fuera siempre / lo que te hace sufrir) (pág. 171).

Se vuelve aquí central el poema que recupera el poema con que se abre Don de la ebriedad del zamorano Claudio Rodríguez, (la claridad / la ebriedad / la iluminación // vienen siempre / del cielo) (pág. 173), debemos buscarnos fuera del mundo, nueva dicotomía que refleja como estar en esta Babilonia. Será el amor el que junto a esta iluminación salve al sujeto lírico de la deriva (todo lo salva / el amor) (pág.177)

En conclusión, Haga lo que haga en la vida, se nos muestra como un libro desnudo y despojado en lo retórico, pero muy rico en referencias y lecturas. Alegoría del viaje vital al estilo, tan propio, de Vicente Muñoz Álvarez, que como demuestra es una de las voces más originales y alejadas de grupúsculos poéticos que podemos encontrar en la actual literatura española. Desde su posición de outsider sigue defendiendo unos ideales y formas de hacer literatura que quizás le hayan alejado de cánones preestablecidos, pero que a sus lectores nos brinda la oportunidad de una literatura que sabe a verdad.

Pablo A. García Malmierca

Aldealengua, 7/02/2021

Travesía

Hay autores que siempre evocan, que hacen saltar el percutor de la poesía, uno de ellos es Vicente Muñoz Alvarez, esta es mi lectura poética de su último libro «Travesía» publicado por Chamán Ediciones.

Travesía

¿Quién cabalga sobre el embate de las olas?
¿Quién yace acariciado por la locura de los libros?
¿Quién oculto en lo más profundo de un faro?
¿Quién aquejado de la codicia de Babel?

El viejo lobo de mar,
cubierto su rostro de cicatrices,
manchado su corazón del salitre,
con la sangre en sus oídos,
los párpados rotos de caminar entre sirenas.

La vida delatada frente a un falso testigo,
el hundimiento del mundo
golpeado contra el acantilado de los objetos inútiles.

Un grito de salvación:
el mar, la mar…
toda la paz de un alma perdida.

Pablo Malmierca

Del fondo. Edición limitada. Nuevo libro de Vicente Muñoz Álvarez.

DEL FONDO: Edición limitada.

Del fondo, el nuevo libro de Vicente Muñoz Álvarez, saldrá en breve de imprenta, y os aseguro que, ya al margen del texto (que os pondrá, dicen, los pelos de punta), sólo por las 75 ilustraciones 75 de Andrés Casciani, merece la pena.

Id reservando vuestro ejemplar.

Y ayudad a que el arte underground siga existiendo.

Información y pedidos:
vicentevinalia@hotmail.com

“Del fondo” surgen las visiones más aterradoras, pero también más fascinantes. Surgen las preguntas más angustiosas, pero también las respuestas más necesarias. “Del fondo” nos ha traído Vicente Muñoz Álvarez, siguiendo los pasos perdidos de Poe y escalando en sentido inverso el Monte Análogo de Daumal y las montañas dementes de Lovecraft, esta épica infernal de la nueva y vieja carne, esta crónica bíblica de un éxodo post-humano en pos de una revelación que quizá sea, simple y rugosamente, que no hay luz al final del túnel, sino solo y por siempre oscuridad. Oscuridad. Oscuridad.

Jesús Palacios

DEL FONDO

Vicente Muñoz Álvarez ilustrado por Andrés Casciani

Prólogo por Jesús Palacios

Y es este el punto crucial de Del fondo: una crítica a todo intelectualismo que trate de oponerse al sensualismo. La negación del cuerpo lleva a las peores letrinas del alma, a los abismos más insoldables, rechazar la carnalidad, la renuncia al carpe diem, solo puede llevarnos a engendrar un nuevo cuerpo sufriente, doliente, al más puro estilo de los santos martirizados.

Epílogo por Pablo Antonio García Malmierca

Edición limitada, firmada y dedicada por el autor.

