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Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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Reseña

Geografía del amor. Reseña de “Del polen al hielo.” Luis Ramos, Baile del Sol: 2017.

Geografía del amor. Reseña de Del polen al hielo. Luis Ramos, Baile del Sol: 2017.

Doctor en Filosofía, profesor y cantautor, ha participado en diferentes formaciones musicales y poéticas. Aparece en varias antologías, como Todos de Etiqueta (Colección Barrio Maravillas, Junta de Castilla y León, 1986), o Nacidos en los 50. Antología de poetas zamoranos (Diputación de Zamora, 1998).

Especialista en la poesía de Claudio Rodríguez sobre quien realizó su tesis doctoral, ha publicado artículos en revistas culturales como Archipiélago, Revista de Estudios Orteguianos, Aventura, Alfa, República de las Letras, Zurgai, Duererías o Campo de Agramante. En colaboración con el profesor y novelista  Luis García Jambrina ha escrito Guía de Lectura de Claudio Rodríguez y la edición de Claudio Rodríguez para niños ambos en (Ediciones de la Torre, 1988).

Ha musicado y cantado poemas de Agustín García Calvo, Claudio Rodríguez, José Hierro, Fernando Pessoa, Isabel Escudero, Jesús Hilario Tundidor, Pablo Neruda, y otros propios. A partir de estos trabajos graba en 2001 el CD La canción que cantábamos juntos, sobre poemas, entre otros, de García Calvo y Claudio Rodríguez; así mismo en 2003, graba el CD Por arroyo y senda dedicado a varios poemas del libro Valorio 42 veces de Agustín García Calvo; y en 2007 saca a la luz el CD El aire de los sencillo, dedicado enteramente a la poesía de Claudio Rodríguez, y en el que aparece acompañado de cantantes como María Salgado y Eliseo Parra.

En 2002 publica en la Editorial Semuret Por el aire del árbol (Canciones y poemas desde los niños) con prólogo de Agustín García Calvo y De semilla de manzana (Recetario poético-musical) con prólogo de Miguel Manzano Alonso, ambos ilustrados por Guillermo Tostón y Aser Martín. Autor de los libros de poemas Entre cunetas y Nubes de evolución.

En la actualidad está pendiente de publicar con el contador y poeta Fernando Martos, la antología Claudio Rodríguez para Jóvenes.

El libro que hoy nos ocupa se divide en dos partes que en realidad son dos libros diferentes que están unidos por un tema tan universal como el amor. El amor a la pareja y el amor a la madre. Dos libros, un sentimiento, pero tratados de un modo diametralmente opuesto.

El lirismo de Manchas de polen frente al realismo descarnado de Escandas del hielo.

Manchas de polen se despliega como un tratado científico donde la botánica y la entomología se convierten en metáfora viva del amor a la pareja. El amor no es solo sentimiento, es ante todo acción y convivencia; y es aquí donde se despliega en toda su riqueza el paralelismo entre la metáfora que busca explicar poéticamente la utilidad y el uso que el hombre da a los insectos, convirtiendo esta primera parte en una auténtica entoentomología, que no es más que la investigación de la percepción, los conocimientos y los usos de los insectos en la diferentes culturas humanas. La observación acaba en la exposición paralelo de los sentimientos, identificados con insectos como mariposas, mantis, libélulas. Cada uno convertido en símbolo que trasciende la metáfora para construir una especial visión del amor que Luis Ramos nos ofrece en Manchas de polen.

Estos dos libros de poemas están unidos por una etnografía del amor.

Escandas de hielo, a través de la costumbre del contacto con el ser querido, la madre, ofrece una geografía humana que abarca la cotidianeidad como reflejo de los sentimientos que nos unen a las personas con las que compartimos el día a día. Son estas escandas reflejo de una infancia dura, que transita entre los puestos del Mercado Central de Zamora, infancia marcada por el hielo, el pescado y los clientes que pasan cada día frente al puesto regentado por la madre de nuestro poeta.

Libro de libros que nos trae la viveza de dos amores uno marcado por el pasado y la actividad económica de la madre del poeta y otro presente, actual donde la vida en pareja marca el rumbo de los poemas que lo componen.

Lirismo alejado de la poesía de la experiencia que se acerca más a lo vivido y lo vívido a través de la influencia de autores como Claudio Rodríguez, sin desechar en ningún momento los toques de denuncia y crítica social.

Aldealengua, en un lluvioso junio de 2018.

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Metafísica de la palabra, reseña de “Del fruto que arde”. Luis Llorente, La Garúa: 2017.

Metafísica de la palabra, reseña de Del fruto que arde. Luis Llorente, La Garúa: 2017.

Luis Llorente Benito nació en Segovia en 1984. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca. En 2010 publicó su primer libro de poemas: La rutina de la nieve (Huerga & Fierro). Poemas suyos han aparecido en diversas revistas, como la chilena Azu@rte (2009) o las mexicanas Migala (2012) y Ritmo (2015). Y ha sido incluido en varias antologías, como Poetas de Castilla y León, editada por Punto de Partida, de la Universidad Nacional de México (2010); La deriva alucinada: poesía en Salamanca (Luxemburgo, 2013), o El Salón Barney (Playa de Ákaba, 2014), y más recientemente en Nacer en otro tiempo. Antología de la joven poesía española. (Renacimiento, 2016).

Finalista en dos ocasiones del Premio Adonáis de poesía.

En 2011 fue invitado a participar en el ciclo Intersecciones, de la Universidad de Salamanca. Y, en 2015, fue contratado por el Ayuntamiento de Segovia para el XVI Festival Narradores Orales, dentro del programa La poesía también cuenta, que se desarrolló en verano en la Casa-Museo Antonio Machado. En otoño de 2015 apareció su segundo poemario: El vuelo y la mirada, en la editorial sevillana La Isla de Siltolá. Y en 2017 en la editorial La Garúa su último poemario, del que hoy nos ocupamos, Del fruto que arde.

