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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

mes

junio 2016

Diario polar (día 25)

 

 

Mi identidad se disuelve sobre la salinidad del cueva. Me pregunto qué quiero ser, a dónde quiero llegar, en la soledad de la noche no alcanzo a ver más allá de las estrellas, más allá del recuerdo de una nebulosa que me recuerda la ausencia de una compañía más allá de la voz de mis palabras.
He intentado pasear por los acantilados contiguos a la cueva. Son una zona muy visitada en Transelgor, debo esperar a horas extrañas, cuando el mundo se desvanece y desaparecen las personas. Ayer a las cuatro de la madrugada mi diversión consistía en contemplar el parpadeo incesante de las luces de posición de los barcos pesqueros de bajura. Su intermitencia, unida al vaivén de las olas las convertían en irreales fuegos fatuos. Hipnotizado por su visión me dejé llevar de nuevo por mis pensamientos. Si unas horas antes este lugar era un hervidero de gente, donde todos contemplaban un mismo paisaje, donde el sentimiento se hacía común hacia la belleza salvaje de la naturaleza; por qué ahora la soledad, la inmediatez de mis sentimientos era totalmente distinta, simplemente habían pasado unas horas, simplemente había desaparecido toda compañía.
Creo que buscamos la compañía, la sensación del grupo para no vernos abrumados por todo aquello que no comprendemos, cuando el verdadero aprendizaje se encuentra en la búsqueda de la verdad en el enfrentamiento desnudos ante el objeto, ante la realidad insondable que nos apabulla tantas veces.
Donde otros hace unas horas sólo veían mar, luz, rocas, yo ahondo en una visión que transfigura aquello que veo, ahora soy un poco más ignorante, no acierto a ver las referencias de otros, interpreto el mundo desplazado, desde un desgarro afectivo que es ahora el del proscrito.

 

Pablo Malmierca

Diario polar (día 24)

Enterrado en esta cueva he perdido toda perspectiva del tiempo y de los hombres. Han pasado dos meses desde decidí recluirme en este claustro de roca y humedades. Nadie ha venido a verme, nadie sabe que estoy aquí. La sensación de que los días son exactamente lo mismo me está matando, el creer que el tiempo se convierte en una obsesión circular me está deshaciendo por dentro.

Ahora comprendo a todos aquellos que la literatura les consume por dentro, a los que no pueden dominar esa fuerza atávica que surge de sus sentimientos más primigenios y acaba por devorarlos. Hablan, escriben, piensan, mastican poesía. Su capacidad de crear se ha sublimado de tal manera que no hay otra existencia para ellos, la realidad se compone de fragmentos de vidrios que les rasgan los pies, la realidad es un enorme cuchillo que pende sobre su escasa cordura, pero es quizá esa posibilidad de transmutar la realidad en palabras la que los mantiene con un hilo de unión al mundo real, al mundo que rechazan.

La literatura nos consume de diversas maneras. Puede crear egos enormes que viven ajenos a la realidad que les ha tocado vivir, ya no son dependientes, taxistas, camioneros, ahora son poetas, escritores a tiempo parcial, viven de la ilusión de crear. La literatura les ayuda a luchar contra la alienación que les produce vivir en una sociedad agresiva y hostil que les condena a ser lo que no quieren aceptar. Esta nueva realidad creada suple a la verdadera, viven absortos en su creación, intentan sobrevivir montandos sobre un poema, navegando náufragos sobre un microrrelato. Pero la realidad siempre es más fuerte, el creador acaba sucumbiendo a sus miedos, a su poesía, se deshace víctima de la desaceleración del corazón y un día se da cuenta de que la literatura es muy difícil vivir, y vuelve a su vida alienada, a su realidad que ya no es capaz de adulterar. El dinero manda, es el dictador del mundo y dirige de forma tiránica los destinos de todos aquellos que crean, de aquellos que aspiran a vivir de la palabra.