Producciones Vinalia Trippers, 2018

Booktrailer:

https://www.youtube.com/watch?v=53qSDS8B_bY

https://mividaenlapenumbra-vinaliatrippers.blogspot.com.es/2018/01/del-fondo-edicion-limitada.html

Reflexiones sobre mis últimas presentaciones de «Catálogo de terrores domésticos».

Ayer se cerraba un ciclo de presentaciones de «Catálogo de terrores domésticos», era la última presentación oficial del libro hasta después del verano. Ahora quedan firmas en ferias del libro y encuentros con alumnos de institutos a los que he sido invitado. De estas cuatro presentaciones saco, como siempre, muchas más cosas positivas que negativas. Por encima del éxito de público o de ventas, me quedo con el calor de todos aquellos que me voy encontrando en mi camino y que se van incorporando a mi bagaje humano y sentimental. Trijota Domėk Von Laveau ha sido más que el ilustrador del libro, se ha convertido en el compañero ideal en las presentaciones, su espontaneidad y frescura han dado un toque diferente a este libro. Mis editores, Puri Sánchez PiEdiciones e Iñaki Hernán, que me han acompañado con gran profesionalidad en todos los eventos y a los que agradezco su enorme confianza en mi obra. A Alberto Ram Ram, sin el cual no hubiese sido posible la extraordinaria presentación en Valladolid junto a Impro Valladolid Teatro. A Pale Reader por ceder Letras Corsarias a todos los proyectos que le presento, presentar mis libros allí en primicia se está convirtiendo en una mala costumbre. A Vicente Muñoz Alvarez, quien cerró en León ayer este ciclo de una forma magistral, nadie mejor que él para entender esta obra, que no solo le debe el prólogo sino que, también, buena parte de su génesis. A mi mujer, Cristina Sanchez Perez sin la que todo lo que hago no sería posible. A todos los que nos habéis acompañado en las presentaciones que sois muchos, daros las gracias.
El éxito no se mide en ventas, ni en el aplauso fácil de público. El éxito se mide en todos aquellos que apoyan su espalda contra la tuya y deciden empujar en una misma dirección sin pedir nada a cambio. Allí estaré siempre para ellos.

La negatividad positiva, reseña de GAS de Vicente Muñoz Álvarez

La negatividad positiva, reseña de GAS, Vicente Muñoz Álvarez. Ediciones Lupercalia, 2016.

Escribir sobre veinte años de carrera reducidos a 271 páginas se traduce en una labor difícil, tan difícil como la del antólogo, es este caso el propio autor. Sin embargo, quien mejor que uno mismo  para resumir cinco poemarios publicados y dos inéditos que su mano creadora.

Canciones de la gran deriva, Privado, Parnaso en llamas, Animales perdidos y Días de ruta, marcan el camino poético de uno de los grandes poetas subterráneos de las últimas décadas. Vicente Muñoz Álvarez ha conseguido crear una línea narrativa que convierte a GAS, no en una mera selección de textos, más bien podemos hablar de un título diferente en su trayectoria literaria. GAS ofrece su propia visión de las cosas, se lee  como un texto unitario, donde el autor muestra su evolución personal y poética. Pues eso es la poesía de Vicente Muñoz Álvarez: una visión introspectiva del mundo que le rodea, que conforme avanza en el libro se va depurando en lo personal y lo formal.

Para quienes no conozcan con anterioridad su obra, GAS despliega una línea cronológica y narrativa, desde el punto de vista existencial, muy clara. Vicente nos guía por su rico y dicotómico mundo, como el lazarillo que acompaña al ciego, en un paseo literario por su poesía tan rico como sugerente, donde la premisa «escribir es quemarse vivo» nos acompaña hasta el final.