Acercarse a la poesía de Luis Llorente es un trabajo que requiere de un bagaje anterior, Luis es ante todo un gran lector y en su poesía resuenan los versos de Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Luis Javier Moreno, Valente, san Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado o nuestro querido Claudio Rodríguez. Ya decía Miguel Floriano en su reseña a El vuelo y la mirada:

           ” Su poesía, que bebe hondamente de la tradición española y, sobre todo, del telurismo de Claudio Rodríguez, es una proclamación hímnica de la belleza sostenida por el mundo. La feroz corriente que se establece entre sus poemas y el lector –esto es, el verdadero fenómeno poético– acoge en su seno una emoción de doble naturaleza, en cuanto considerada y vivida al mismo tiempo. Este carácter dual funcionaría como trasunto a posteriori de su ars poetica: el poema se engendra desde la revelación suministrada por una sensibilidad despierta y la experiencia literaria que esta concita. Basten unos versos suyos para sintetizar su poética: ‘’Palabra / de celebración’’.”

Del fruto que arde es un poemario que se construye en el camino inserto en plena naturaleza de Castilla, el poeta andariego contempla  y como dice (Acaso quien camina es invisible / y oculta la tarea de la tierra / en el polvo cansado del prodigio, / en el tiempo robado al horizonte / para existir secreto / y en la hora azul cambiar / la muerte por la vida.)

Será la luz, el amanecer, el punto en que la “honda claridad” nos ayude a ver (Ver es una forma / de decir, de palpar / el grito aciago, la canción / presente de la tierra). El temblor, la multiplicidad del mundo, hará que nazca la voz, la palabra, en el preciso instante de la contemplación. El mundo representado en las pequeñas cosas nos abre hacia el absoluto ( y se expanda lo absoluto en el aroma de una tímida planta de romero). Sin embargo, la mirada movida por el temblor en ocasiones no conoce lo que toca y todo se vuelve opaco (Y yerra esta mirada / porque no conoce lo que toca; apenas es residuo / y se convierte en un temblor opaco.) Pero el instante nos acabará desvelando la luz del instante (Es ofrenda/ que alarga el resplandor de su prodigio, / la perpleja vela del instante)

Frente a la luz su reverso la oscuridad identificada con la muerte, serán el tiempo y el olvido su aliados. Aparece otro de los conceptos claves la herida, la cicatriz como voz del paisaje el verano hace que “lo que carece de luz vuelve a su gozo”.

Aquel temblor que nos movía está íntimamente relacionado con la música, con “la música olvidada de las cosas”. El poeta se contempla acompañado por otro que le acompaña por el aire que separa “la belleza de la muerte”, parte inmaterial que surge entre las ramas.

La contemplación de la verdad se acaba produciendo como una “llama (que) estalla, rompe el telón que se ha tejido hacia el fruto que arde”. El telos de la realidad deja ver el corazón de la materia, será el temblor el que desate la voz e interprete “el pobre diapasón de la materia”.

El vuelo devolverá los objetos a su orden y será el amanecer el encargado con su luz de que el poema sobreviva.

Es la celebración del yo lírico en el caminar el que hará renacer al corazón del olvido (es igual que caminar/ y de pronto celebrarse). Es la contemplación del don que alcanza al que escribe y al que lee. El don de encontrarse con tu otra luz transformada por el conocimiento, otro que espera ser a través de la contemplación. (Para vivir despacio con el llanto leve/ que no sirve de fuga a otro futuro./ Para extender la voz, hallar el aire,/latir con la palabra para urdir/ el tejido propicio del encuentro, escenario suspicaz de recogerse / y llama oblicua que devora el filo de la noche)

Pero el poeta va más allá y descubre que la respuesta que busca desde un principio  se encuentra en un punto más allá de la luz pues “es ese ser/ tan oscuro suplicando por la luz” quien la busca . (En la oscura luz está el despojo/ de la luz que se ahogaba en la presencia ama-/rilla del silencio) Y nos acabará reconociendo que (La esencia de las cosas/ no es su luz, sino su huella:/en el olvido van / a reflejarse las pisadas, razón del tiempo/ para el signo que atenaza su derrota); porque (para reconocer hay que esconderse,/ convertir el reflejo/ también en lo que huye,/también en la palabra/ que no se ha dicho hasta salir).

Nos encontramos por tanto ante una metafísica de la palabra, ontología del signo que se hace en la luz y en su reverso la sombra. El poeta andariego contempla en los campos de Castilla la verdad de lo que esconde la palabra, la verdad oculta tras los símbolos del poeta: el temblor, la música, el amanecer y su fruto la luz, la noche y su realidad: la oscuridad. Una búsqueda del significado del fruto que arde, de la palabra poética. La poesía como don-celebración, pero también como sufrimiento, como herida.

 

Aldealengua, mayo 2017.

Hombres que pisan esperanzas. Reseña de “Breve catálogo de insectos y otros seres menudos.” José Manuel Vivas, Lastura: 2018.

Hombres que pisan esperanzas. Reseña de Breve catálogo de insectos y otros seres menudos. José Manuel Vivas, Lastura: 2018.

 

Voy a comenzar hablando del título, Breve catálogo de insectos y otros seres menudos, pese a presentarse con clara intención entomológica no es ni más ni menos que un muestrario de lo que el ser humano puede hacer con el resto de sus congéneres. En estos tiempo en que todavía pervive el miedo hacia el otro, hacia el que es diferente a nosotros y nos hace vivir en una continua asepsia que nos lleva a cerrar fronteras y a encerrar a los migrantes en espacios que no existen para nosotros: bases abandonadas, campamentos en plena frontera, en definitiva no lugares que jamás habitaríamos de forma continua, lugares para la ignominia y la vergüenza.

Como decía, en estos tiempos donde el mayor enemigo del hombre es el hombre mismo la poesía comprometida se hace más necesaria y como dice el autor en su poema “La palabra y la espada” “… quien domina la palabra,/quien utiliza su locuaz trascendencia/ es el portador de los sueños, / es el constructor de la esperanza.” Poesía como elemento de denuncia, como elemento de lucha, de mejora en definitiva del ser humano desde el uso de la palabra, eso es lo que vamos a encontrarnos en este catálogo.