Pero siempre habrá un ácrata, una persona que desde el límite de la periferia, como Rimbaud cuando decidió retirarse al desierto para traficar con armas, escribirá desde la pureza de la locura. Autores que se dejarán consumir mil veces por el fuego purificador de la palabra retorcida, de la metáfora silente, de los sonidos sin adulterar. Escritores que víctimas de la combustión espontánea, crean desde la inocencia de la locura, desde la verdad del subconsciente, desde el verbo desatado, desinhibido de prejuicios. Aunque es el camino más difícil es el más agradecido, sus poemas moverán por fin nuestras conciencias de piedra.

Pablo Malmierca

 

Recuerdos del último año

Hoy recuerdo que hace una año que comencé esta aventura, hace un año que por un consejo acertado decidí salir de mi cripta para compartir mis poemas que llevaban dormitando durante muchos años en el fondo de un cajón.

Un año puede parecer poco tiempo, pero para mí han pasado muchas cosas. Lo que comenzó con un punto de excepticismo, con un punto de renuncia al pensamiento mainstream, como resistencia al canon que nos acompaña y nos derriba, ahora lo contemplo como una victoria y una derrota.

Una victoria porque en un año he conseguido publicar un libro y que además funcione. De estar fuera de todo lo que significaba literatura a estar dentro de la corriente que nos lleva, no sé dónde, pero que nos lleva. He conocido personas de verdad, he escuchado a poetas de verdad, he podido ver la poesía surgir desde la llama que nos consume, he podido compartir mi poesía con quien ha querido escucharme. Aparezco en mucho lugares que antes ni se me habría pasado por la cabeza. He podido acercar la poesía a quien la tenía tan lejos que ni siquiera sabía qué era poesía.

Una victoria porque la poesía para mí es una forma de supervivencia, me ayuda a comprender el mundo y a enfrentarme a él. Hace muchos años una de mis profesoras me hablaba de que la literatura tiene una función fundamental que siempre se nos olivida, la función catártica; la poesía es belleza, es armonía, todo lo que vosotros queráis, pero es sobre todo sanación frente al mundo, por eso la poesía está en todo, podemos hacer belleza con prácticamente cualquier cosa, solo hay que saber encontrarla. Y esa es mi verdadera victoria, el haber encontrado una forma de enfrentarme, de comprender el mundo, una forma de vivir que traspasa a cualquier otra. La poesía cauteriza heridas, la poesía canaliza la frustración, el dolor, las decepciones diarias. La poesía puede sublimar nuestras fobias, nuestras neuras, nuestra vida…

Pero también es una derrota. Hay muchas cosas que rodean a la Poesía que no son poesía. Hablo de Poesía en mayúscula para la palabra escrita, hablo de poesía en minúscula para todo lo que rodea a la escritura. En un año he visto defenestrar cabezas, dar empujones, expulsar a quien no te agrada. En un año he visto las peores vilezas girando en torno a la escritura, a la Poesía.
Me veo derrotado porque jamás pensé que alrededor de la belleza puediera habitar tanta inmundicia, tantos intereses. Yo que escribo desde mi parte más pulsional no pensé que el motor de mucha gente fueran pulsiones de muerte mal entendidas; que el miedo les hiciera dejar a un lado la Poesía para dejarse llevar por esa otra poesía. Nada hay más bajo que poner por delante de la verdadera literatura los intereses personales.

Sin embargo, encuentras siempre un agujero donde poder sacar adelante tus ideas, un lugar donde la necrosis del alma que acompaña a estas personas no te toque, donde crear desde el fango primordial de la palabra. Y descubres que hay personas que también intentan hacer lo mismo. Y esta sí es mi victoria.

Como véis un año da para mucho. Espero que me podáis seguir acompañando durante mucho tiempo.

Un abrazo a todos.

Asido

Asido a la oscuridad
os espero lejos de la multitud.

