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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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poema

Necesidad

Necesidad

 

El  arco iris como dogma de fe,

recuerdo de una infancia inconclusa,

así el asombro de una voz.

 

El mundo desde la óptica del espectador

fragmenta los latidos de la lluvia.

La ansiedad en unos labios ajenos

se despliega sobre el jazmín de tus párpados.

 

El aroma a sándalo e incienso

impregna las dudas del porvenir,

siempre es más bello el horizonte

que por desconocido se pliega en la noche.

 

Necesito creer en ti,

los nombres se deshacen en el pálpito de una estrella;

necesito reconocerme en las palabras

que no dices,

en la respiración que posas en mis sienes.

 

Necesito creer en ti,

para alejarme de mis propios pasos,

para volar hacia el amanecer

que nos reconoce.

 

Me reconozco en tus promesas,

en el tiempo que se retuerce en tus manos,

en mi propia necesidad de existir.

 

Pablo Malmierca

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Sobre poetas lectores

Sobre poetas lectores

Siempre recuerdo esas fotografías de Vicente Aleixandre donde aparece rodeado de un buen número de poetas, desde un recién llegado a Madrid Claudio Rodríguez a un jovencísimo Valente; o echando la vista a una época anterior la relación de Juan Ramón Jiménez con la Generación del 27. Decía  Rafael Alberti en 1980: “Por aquellos apasionados años madrileños, JRJ era para nosotros, más que Antonio Machado, el hombre que había elevado a religión la poesía, viviendo exclusivamente por y para ella, alucinándonos con su ejemplo”, y Juan Ramón también describió perfectamente el espíritu de estos jóvenes poetas en carta a Gerardo Diego en 1920: “Me parece magnífico que los nuevos -ustedes aquí, en este caso- hagan lo que hacen, y lo otro y lo de más allá, todo cuanto signifique ‘contra’ y ‘verde’, único valor juvenil, mientras cada uno -el que pueda- va encontrando por sí solo, aún dentro de su grupo natural, su propio clasicismo”. Incluso en la carta a Jorge Guillén de 1922: “¡Qué alegría ver subir ‘nuevos completos’ como usted!…”. “Jamás poeta español iba a ser más querido y escuchado por toda una rutilante generación de poetas”, escribió en sus memorias Rafael Alberti.

En los tiempos que corren, ajenos en muchas aspectos a la tradición, donde se vive en un presente continuo sin pasado y sin futuro, con unos dirigentes políticos que priman el cortoplacismo frente a cualquier plan de futuro, donde los adolescentes, y los no tan adolescentes, viven abducidos por un hedonismo superfluo y melifluo, la poesía ha dejado de vivir contemplando el pasado con admiración. La figura del maestro ha desaparecido, por desgracia para los poetas jóvenes no existe ningún Aleixandre, ningún Juan Ramón Jiménez en el que reflejarse y con el que departir sobre poesía.

Ya sea porque para ser poeta importa más el branding que el consejo de un maestro; ya sea porque cada vez hay más escritores que han decidido que para serlo no es necesario conocer la tradición; ya sea porque la poética de la normalidad ha defenestrado líneas muchos más interesantes y con más cosas que decir; ya sea porque en poesía también se ha instalado el miedo y es más fácil ser aceptado escribiendo poesía comercial; ya sea…

La realidad es que entre tanto ruido cada vez es más difícil encontrar apuestas rotundas por la palabra. Vivimos frente a un televisor que pocas veces conseguimos sintonizar, un lugar donde el ruido blanco se ha instalado como discurso plenamente aceptado. Un lugar de escritores que han dejado de ser lectores, que se jactan en ocasiones de no haber leído un libro, que se enorgullecen de su ignorancia porque así se asimilan a una cultura de la imagen que desprecia la letra escrita, que sumen así su escritura en un charco del que es muy difícil salir, un charco en el que todos saltan felices.

Pero, como decía antes, frente a la ausencia de maestros generacionales se erige una nueva figura la del poeta-lector. Frente a tanta dejadez y gusto por el éxito fácil implantado por la mercadotecnia, una serie de escritores siguen creyendo en el valor de la tradición, ya sea para continuarla, ya sea para intentar sobrepasarla, y en sus textos se leen entre líneas a grandes o pequeños poetas, a pensadores o novelistas, incluso resuenan múltiples resonancias musicales.