Canciones de la gran deriva (1999-2012) es el retrato de un momento, de un lugar, de una persona, predomina la poesía de carácter narrativo y el análisis social. Antes calificaba la poesía de Vicente Muñoz de dicotómica, el mundo, la sociedad analizada es a la vez interior y exterior, introspección y extroversión a partes iguales. Estos dos mundos, este microcosmos y a la vez macrocosmos personal se dan la mano en el poema central «En el puerto».

Estamos ante una voz poética dominada por la nausea de existir, que encuentra la belleza en lugares donde otros poetas nunca la buscarían, en un fotograma de Nekromantic 2, film necrófilo donde los haya.

Esta voz tiende hacia la sencillez formal, voz despojada que calificaría de metafísica en muchos momentos.

Articulados los distintos libros como parte de un todo, Canciones aparece marcado por el paso del tiempo y el peso que el presente y el pasado pueden tener sobre el futuro, cómo las opciones vitales no pueden llenar el vacío existencial del poeta.

En línea con esta obsesión por el tiempo o la memoria como losas absolutas del presente se abre la segunda parte de GAS, que corresponde al poemario Privado. Se nos invita recogiendo al viejo tópico del Carpe Diem a vivir el presente desde la pluralidad de las vidas que nos quedan dentro. Pero el pasado siempre está ahí, desde la ironía con que se va la niñez, la realidad se convierte en un sueño y el poeta trata de huir del tiempo, del esplín que nos marca. Pero junto a este spleen, siempre introspectivo, vuelve la crítica y la denuncia social.

Fruto del enuii vital la voz poética siente cómo ha perdido el paraíso, como su tiempo ha sido expropiado y desde ahí solo hay un paso hacia la alienación por el trabajo, rechazada de plano.

En este punto aparece el cuerpo, primero como tumba del yo y cárcel interior. Después tras reflejar la deriva interior, tras días de tregua, el cuerpo se transforma en templo contra la agresión exterior, será la única vía de salvación.

Este viaje guiado hacía la poesía de Vicente Muñoz Álvarez tiene su siguiente parada en Parnaso en llamas (2006), el enuii, la sensación de vacío hace partir esta estación de sentimientos negativos como la insatisfacción, la soledad o el resentimiento hacia una búsqueda de la luz fuera de ese interior destrozado, una luz que al final del libro es ya ensoñación.

Hablamos de insatisfacción por lo que pudo ser y no fue, la soledad, los conflictos y el inevitable vacío. La espera se convierte en esperar y no encontrar. La soledad provocada por la obligación de ser todos igual provoca una evasión hacia lo profundo.

El camino del escritor no puede ser otro que crear, disentir y volar, construir su propio camino.

inicio a la vida desde la oscuridad

del miedo hacia la luz

Avanza GAS hacia su siguiente estación Animales perdidos (2012). La voz poética, fuertemente autobiográfica parte de su estado anterior: la soledad. Se rompe su mundo, la pareja, la ciudad se sustituye por el extrarradio.

Continuamos solos pero nunca ajenos al mundo, la denuncia social, la mujer sola en la gran urbe como paradigma de animal perdido.

En este punto aparecen los dos animales capitales: la oveja negra y el perro de lluvia. La literatura se convierte en oficio y salvación, los poemas son la tabla de salvación de nuestro naufragio personal

Frente a la soledad, la resistencia como forma de vida. La memoria erosiona, desgasta, cansa, es el hogar del engaño, lo único que nos queda es el poema. El yo se fragmenta, se rompe, aparecen el poeta y el vendedor como trasuntos del yo poético.

Ese pesimismo ahonda en el texto. Todos estamos muertos y pagamos la hipoteca de estar vivos. Aunque no todo es negativo, como he dicho el poema es salvación al igual que el amor hacia el otro, dar y recibir. Llegamos así al paradigma de  la libertad, dos perros vagabundos viviendo en pareja en el bosque, ajenos al mundo.