Pablo Malmierca

Diario polar (día 23)

Diario polar (día 23)

Desde mi celda voluntaria tengo la mejor perspectiva de todo Transelgor, puedo pensar sin ningún tipo de interferencia. No tengo acceso a ningún medio de comunicación. He reflexionado mucho, las horas pasan demasiado lentas y puedo contar los segundos y los minutos acompasándose al ritmo de mi corazón. La cadencia de los días se ha hecho más lenta, no hay prisa por vivir, no hay necesidad de llegar el primero a ningún sitio, tan solo existe la necesidad de meditar, de pensar el mundo desde un afuera impuesto por las circunstancias.

En mi país juegan desde hace muchos años con el miedo y la esperanza de sus habitantes. Somos una sociedad, como tantas otras, de clases: están los que ostentan los distintos poderes, ya sean oligarquías políticas, financieras e incluso intelectuales; por debajo los profesionales liberales, médicos, maestros, profesores, etc. y por último la clase más numerosa y más débil la de los trabajadores. Todo el esfuerzo de las clases dominantes se dirige a tener a esta gran masa humana dominada y anestesiada.

La primera mordaza es el miedo. Estas clases trabajadoras tienen unas condiciones laborales cada vez más precarias, se juega continuamente con su inseguridad: a no tener trabajo, a no tener vivienda, a no tener para pagar las facturas de las necesidades básicas (luz, agua…). Para acrecentar esta sensación los medios de comunicación les bombardean continuamente con imágenes de personas que huyen de la miseria o que son diferentes por alguna razón, se los presentan como el OTRO que viene a robarles sus escasas pertenencias, su escasa libertad, Se crea así el mito del demonio vestido de alteridad, para desviar su atención del verdadero enemigo. Mis compatriotas se tienden a aislar en sus casas, tienen miedo a salir a la calle. Se mudan a vivir a urbanizaciones que se asemejan a prisiones, con vigilantes que rodean el perímetro, levantan vallas alrededor de sus casas. Se encierran en mundos artificiales para no ver el sufrimiento ajeno que queda confinado a un más allá con el que no se identifican.

La segunda mordaza es la esperanza, y, a mi juicio, es la más cruel. A nadie se le niega la posibilidad de salir de su vida monótona y dura, a su vida de escaso sueldo y poca vida familiar. Se les pone la zanahoria, como al burro del cuento, y toda su vida se dedican a perseguir sueños imposibles. Se les anestesia con la esperanza de un futuro mejor. Se les muestra en la televisión el mito de la cenicienta que sigue siendo princesa después de las doce. Se les anima o, más bien, se les empuja continuamente a una huida hacia adelante que les impide disfrutar de un presente que no les aporta gran cosa en pos de un futuro ficticio pero real en sus mentes. Al final y al principio, por desgracia, esto crea individuos con un profundo desgarro afectivo: odian profundamente lo que tienen y ansían algo irreal.

En Transelgor se hace evidente incluso en el tipo de cine y literatura que se consume. Se trata de entretenimiento de usar y tirar. Evasión continua de una realidad que se adultera desde todos los discursos posibles.

Los habitantes de Transelgor son, debido a este control absoluto del estado en sus vidas, personas irritables, continuamente estresadas. Habitantes de un futuro que no les pertenece y que ven a través de todas las pantallas posibles. Cuerpos perfectos, coches de alta gama, cruceros idílicos, triunfadores que ganan mucho dinero con apenas esfuerzo. En Transelgor las personas están comenzando a parecerse más a máquinas deseantes que a individuos integrales. No hay conexión entre mente y corazón, son mecanismos engrasados para producir y consumir. Sedados por el miedo y la esperanza.

Pablo Malmierca

Video recital “Viernes de Sarmiento”

Ayer fue un día muy especial, tuve la inmensa suerte de poder recitar en un marco incomparable, los Viernes Sarmiento. Agradezco desde aquí su invitación a Araceli y José Antonio. No me puedo olvidar de mis dos grandes amigos Eva Delgado Sanchez y Fran Francisco Soto, que además de presentarme me.acompañaron con su amistad. Os dejo un pequeño video con varios poemas.

Nube de mi poema “Patria”

Trasteando con la tecnología os dejo un experimento entre el caligrama y la nube de palabras.

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