Los migrantes, los niños soldado, las niñas sometidas a ablación, los habitantes de los vertederos de las grandes ciudades, los consumidores de pegamento, las niñas prostituidas, todos y todas son para José Manuel Vivas pequeños insectos cuyas vidas penden de la decisión de otro hombre que los explota, que los maltrata, que los aplasta con el poder de sus manos. Esta característica vital del hombre actual marca al propio poemario que se inicia con un poema que no podría titularse de otra forma “Presentación de la bestia”,  donde nos presenta a este “bípedo animal incongruente”. El resto del libro se divide en dos partes “Prole” y “Memoria y olvido”.

“Prole” nos va mostrando bajo la mirada atenta del poeta y de su palabra certera y sobria como pide la temática de este catálogo, la vergüenza que nos acompaña como habitantes de este siglo XXI,  las pateras, los niños soldado, las favelas, Tinduf, la vida de los sin techo en San Petesburgo, Somalia, las esclavas sexuales, las fosas comunes. Un recorrido crudo y certero por las realidades que cada día pasan frente a nosotros por la televisión y a las que prestamos la misma atención que a un anuncio de coches, hemos aprendido a convivir con la miseria de otros sin que nos afecte y es aquí donde este poemario se vuelve necesario, nos hace reflexionar sobre esas realidades mostrándolas en forma de poema, haciéndonos mantener la mirada en aquello que queremos ignorar, aquello a lo que no prestamos atención suficiente: el sufrimiento ajeno. Muchas veces no somos conscientes como dice José Manuel en “Cuestión de tiempo” de que “Cada tres segundos muere un niño / en la calles, en los desiertos o en los bosques del mundo”, mientras recito estos versos acaba de morir otro niño. Realidades de las que nos hemos alejado desarrollando una insensibilidad que debemos dejar a un lado, recuperando la empatía y el afecto hacia los problemas de los demás.

La segunda parte y última del poemario “Memoria y olvido” deja a un lado el catálogo de realidades que nos ha mostrado, para de una forma más introspectiva clamar por la justicia, por algo tan básico como darnos cuenta de que hay otras realidades más allá de la televisión, más allá de la ficción de las series, más allá de nuestra zona de confort. Somos unos privilegiados aunque creamos que nuestros problemas son los más importantes del mundo. En “Declinaciones fuera de encuadre” dice el poeta “Presente imperfecto del verbo tener;/ Yo tengo comida, / tú tienes un supermercado, / él tiene hambre. / Nosotros tenemos agua, / vosotros tenéis el grifo, / ellos tienen sed. ”

Estamos, por tanto, ante un libro necesario, un libro que busca justicia y hacer justicia, un libro de denuncia, pero también de esperanza. Que busca aportar su grano de arena para cambiar el mundo, para abrirnos los ojos, para que podamos ver más allá de nuestras miserias diarias y que reconozcamos a aquellos que de verdad sufren, que de verdad necesitan nuestra ayuda. Libros como este se hacen cada vez más necesarios, para sacarnos de nuestra rutina que nos hace olvidarnos del otro, de sus necesidades que vemos lejanas a través de la pantalla de un televisor. Realidad al mismo nivel que la vemos en las calles de nuestras ciudades, pero que en muchas ocasiones obviamos por comodidad o porque creemos que no afecta a nuestra felicidad. Sin embargo, libros como “Breve catálogo de insectos y otros seres menudos” nos agitan y nos sacan de nuestro letargo para con un golpe de realidad ponernos frente al gran dilema moral de nuestra época, volcar nuestra vida al servicio de los demás, ofrecernos para que aquellos que no tienen ninguna o muy pocas oportunidades puedan disfrutar de las oportunidades que nosotros tenemos. Un libro para abrirnos los ojos.

http://lastura.es/?product=breve-catalogo-de-insectos-y-otros-seres-menudos

 

Pablo Malmierca,  primavera de 2018, Aldealengua.

“El país donde se enredan las palabras”, reseña de “Al pie de la letra”, Atilano Sevillano, Piediciones: 2017.

Atilano Sevillano actualmente imparte talleres de escritura creativa y cultiva la poesía visual, con ya cerca de 300 obras expuestas.

En Salamanca cofundó y codirigió la revista salmantina Aljaba. Papeles literarios. Es colaborador frecuente de numerosas publicaciones literarias tanto en España como en Hispanoamérica.

Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía de Barcelona. Está incluido en numerosos repertorios de autores como el Diccionario de autores españoles de la Cátedra Miguel Delibes.

Es autor de diversas obras entre las que destacan el poemario Presencia indebida con Prólogo de Claudio Rodríguez y de otros libros de microrrelatos como Lady Ofelia y otros relatos.

Ha participado en numerosas obras colectivas como Cosas que nos importan publicado por la Playa de Ákaba o en la reciente Pucela negra y criminal.

 

Para comenzar a hablar del libro que nos ocupa hoy, Al pie de la letra. Microrrelatos de la A a la Z. Me gustaría hacerlo con una cita de uno de los relatos hiperbreves que lo componen, en concreto del titulado “Apócrifo”, la cita dice así:

“Hablamos de un país donde se enredaban las palabras y el otoño no regresaba hasta la primavera y no había un colorín colorado”

Pues bien nos encontramos ante un país compuesto por 120 microrrelatos que dibujan un paisaje propio que va creciendo conforme avanzamos en la lectura de este magnífico libro. Escenas de lo cotidiano que como dice otro de los textos aparecen tras “darse una vuelta por la vida”.

Retratos-relatos que tienen como nexo común una visión, ya apuntada por David Acebes en el epílogo que acompaña el texto, cercana al existencialismo donde la soledad, la ironía, la deconstrucción tan grata a la visión postmoderna de la literatura se hacen  letra en el libro del que hoy nos toca hablar. Apunta Acebes además otros dos grandes temas el amor-desamor expresados como dicotomía complementaria a ese sentimiento de soledad que acompaña al libro.

