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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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amistad

Idus de marzo

Cuídate de los Idus de marzo, la resaca de la victoria conlleva el dulce murmullo de la vanagloria vacía de expectativas. Resguárdate de las caricias llegadas desde la estulticia de los arribistas.
La amistad es la moneda más cara, la más difícil de encontrar y siempre todo anverso tiene su reverso, toda sonrisa su mueca de terror, todo abrazo su puñal oculto.
Transita por los días aferrado a tu caballo ganador, pues cuando este se acabe cansando caerás al suelo, y el fango primordial te recibirá, igual que antes a otros. El barro adherido a tu piel impedirá que te reconozcan, aquellos que te loaban entonces te pisotearan confundiéndote con el polvo del camino.
Mantente lejos de los caminos, recorre el mundo entre la maleza y el suelo virgen, la espesura siempre ha ocultado a los locos. El rostro de la impudicia se limpia a menudo con la cordura de los valientes.
Y recuerda… Cuídate de los Idus de marzo.

Pablo Malmierca

Ojos

Hace algunos años un amigo me decía que mantuviera los ojos en un sitio y la mirada en otro. Después de mucho años sin saber el uno del otro la poesía nos reencontró, la vida nos había llevado por caminos opuestos, por caminos que divergían. Extraños en un mundo que casi nunca comprendimos. Pasó el tiempo, veinte años casi, y la escritura acercó aquello que la vida había dejado de lado. Sigo conservando aquel papel en el que escribió esas palabras. Una frase que nos definía perfectamente entonces y que puede servir de pequeña biografía hoy.
La mirada siempre perdurará por encima de los ojos. Muchos sabemos que hay ojos vacíos, que los hay sin mirada, sin sentimiento. Recuperar la mirada que tuvimos un día en la escritura es una afirmación de la vida donde antes rehuía. Explorar lo inexplorado, viajar a través de las palabras por universos inhóspitos, descubrir y navegar por las conexiones entre corazón y mente. Dejarse arrullar por el piélago del subconsciente.
En definitiva, vivir y resurgir cada día de ese lugar más allá en el que habitamos un día y que hoy es referente de la palabra, de la poesía.
El silencio que une, la distancia que apuntala, el calor de la palabra incendiada.

Pablo Malmierca.

Roce

Roce

El roce de sus dedos en tu cuello,
la caricia amarga del reconocimiento,
un escalofrío sube por tus terminaciones nerviosas,
la calma y la dulzura de sus brazos.

La sensación de bienestar,
un minuto del que apenas recordarás nada,
el vacío como respuesta a tus plegarias,
la amnesia de las horas pasadas.

La mano cubierta de lágrimas de sangre,
cerca de tu nuca
dos incisiones perfectas,
el vampiro te ha visitado otra vez.

El engaño circulando por tus venas,
la mentira en forma de empatía,
la distancia entre tú y yo
destruida,
sólo existe un yo
que devora todo a su alrededor.

La felicidad del idiota,
mejor no recordar,
mejor alejarse de tu causa,
mejor flotar en la inconsciencia.

Aunque,
existen otros caminos paralelos al precipio,
paseos sedientos de las perlas de tu sangre,
el inicio del fin.

Pablo Malmierca

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