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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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soledad

Diario polar (día 25)

 

 

Mi identidad se disuelve sobre la salinidad del cueva. Me pregunto qué quiero ser, a dónde quiero llegar, en la soledad de la noche no alcanzo a ver más allá de las estrellas, más allá del recuerdo de una nebulosa que me recuerda la ausencia de una compañía más allá de la voz de mis palabras.
He intentado pasear por los acantilados contiguos a la cueva. Son una zona muy visitada en Transelgor, debo esperar a horas extrañas, cuando el mundo se desvanece y desaparecen las personas. Ayer a las cuatro de la madrugada mi diversión consistía en contemplar el parpadeo incesante de las luces de posición de los barcos pesqueros de bajura. Su intermitencia, unida al vaivén de las olas las convertían en irreales fuegos fatuos. Hipnotizado por su visión me dejé llevar de nuevo por mis pensamientos. Si unas horas antes este lugar era un hervidero de gente, donde todos contemplaban un mismo paisaje, donde el sentimiento se hacía común hacia la belleza salvaje de la naturaleza; por qué ahora la soledad, la inmediatez de mis sentimientos era totalmente distinta, simplemente habían pasado unas horas, simplemente había desaparecido toda compañía.
Creo que buscamos la compañía, la sensación del grupo para no vernos abrumados por todo aquello que no comprendemos, cuando el verdadero aprendizaje se encuentra en la búsqueda de la verdad en el enfrentamiento desnudos ante el objeto, ante la realidad insondable que nos apabulla tantas veces.
Donde otros hace unas horas sólo veían mar, luz, rocas, yo ahondo en una visión que transfigura aquello que veo, ahora soy un poco más ignorante, no acierto a ver las referencias de otros, interpreto el mundo desplazado, desde un desgarro afectivo que es ahora el del proscrito.

 

Pablo Malmierca

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Diario polar (día 15)

 

Diario polar (día 15).

La noche se cierne sobre las tupidas aguas del océano, solo acierto a ver oscuridad. La negra densidad del piélago parece absorber todos mis pensamientos, es un imán gigante que me atrae, que me atrapa, que me insta a dar un paso adelante, a sumergirme en su negrura.
Mis pensamientos me distraen, me retrotraen a otros tiempos. Hace ya algún tiempo todo giraba en mi vida alrededor de la fama. Por un golpe del destino los medios de comunicación se hicieron eco de mi obra, domingo sí y domingo también aparecía en los dominicales. Tan pronto hablaban de mi próximo libro como me preguntaban por mis gustos musicales. Sin embargo, todo fue efímero, aquellos que te arropaban con sus cantos de sirena, pronto me abandonaron. Se pueden fabricar infinitos productos de usar y tirar. Si un producto no funciona pronto habrá otro. Sentí como se secaba la médula de mis huesos. Estaba rodeado de vampiros que succionaban hasta el último hálito de mi vida, cuando no hubo nada más me arrojaron a la cuneta, ya no les importaba. Aunque todavía era yo.
Hoy la oscuridad todavía me sigue seduciendo, pero es la oscuridad que yo elijo, no la que otros me ponen en bandeja de plata. Hace mucho que aprendí a separar la verdad de la mentira. La vida es un camino que en la mayoría de las ocasiones hay que hacer solo, hay compañías que hieren más que curan.
Decido sumergirme en la inmensidad de las aguas, decido dejarme seducir por las querencias de mis huesos.

Pablo Malmierca

Diario polar (día 11)

 

Diario polar (día 11)

Frío, siento el frío deshaciendo el tuétano de mis huesos. Lo tengo tan dentro que ya es una parte de mí. Preferiría no sentir, que el dolor se alejase de mi carne, pero no es así. Ya decían los clásicos, vivir es morir, la vida viaja a una velocidad endemoniada. Los demonios son los caballos de mi vida, la tortura de su presencia me lleva en una infinita montaña rusa, hacia arriba, al fondo, siempre hacia el fondo. Escribir es la única liberación, todo el pánico que me produce vivir se transforma en palabras, las ideas fluyen desde las ciénagas del inconsciente.
La catarsis necesaria que permite limpiar el pozo de la percepción, frente a la oscuridad del mundo, la luz de la poesía, la salvación en fonemas que no por manidos suenan cada vez más nuevos.

Mi piel es cada vez más azul, Transelgor soy yo, su clima, sus ventiscas, el hielo cada vez más puro…

Un azul casi transparente.

Pablo Malmierca

Soledad poema musicado

Continúo con mis poemas musicados. En esta ocasión el poema se titula “Soledad” y está recitado sobre una base realizada con ritmos soul de los años 60. Espero que os guste.

Palabras ausentes

Arrastrabas la carcoma podrida
de sus palabras ausentes.

© Pablo Antonio García Malmierca

Microficción

Tenía tanto miedo a la soledad que acabó quedándose solo.

¿Dónde?

Después de la dureza de la serie visiones quiero dejar un poema mucho más breve y conciso. Más sencillo, pero no menos profundo.

 

    ¿Dónde?

Allí donde se acaba el mar

existe el misterio.

Allí donde los pájaros acuden a volar

existe el amor.

Allí donde los niños lloran

existe la verdad.

Allí donde yo yazco

siempre existirá la soledad.

 

 

Ausencia

Hay ausencias que duelen como la vida, hay soledades que no se apagan con el día, hay momentos en los que esperar es la única opción.

En la noche vives

salvaje, inhóspita,

allí sobrevienes sobre mí,

irreductible.

Atormentando mi sueño

te balanceas sobre mi alma,

disfrutando el castigo de la noche

vienes codiciosa

cubriéndolo todo.

Cuando te vas

el calor del sol no es suficiente

falta tu hechizo,

faltas tú.

Odio el día pasajero,

amo eternamente la noche

donde habitas tú,

etérea,

             fugaz,

                     insostenible,

allí estoy, acechándote,

                       esperándote.

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