Quizá y ya desde una óptica más personal y desde mis propias lecturas yo otorgaría al libro un cierto aire decadentista, si entendemos este movimiento literario de una forma un tanto simplista como “Un movimiento que arremete contra la moral y las costumbres burguesas, pretende la evasión de la realidad cotidiana, exalta el heroísmo individual y desdichado y explora las regiones más extremas de la sensibilidad y del inconsciente”, muchas de las historias y, sobre todo, el planteamiento que Atilano hace desde su fina ironía, se acercan mucho a la crítica social, a la evasión de un mundo que en ocasiones no se comparte aunque se sea parte integrante de él, un mundo tamizado y visible desde la propia sensibilidad del narrador que los subjetiviza en la mayoría de las ocasiones a través de la alta y la baja cultura librescas, léase el cómic o los clásicos como Dostoievski o Cervantes.

Atilano mezcla ese punto de vista ultra refinado que caracteriza al decadentismo con las técnicas más propias de la posmodernidad o ultramodernidad. Hábilmente se entremezclan en una misma historia Superman y Cervantes, sin olvidarnos de Anna Karennina o la misma Madame Bovary, pasando por el mismísimo Kafka. Alta y baja cultura al mismo nivel.

El microrrelato es a la vez el género más breve pero a la vez uno de los más complicados de escribir, requiere por parte del autor un despliegue de técnicas y recursos difíciles de integrar en el texto, destacaré entre otras la búsqueda de un final sorprendente que deje al lector perplejo, la mezcla de planos narrativos y temas; la alternancia de puntos de vista en los narradores, la unión como decía antes de alta y baja cultura, el mundo del cómic con obras como el Quijote; la inclusión del lector en el texto. Y es aquí donde coincido con David Acebes en su epílogo, estamos ante un género posmoderno, pero más que por los contenidos, por las técnicas utilizadas, pues como ya dije antes el tono general lo acerca más a las grades obras decadentistas de autores como Jules Barbey d’Aurevilly y Joris-Karl Huysmans.

Otra de las características propias de Atilano es la reutilización de lo que la lingüística textual ha llamado “textos de desecho”, además de narraciones o textos dialogados muy próximos al teatro, cuando no teatro propiamente dicho; aparecen anuncios clasificados, certificados, crónicas periodísticas, informes policiales, listas, posit. Todo un despliegue narratológico que demuestra el empleo del género por parte del autor. Un libro por tanto que se abre en 120 microrrelatos, originales no solo por su variado contenido, sino también por convertirse en un auténtico catálogo de técnicas y recursos literarios.

Además de los temas referidos anteriormente: amor, desamor, reescritura de los clásicos, mezcla de alta y baja cultura. Aparecen otros muchos: la cotidianeidad, los objetos como personajes, las reflexiones sobre el propio lenguaje, la metaliteratura, los bestiarios medievales, la metafísica, la reescritura donde Atilano rinde su pequeño homenaje a su otra gran faceta la poesía visual.

Estamos, por tanto, ante un libro rico en lecturas, que se desdobla y pliega sobre sí mismo para ofrecernos desde planteamientos posmodernos de reescritura y revisión de los clásicos una visión muy cercana al decadentismo donde lo individual realiza una crítica de lo social desde el distanciamiento de la ironía que tan bien maneja Atilano. Un libro ameno, que tiene la capacidad de sorprendernos en cada nuevo microrrelato, algo harto difícil si pensamos que este pequeño libro está compuesto por 120 textos. Para amantes del género, pero también para todos aquellos que quieran disfrutar de la buena literatura y de las grandes historias, aunque como en este caso en pequeño formato.

Al

Degustación del poema. Reseña de “Ritmo latino”, Jorge Barco Ingelmo. Visor: 2017. (XV Premio Emilio Alarcos).

 

 

Una sorpresa es la parte poética

del libro invisible. El hilo de fe

que se reserva a las erratas. Nota

a pie que descorazona al destino.

Rafa Pontes

 

 

Jorge Barco Ingelmo comenzó su andadura poética haya por el año 2000 con los  cuadernos de poemas: El rastro de mis lágrimas y Recuerdos de lo mío y de lo ajeno. Los poemarios Algún día llegaremos a la luna y Vivimos encerrados en burbujas transparentes. En el año 2013 vio la luz su poesía reunida que abarcaba los años 1998 a 2013 en el volumen El principio celular.

Además de ganar con Ritmo latino el XV premio Emilio Alarcos, anteriormente fue galardonado con el Premio de la Academia Castellana y Leonesa de Poesía por Algún día llegaremos a la luna.

Acercarse al universo de Jorge Barco solo se puede hacer con un gran bagaje cultural, en su poesía se da cabida a la alta y baja cultura por igual. Son continuas sus alusiones a los clásicos latinos, probablemente fruto de la lectura del poeta José Antonio González Iglesias, al que alude en uno de sus poemas diciéndonos que, y cito literalmente, es “su marca de vitaminas favorita”. Junto a estas referencias clásicas aparecen otras como citas a canciones de Shakira, Carlos Boyero o Chayanne.

Podría parecer esta forma de intertextualidad un totum revolutum, pero en el caso de Jorge no es así. Todas estas referencias se articulan en una voz que se vuelve peculiar. La mixtura afecta también al lenguaje y con gran habilidad se hace poesía con el lenguaje publicitario de los anuncios por palabras, con una receta de cocina o con una carta más que directa a un editor de poesía. Jorge se adueña de lo que algunos lingüistas llaman textos de desecho y los eleva a literatura, a alta literatura. Esta técnica hace que Ritmo latino sea a la vez un texto fresco y sorprendente.

El otro gran valor del libro, a mi juicio, es la adecuada utilización de un recurso tan complicado como la ironía. Se interrelaciona de forma sorprendente con los distintos niveles del lenguaje y es, a mi modo de ver, un acierto. No es lo mismo ironizar sobre algo tan serio como el mundo clásico en “Medea la de los grandes pechos”, texto de contexto clásico, que si lo hacemos usando el lenguaje directo de un anuncio por palabras. Se logra la desautomatización del mundo mitológico al insertarlo directamente en algo tan prosaico como “Mil anuncios”.