GAS como poemario unitario tiende a despojarse de todo lo accesoria, en lo formal y en el contenido:

la budeidad

del bosque

de piedra

Y así,

las palabras

son semillas

que germinan

como flores

carnívoras

en el subconsciente

Si es la palabra la que nos salva, Días de ruta (2014) se convierte en la apuesta suicida por la literatura. Vivimos sin libertad, domina la ley del más fuerte, la herencia nos determina. La solución es escribir poesía o perderse en el mundo, no existen más opciones.

Es este el punto donde los opuestos cobran todo su significado, Vicente como vendedor vive en un mundo de soledad, melancolía, frustración, donde convergen ideas recurrentes: el suicidio, la servidumbre o el miedo. Un camino equivocado donde todo se convierte en pura teleología, importa el fin, la meta. Y es ese fin el que le lleva al fondo, al final de ese otro, y en ese momento nace su verdadero oficio, su adicción, la escritura que se transforma en embriaguez y su correspondiente resaca, en penuria.

Se convierte en Días de ruta la escritura en biorritmo vital del autor, el uso de contrarios nos sumerge en sus altibajos. Frente al vendedor, el poeta recicla la mugre de la sociedad, loes poetas son los perros de lluvia: marginados, iluminados, auténticos.

Hablábamos al principio de que escribir es quemarse vivo, en este libro el alma del hombre ya está ardiendo. La realidad nos ancla al suelo y el sueño nos hace alzar el vuelo.

Podríamos resumir la voz poética de Vicente Muñoz Álvarez con una dicotomía: la negatividad positiva. Todo se reduce a un juego de máscaras donde la rutina del otro, del vendedor, se diluye en la identidad que proporciona la poesía. Llegamos así al gran axioma que marca transversalmente GAS, «Yo es otro», y es la noche la que aporta paz y tranquilidad al poeta.

Hasta aquí la primera gran parte de GAS que funciona como un todo, un camino introspectivo, de búsqueda continua, para llegar al puerto que marca Lobos de mar. La voz poética ha pasado de vivir en una gran deriva a ser un experto marinero.

El destino aparece marcado por la palabra, piedras que unidas dan destino a la poesía. Estamos ante un libro mucho más experiencial que el resto, la realidad es mentira y nuestra obligación es construirla de nuevo, una realidad habitada por hombres lobo-cordero. El comienzo de lo nuevo siempre es la pérdida, lo nuevo que no sabemos buscar. Todo es cambiante a nuestro alrededor, no hay nada inmutable, incluso el amor. El pasado se presenta como nostalgia, lo que permanece es la tristeza que queda en el corazón. Esa relatividad hace que el yo sea la única tabla de salvación frente al mundo, un yo que en su interior es una marea cambiante y en el exterior el mayor crimen para los demás. Debemos tener la libertad de elegir, de ser. Al final no somos más que pantalla de nuestra vida, perdemos la capacidad de ser actores. Todos nuestros actos son una mera distracción para olvidarnos de la muerte.

El éxito y el fracaso siempre van de la mano y oscilan, el tópico del Fortuna imperatix mundi en todo su esplendor.

La poética de Vicente puede resumirse en dos versos de este poemario:

…te has desnudado

y vaciado sobre el papel

La conclusión del poeta no puede ser más clara, el amor es la salvación del hombre, lo demás ceniza. Quedan algunos amigos, amores, poetas, algunos lobos de mar.

Finaliza GAS con Libro de haikus. Recopila todos los temas que obsesionan a Vicente Muñoz Álvarez: dualidad, paso del tiempo, amor, mundo, muerte…

Se produce la decantación absoluta de su poesía, proceso iniciado en el principio de la antología. La antítesis como figura central que recorre toda la producción de Vicente Muñoz Álvarez, que nos hace oscilar entre la realidad y el deseo, la vida y la literatura. Pues eso es GAS, nada más y nada menos que se diría, vida y literatura en estado puro.GAS

La esperanza tiene forma de delfín. Reseña de «El merodeador» de Vicente Muñoz Álvarez.