Sin embargo, el libro no agota aquí sus virtudes. En estos tiempos de lo que se ha dado en llamar “porn-food”, fenómeno tan visible en las redes sociales. Jorge añade esta, digamos, forma de contar al poema. El libro, el poema, deja de ser objeto de consumo cultural para pasar a ser devorado literalmente. Para ello, de nuevo, se recurre a la apropiación del lenguaje de otros ámbitos de la vida para pasarlo por el tamiz de Ritmo latino. Los juegos de citas tienen también un papel importante y a la altura de Ovidio vemos al propio Ferrán Adriá.

Abundan además las referencias a la cotidianeidad del poeta, a una realidad que nos presenta de una forma crítica, que se presenta de forma más efectiva al utilizar gran cantidad de elementos de la cultura mainstream, para pasarlos, en una metáfora que al propio autor le agradaría, por la batidora, para conseguir una nueva receta de la poesía.

Es este un libro más que fresco como ha dicho el jurado del premio Emilio Alarcos, novedoso; por la forma de poetizar la realidad, por crear una nueva desautomatización de la vida a través de sus elementos más comunes. El cine, la música, la televisión, en definitiva la cultura popular pasada por el tamiz de los clásicos han hecho de Ritmo latino una delicatesen elaborada con alimentos que podríamos encontrar en cualquier supermercado de barrio.

Después de saborear la poesía de Jorge Barco, os quedaréis con ganas de más.

Pablo Malmierca. Aldealengua, 10/6/2017.

El temblor ante una nube. Reseña de “Nubes de evolución”, Luis Ramos: Piediciones. www.piediciones.es

 

 

Ha amanecido. Y cada esquina canta,

tiembla recién llovida. Están muy altos

el cemento y el cielo.

Me está llamando el aire con rutina,

sin uso.

El violeta nuevo de las nubes

vacila, se acobarda. Y muy abiertas

vuelan las golondrinas y la ciudad sin quicios,

el bronce en flor de las campanas. ¿Dónde,

dónde mis pasos?

Tú no andes más. Di adiós.

Tu deja que esta calle

siga hablando por ti, aunque nunca vuelvas.

Casi una leyenda, Claudio Rodríguez.

 

 

Pese a su pequeño tamaño este libro se despliega de forma asombrosa cuando comenzamos a leer sus páginas, conforme nos vamos adentrando en él descubrimos una poesía que trata de des-velarnos la realidad oculta a los ojos de múltiples formas.

En este poemario se ofrecen una serie de claves que nos servirán para poco a poco conocer mejor el mundo que nos rodea y por ende a nosotros mismos y a nuestros semejantes. Todos podemos contemplar la realidad, el mundo se nos ofrece tal cual es, pero aquí “Nubes de evolución” nos insemina con una serie de dudas de carácter existencial y yo diría que hasta ontológico. El mundo como diría Claudio Rodríguez es materia y luz, pero ¿cómo interpretarlo? Aquí se articula el discurso que entronca la idea central de la obra, de una forma muy claudiana el mundo toma su verdadero cariz en dos momentos únicos y efímeros, el crepúsculo y el amanecer; en estos dos momentos las formas toman consistencia más allá de la materia, las sombras toman todo el protagonismo y la luz disuelve los contornos en una forma nueva, es decir, nos desvela el verdadero cariz de los objetos que nos rodean. Sin embargo, como sabemos desde Platón, un mundo de sombras puede ser engañoso, la caverna no deja ver las verdaderas formas. Pues bien, aquí aparecen otras dos formas de conocer la realidad: el reflejo, elemento otorgado por el agua, y el aire como elemento definidor de la materia, Luis toma la voz del filósofo y nos lanza la cuestión de que es el oxígeno que contiene el cántaro la verdadera forma del cántaro, ¿qué define a la realidad, el continente o el contenido? Y todo esto con qué fin os estaréis preguntando, pues bien el agua y la luz como creadoras de significado. El agua es la piel del poema, reflejo cristalino de la vida. Juego del espejo y las sombras. La realidad desvelada en sus formas secundarias, el reflejo del cristal y la sombra proyectada por la luz.

Llegados a este punto aparece el poema recubierto por el agua, por el reflejo de las cosas y sus sombras. Será el canto y no la palabra (el borde de las sílabas, el abrazo de la voz, el clamor de la brisa emocionada) : la música de las palabras. Y el  silencio que dota a la palabra de un significado más potente, sin silencio no habría música. Sin sombra no habría luz, sin reflejo no existiría la imagen. Sin el aire que contiene el cántaro no habría cántaro. Somos yo, pero también él y tú, será el amor el que nos mueva hacia el otro.

Y es aquí donde brota la poesía, después de todo este despliegue conceptual, Luis se para en los seres y objetos más humildes, la gota de lluvia, la brizna de paja, la flor, la libélula, todos ellos frágiles y caducos como el ser humano. Si algo llama la atención de la voz poética es la continua interpelación al lector, no estamos ante una escritura que simplemente se regodee en la belleza, en la contemplación de una realidad subjetivizada. En un determinado momento se nos dice “tu sombra es el camino”. Busca mover al lector, hacerle partícipe de una alteridad que se ha conseguido a través de un sentimiento tan humano como el amor.

Esta búsqueda se realiza a través del gesto, el gesto y su corolario el tacto, que como diría Jean Luc Nancy es el sentido total, pues permite sentir al otro, acercarnos a la realidad, pero este conocimiento nunca es completo, ya que podemos acercarnos, pero nunca llegamos a tocar el objeto. El gesto necesita a su vez un motor el temblor, producido por una pulsión de muerte, que se transforma en contemplación de la naturaleza activa en este proceso de conocimiento.

Este proceso de conocimiento del otro, que también lo es de la realidad es siempre ascendente, como corresponde a alguien que ve la vida con el optimismo de un luchador por las injusticias. Desde el propio título, se nos habla de nubes, hasta las continuas referencias a las flores o a elementos verticales que indican el optimismo vital de la voz que ha creado aquí el poeta, marcada por la llamada a la acción ante la imperfección del mundo que nos rodea. Pese a su carácter más lírico, este libro tiene mucho en común con su anterior obra “Entre cunetas”, dedicada a los muertos en la Guerra Civil y que todavía siguen tirados en los campos de España.

Junto a este cuerpo central del poemario, aparecen también referencias a la poesía comprometida, toda poesía debe ir unida a un compromiso ético, no olvidemos que para Luis es un tema fundamental. Aparece también la crítica a otros aspectos más localistas como la situación de Zamora, su ciudad, tema que le preocupa desde su faceta más política.

La densidad temática en ningún momento merma la calidad literaria de la obra, todo el poemario es un excelente ejercicio de musicalidad, con una cadencia y un ritmo muy logrados, lo que unido a un cuidado casi artesanal del lenguaje hacen de este libro una lectura muy recomendable, tanto por su faceta literaria como ética y humana.

Este libro se abre como el amanecer y se cierra en un crepúsculo que no dejan de ser el momento decisivo en que podemos conocer, desvelar el mundo, los momentos en que las sombras toman posesión de todo y, por tanto, observamos el mundo en todas sus dimensiones.

 

 

Distancia de ti a mí,

distancia.

Entre tú y yo,

nada.

Valorio 42 veces, Agustín García Calvo.

 

Pablo Malmierca. Aldealengua, 2/6/2017.

La negatividad positiva, reseña de GAS de Vicente Muñoz Álvarez

La negatividad positiva, reseña de GAS, Vicente Muñoz Álvarez. Ediciones Lupercalia, 2016.

Escribir sobre veinte años de carrera reducidos a 271 páginas se traduce en una labor difícil, tan difícil como la del antólogo, es este caso el propio autor. Sin embargo, quien mejor que uno mismo  para resumir cinco poemarios publicados y dos inéditos que su mano creadora.

Canciones de la gran deriva, Privado, Parnaso en llamas, Animales perdidos y Días de ruta, marcan el camino poético de uno de los grandes poetas subterráneos de las últimas décadas. Vicente Muñoz Álvarez ha conseguido crear una línea narrativa que convierte a GAS, no en una mera selección de textos, más bien podemos hablar de un título diferente en su trayectoria literaria. GAS ofrece su propia visión de las cosas, se lee  como un texto unitario, donde el autor muestra su evolución personal y poética. Pues eso es la poesía de Vicente Muñoz Álvarez: una visión introspectiva del mundo que le rodea, que conforme avanza en el libro se va depurando en lo personal y lo formal.

Para quienes no conozcan con anterioridad su obra, GAS despliega una línea cronológica y narrativa, desde el punto de vista existencial, muy clara. Vicente nos guía por su rico y dicotómico mundo, como el lazarillo que acompaña al ciego, en un paseo literario por su poesía tan rico como sugerente, donde la premisa “escribir es quemarse vivo” nos acompaña hasta el final.

Canciones de la gran deriva (1999-2012) es el retrato de un momento, de un lugar, de una persona, predomina la poesía de carácter narrativo y el análisis social. Antes calificaba la poesía de Vicente Muñoz de dicotómica, el mundo, la sociedad analizada es a la vez interior y exterior, introspección y extroversión a partes iguales. Estos dos mundos, este microcosmos y a la vez macrocosmos personal se dan la mano en el poema central “En el puerto”.

Estamos ante una voz poética dominada por la nausea de existir, que encuentra la belleza en lugares donde otros poetas nunca la buscarían, en un fotograma de Nekromantic 2, film necrófilo donde los haya.

Esta voz tiende hacia la sencillez formal, voz despojada que calificaría de metafísica en muchos momentos.

Articulados los distintos libros como parte de un todo, Canciones aparece marcado por el paso del tiempo y el peso que el presente y el pasado pueden tener sobre el futuro, cómo las opciones vitales no pueden llenar el vacío existencial del poeta.

En línea con esta obsesión por el tiempo o la memoria como losas absolutas del presente se abre la segunda parte de GAS, que corresponde al poemario Privado. Se nos invita recogiendo al viejo tópico del Carpe Diem a vivir el presente desde la pluralidad de las vidas que nos quedan dentro. Pero el pasado siempre está ahí, desde la ironía con que se va la niñez, la realidad se convierte en un sueño y el poeta trata de huir del tiempo, del esplín que nos marca. Pero junto a este spleen, siempre introspectivo, vuelve la crítica y la denuncia social.

Fruto del enuii vital la voz poética siente cómo ha perdido el paraíso, como su tiempo ha sido expropiado y desde ahí solo hay un paso hacia la alienación por el trabajo, rechazada de plano.

En este punto aparece el cuerpo, primero como tumba del yo y cárcel interior. Después tras reflejar la deriva interior, tras días de tregua, el cuerpo se transforma en templo contra la agresión exterior, será la única vía de salvación.

Este viaje guiado hacía la poesía de Vicente Muñoz Álvarez tiene su siguiente parada en Parnaso en llamas (2006), el enuii, la sensación de vacío hace partir esta estación de sentimientos negativos como la insatisfacción, la soledad o el resentimiento hacia una búsqueda de la luz fuera de ese interior destrozado, una luz que al final del libro es ya ensoñación.

Hablamos de insatisfacción por lo que pudo ser y no fue, la soledad, los conflictos y el inevitable vacío. La espera se convierte en esperar y no encontrar. La soledad provocada por la obligación de ser todos igual provoca una evasión hacia lo profundo.

El camino del escritor no puede ser otro que crear, disentir y volar, construir su propio camino.

inicio a la vida desde la oscuridad

del miedo hacia la luz

Avanza GAS hacia su siguiente estación Animales perdidos (2012). La voz poética, fuertemente autobiográfica parte de su estado anterior: la soledad. Se rompe su mundo, la pareja, la ciudad se sustituye por el extrarradio.