Escribir sobre un libro de Vicente Muñoz Álvarez puede convertirse en un ejercicio de introspección del que, como lector, uno puede no salir ileso. Alrededor de El merodeador crecen enredaderas que desde nuestros pies ascienden hasta lo más profundo de nuestro cerebro y corremos el riesgo de que se mantengan allí mucho tiempo, tirando de nosotros hacia el suelo primigéneo de nuestros más ocultos miedos y fobias.

El merodeador nos plantea un viaje interior hacia un mundo plagado de preguntas, existenciales en su mayor parte. ¿Es el mundo como lo vemos o como lo sentimos? ¿Qué puedo esperar de la realidad, a parte de ansiedad? ¿Qué nos domina, el pensamiento o la acción? ¿Es el sueño la salvación a nuestros males? ¿Cuál es el lugar de la pérdida de la identidad? ¿Existe un mundo fuera del que nosotros creamos?

Pero sobre todas estas preguntas, sobre todos los relatos que componen el libro sobrevuela una obsesión. Igual que Cthulu habita en el fondo del mar esperando el momento de emerger, en nuestro subcosnciente viven, latentes, esperando su momento nuestros miedos más ocultos. Podríamos hablar de El merodeador como un catálogo de los horrores que acompañan al hombre moderno en su día a día: la soledad, el miedo a la muerte, las obsesiones, la locura, la pérdida del ser amado, la alienación del trabajo que nos encarcela…

En este texto encontramos ricas referencias literarias y cinematográficas recuerdos a El corazón delator, las obsesiones del Bernhard más angustiado de Corrección, partes oscuras de nuestra mente que emergen a la realidad como el asesino más despiadado de un slasher que armado de paciencia espera a su víctima agazapado hasta encontrar el momento adecuado para asestar su cuchillada.

Aunque sea un libro de relatos, todo gira alrededor de la idea central del individuo fragmentado, vacío, víctima del insomnio más recalcitrante. Un individuo que podríamos decir vive en un universo propio, un universo concentrado en ocasiones en el interior de una caja de zapatos, del que emergen como vías de salvación delfines y mundos paralelos que se despliegan hasta construir un todo narrativo donde la técnica de las cajas chinas lleva el texto desde la ficción hasta una realidad creada o mejor dicho recreada desde la subjetividad del narrador-escritor-espectador.

El libro, como todo lo que escribe Vicente Muñoz, tiene una fuerte carga autobiográfica lo que aumenta su crudeza. Leemos así de forma diferente frases como: «nuestra vieja unión necesitará consumirse para resurgir luego fortalecida de sus propias cenizas». La esperanza de la reconstrucción está presente a lo largo de todos los relatos. Frente a la culpa, el insomnio, los pasos nocturnos, siempre hay una esperanza como el delfín que se salva de morir encallado en una playa, como la relación muerta por el alcohol , como la cordura perdida en la miasma de las fobias, como la lluvia que algún día cesará.

Un libro muy recomendable de uno de los adalides del underground literario en España. La oportunidad de leer buena literatura alejada de los ya ajados caminos del mainstream, literatura en estado puro, como un golpe directo a la mandíbula.

Muñoz Álvarez, Vicente. El merodeador. Acvf, 2016.

http://www.acvf.es/?p=2276

El merodeador

El mundo puede tener

forma

de caja de zapatos.

Incluso

en ese rectángulo

pueden caber

otras realidades.

Entre los intersticios de esos muros,

golpean,

cadenciosos,

los pasos agónicos de tu otro yo.

Al retirar la tapa

te salpicará

un delfín arrodillado,

un suicida oculto en una carta,

un doctor apuntándote

con un tensiómetro en la sién.

Nada es lo que parece

o

quizás

todo tenga la lógica de la locura.

 

Pablo Malmierca

 

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