Continuamos solos pero nunca ajenos al mundo, la denuncia social, la mujer sola en la gran urbe como paradigma de animal perdido.

En este punto aparecen los dos animales capitales: la oveja negra y el perro de lluvia. La literatura se convierte en oficio y salvación, los poemas son la tabla de salvación de nuestro naufragio personal

Frente a la soledad, la resistencia como forma de vida. La memoria erosiona, desgasta, cansa, es el hogar del engaño, lo único que nos queda es el poema. El yo se fragmenta, se rompe, aparecen el poeta y el vendedor como trasuntos del yo poético.

Ese pesimismo ahonda en el texto. Todos estamos muertos y pagamos la hipoteca de estar vivos. Aunque no todo es negativo, como he dicho el poema es salvación al igual que el amor hacia el otro, dar y recibir. Llegamos así al paradigma de  la libertad, dos perros vagabundos viviendo en pareja en el bosque, ajenos al mundo.

GAS como poemario unitario tiende a despojarse de todo lo accesoria, en lo formal y en el contenido:

la budeidad

del bosque

de piedra

Y así,

las palabras

son semillas

que germinan

como flores

carnívoras

en el subconsciente

Si es la palabra la que nos salva, Días de ruta (2014) se convierte en la apuesta suicida por la literatura. Vivimos sin libertad, domina la ley del más fuerte, la herencia nos determina. La solución es escribir poesía o perderse en el mundo, no existen más opciones.

Es este el punto donde los opuestos cobran todo su significado, Vicente como vendedor vive en un mundo de soledad, melancolía, frustración, donde convergen ideas recurrentes: el suicidio, la servidumbre o el miedo. Un camino equivocado donde todo se convierte en pura teleología, importa el fin, la meta. Y es ese fin el que le lleva al fondo, al final de ese otro, y en ese momento nace su verdadero oficio, su adicción, la escritura que se transforma en embriaguez y su correspondiente resaca, en penuria.

Se convierte en Días de ruta la escritura en biorritmo vital del autor, el uso de contrarios nos sumerge en sus altibajos. Frente al vendedor, el poeta recicla la mugre de la sociedad, loes poetas son los perros de lluvia: marginados, iluminados, auténticos.

Hablábamos al principio de que escribir es quemarse vivo, en este libro el alma del hombre ya está ardiendo. La realidad nos ancla al suelo y el sueño nos hace alzar el vuelo.

Podríamos resumir la voz poética de Vicente Muñoz Álvarez con una dicotomía: la negatividad positiva. Todo se reduce a un juego de máscaras donde la rutina del otro, del vendedor, se diluye en la identidad que proporciona la poesía. Llegamos así al gran axioma que marca transversalmente GAS, “Yo es otro”, y es la noche la que aporta paz y tranquilidad al poeta.

Hasta aquí la primera gran parte de GAS que funciona como un todo, un camino introspectivo, de búsqueda continua, para llegar al puerto que marca Lobos de mar. La voz poética ha pasado de vivir en una gran deriva a ser un experto marinero.

El destino aparece marcado por la palabra, piedras que unidas dan destino a la poesía. Estamos ante un libro mucho más experiencial que el resto, la realidad es mentira y nuestra obligación es construirla de nuevo, una realidad habitada por hombres lobo-cordero. El comienzo de lo nuevo siempre es la pérdida, lo nuevo que no sabemos buscar. Todo es cambiante a nuestro alrededor, no hay nada inmutable, incluso el amor. El pasado se presenta como nostalgia, lo que permanece es la tristeza que queda en el corazón. Esa relatividad hace que el yo sea la única tabla de salvación frente al mundo, un yo que en su interior es una marea cambiante y en el exterior el mayor crimen para los demás. Debemos tener la libertad de elegir, de ser. Al final no somos más que pantalla de nuestra vida, perdemos la capacidad de ser actores. Todos nuestros actos son una mera distracción para olvidarnos de la muerte.

El éxito y el fracaso siempre van de la mano y oscilan, el tópico del Fortuna imperatix mundi en todo su esplendor.

La poética de Vicente puede resumirse en dos versos de este poemario:

…te has desnudado

y vaciado sobre el papel

La conclusión del poeta no puede ser más clara, el amor es la salvación del hombre, lo demás ceniza. Quedan algunos amigos, amores, poetas, algunos lobos de mar.

Finaliza GAS con Libro de haikus. Recopila todos los temas que obsesionan a Vicente Muñoz Álvarez: dualidad, paso del tiempo, amor, mundo, muerte…

Se produce la decantación absoluta de su poesía, proceso iniciado en el principio de la antología. La antítesis como figura central que recorre toda la producción de Vicente Muñoz Álvarez, que nos hace oscilar entre la realidad y el deseo, la vida y la literatura. Pues eso es GAS, nada más y nada menos que se diría, vida y literatura en estado puro.GAS

La fuerza del odio, reseña de “La leyenda del cantero de Salamanca”.

Acercarse a un género como las leyendas y hacerlo atractivo a los nuevos lectores es algo difícil de lograr. En “La leyenda del cantero de Salamanca” se consigue de una forma acertada.

La narración respeta los elementos característicos de estos escritos: elementos fantásticos, historia real, acción centrada en un personaje (en este caso el cantero Esteban), estar insertado en un momento y un tiempo determinados (Salamanca, durante la construcción de la Catedral Nueva). A estos elementos su autor ha añadido una narración muy didáctica que hará la delicia de los lectores que quieran ampliar sus conocimientos sobre cómo se vivía en la Salamanca del siglo XVI, la estructuración del trabajo en el gremio de los canteros, los distintos tipos de vivienda, e incluso una descripción urbana de la ciudad.

Se podría decir que el didactismo puede convertirse en un freno para el ritmo de lectura del texto, pero no es así. Las digresiones didácticas se insertan en momentos del texto que no son fundamentales para la acción. Nos encontramos ante un narrador que se adecúa perfectamente a la tipología de la leyenda, no sólo nos cuenta, sino que además nos enseña, nos muestra, nos acompaña en ese viaje virtual que es “La leyenda del cantero de Salamanca” por una época pasada.

Tiene la virtud esta voz creada por Alberto Rubio Blanco de introducir un vocabulario actual que en ningún momento chirría con la historia. Atreviéndose incluso a incluir un pasaje sexual explícito. Este suceso es el que, a mi juicio, da mayor frescura al libro. Sin ningún tipo de rubor a imitación de las novelas más actuales la pareja protagonista, Esteban y Leonor, tiene un encuentro sexual que es narrado con naturalidad y constituye uno de los clímax del texto.

Al tratarse de un texto breve los personajes principales, incluido el antagonista de Esteban están trazados de forma sutil pero clara. Con unas pocas líneas sabemos cómo son o cómo van a actuar en un futuro.

“La leyenda del cantero de Salamanca” es una historia de celos, amor, ocultación, de justicia poética. Todo ello en un ambiente duro para Esteban, hombre que persigue la felicidad y que cuando cree encontrarla sufre la desdicha del rechazo. Un texto sobre la otredad, sobre lo difícil que se hace aceptar a los que son diferentes, sobre el odio que durante mucho tiempo vivió en la sociedad española del siglo XVI contra los judíos.

Como toda leyenda, la historia se perpetúa hasta la actualidad. Hábilmente el autor nos trae desde el siglo XVI hasta la Salamanca del siglo XXI. Crea una nueva leyenda con sus lugares particulares que cualquiera puede visitar. Una acertada aportación al imaginario colectivo de una ciudad de por sí plagada de extraordinarias narraciones, lugares mágicos donde se aparecía el diablo o calles testigo de milagros.

Tal y como dice su autor acertadamente “La leyenda del cantero de Salamanca” es un homenaje a la ciudad de Salamanca y sus habitantes, pero yo añadiría como he dicho más arriba que también es una gran aportación a su imaginario colectivo.

 

Pablo A. García Malmierca

 

Alberto Rubio Blanco (autor), Andrea Acedo Bueno (ilustradora). La leyenda del cantero de Salamanca. El Desván, Salamanca: 2016. ISBN: 978-84-945738-9-7

http://www.desvaneditorial.com

La esperanza tiene forma de delfín. Reseña de “El merodeador” de Vicente Muñoz Álvarez.

Escribir sobre un libro de Vicente Muñoz Álvarez puede convertirse en un ejercicio de introspección del que, como lector, uno puede no salir ileso. Alrededor de El merodeador crecen enredaderas que desde nuestros pies ascienden hasta lo más profundo de nuestro cerebro y corremos el riesgo de que se mantengan allí mucho tiempo, tirando de nosotros hacia el suelo primigéneo de nuestros más ocultos miedos y fobias.

El merodeador nos plantea un viaje interior hacia un mundo plagado de preguntas, existenciales en su mayor parte. ¿Es el mundo como lo vemos o como lo sentimos? ¿Qué puedo esperar de la realidad, a parte de ansiedad? ¿Qué nos domina, el pensamiento o la acción? ¿Es el sueño la salvación a nuestros males? ¿Cuál es el lugar de la pérdida de la identidad? ¿Existe un mundo fuera del que nosotros creamos?

Pero sobre todas estas preguntas, sobre todos los relatos que componen el libro sobrevuela una obsesión. Igual que Cthulu habita en el fondo del mar esperando el momento de emerger, en nuestro subcosnciente viven, latentes, esperando su momento nuestros miedos más ocultos. Podríamos hablar de El merodeador como un catálogo de los horrores que acompañan al hombre moderno en su día a día: la soledad, el miedo a la muerte, las obsesiones, la locura, la pérdida del ser amado, la alienación del trabajo que nos encarcela…

En este texto encontramos ricas referencias literarias y cinematográficas recuerdos a El corazón delator, las obsesiones del Bernhard más angustiado de Corrección, partes oscuras de nuestra mente que emergen a la realidad como el asesino más despiadado de un slasher que armado de paciencia espera a su víctima agazapado hasta encontrar el momento adecuado para asestar su cuchillada.

Aunque sea un libro de relatos, todo gira alrededor de la idea central del individuo fragmentado, vacío, víctima del insomnio más recalcitrante. Un individuo que podríamos decir vive en un universo propio, un universo concentrado en ocasiones en el interior de una caja de zapatos, del que emergen como vías de salvación delfines y mundos paralelos que se despliegan hasta construir un todo narrativo donde la técnica de las cajas chinas lleva el texto desde la ficción hasta una realidad creada o mejor dicho recreada desde la subjetividad del narrador-escritor-espectador.

El libro, como todo lo que escribe Vicente Muñoz, tiene una fuerte carga autobiográfica lo que aumenta su crudeza. Leemos así de forma diferente frases como: “nuestra vieja unión necesitará consumirse para resurgir luego fortalecida de sus propias cenizas”. La esperanza de la reconstrucción está presente a lo largo de todos los relatos. Frente a la culpa, el insomnio, los pasos nocturnos, siempre hay una esperanza como el delfín que se salva de morir encallado en una playa, como la relación muerta por el alcohol , como la cordura perdida en la miasma de las fobias, como la lluvia que algún día cesará.

Un libro muy recomendable de uno de los adalides del underground literario en España. La oportunidad de leer buena literatura alejada de los ya ajados caminos del mainstream, literatura en estado puro, como un golpe directo a la mandíbula.

Muñoz Álvarez, Vicente. El merodeador. Acvf, 2016.

http://www.acvf.es/?p=2276

El merodeador

El mundo puede tener

forma

de caja de zapatos.

Incluso

en ese rectángulo

pueden caber

otras realidades.

Entre los intersticios de esos muros,

golpean,

cadenciosos,

los pasos agónicos de tu otro yo.

Al retirar la tapa

te salpicará

un delfín arrodillado,

un suicida oculto en una carta,

un doctor apuntándote

con un tensiómetro en la sién.

Nada es lo que parece

o

quizás

todo tenga la lógica de la locura.

 

Pablo Malmierca

 

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