Una poesía, en definitiva, rica en matices, en la que escuchamos la enseñanza de maestros que ejercen sus magisterio desde sus libros, desde la atenta lectura de esos poetas que se elevan por encima del ruido y son capaces de ofrecernos la música de sus poemas.

Poema de amanecida

Poema de amanecida
 
Tirita el monte,
crepitan las ascuas del roce.
Emborráchate de los hilos de la lumbre,
llámame en lugar de llorarte.
 
Construye lápidas de cobre,
puertas de brea,
unos zapatos nuevos
con las esquirlas del aire que respiras.
 
Al amanecer,
la reconstrucción de las sombras
mostrará los senderos
de tu último viaje.
 
La luz, el vuelo,
la verticalidad del páramo,
el grito de las cornejas,
el aroma de tus sienes.
 
Todo me recuerda
al ansia de seguir tus pasos.
 
Pablo Malmierca

Proyecto “Somos nombres”

El poeta José Yebra ha creado el proyecto “Somos nombres” en el instituto Rey Pelayo de Cangas de Onís. Una de las iniciativas consiste en regalar poemas cedidos por diversos autores, esta es mi aportación a dicho proyecto. La maquetación ha sido realizada por los propios alumnos. Se trata además de un proyecto que implica a diversas ONGs.

Para más información sobre el proyecto:

https://www.somosnombres.org/

Cuando te encontré…
braquiabas entre los árboles
arrullando las hojas caídas,
hozabas el sedimento
buscando la humedad,
ansiabas al animal
de nuestros sueños primigenios.

Sin embargo, te deseaba…
retorcida entre metáforas,
perdida entre símbolos inconexos,
asida al significado más extremo,
viva sobre la laguna Estigia.

Te di la mano,
te llevé al camino más esquinado,
intente hacerte mía…

…pero seguía sintiéndome solo.

Pablo Malmierca

La banda sonora de mis poemas (II). “dD”

Hay canciones que representan determinados estados de ánimo, que se entrecruzan con el proceso doloroso de la escritura. Cuando escribí mi primer libro de poemas publicado “dD” y exploraba cómo las relaciones de poder creaban un campo de direccionalidad entre el adentro y el afuera del cuerpo. Cómo el “quiero que seas”, imaginado, intencionado y deseado del otro crea una imagen negativa del soy del individuo, provocando estados de ánimo que rozan la enfermedad mental.

Cuando estas fuerzas actúan de tal manera que el afuera se convierte en espacio de poder y tensión entre las resistencias que se crean, y ante múltiples afueras se produce la destrucción del espacio de la direccionalidad y, por consiguiente, del cuerpo y del espíritu de la persona.

El individuo se acaba convirtiendo en un cuerpo sin referencia, imposible de leer. En ese momento la banda sonora fue y es de Nine Inch Nails y su canción “Hurt”.

Nunca

Nunca

Como un silencio lanzado al mar
en una botella de burbon,
las cicatrices de nuestros pies
recuerdan la intensidad de una vida.

Como una rama rota en el fuego
mis huesos dejan de doblarse
al compás del absurdo del tiempo.

Nunca una amistad tan breve
duró tanto tiempo,
nunca unas notas deshilachadas
se grabaron para siempre.

Fue el azar y la melancolía,
la sed de mar y de lágrimas,
la llamada del niño
y del perdido.

Fue el viento y la tempestad,
la necesidad de encontrar respuestas,
una botella varada en una playa
reflejando la luz de un faro perdido.

Nunca el absurdo
se mostró tan racional.

Pablo Malmierca

Respirar es más fácil

Respirar es más fácil

Purificas el aíre
que respiran mis pulmones
en cada hálito de vida.

Trasteas con mis dedos
mientras mis pensamientos
vagan erráticos
entre fumarolas de pasado.

La tibieza del mundo
excreta palabras de olvido
sobre las marcas de tiza
que sobreviven en los árboles.

El trazado de los brazos
sobre el cielo inmaculado,
la huella de una ausencia interminable,
el momento de la pausa
de la quietud en la tempestad.

Aprendimos a caminar
sin el corsé de lo consabido,
sin la rigidez de las normas absurdas.

La única frontera éramos nosotros,
el único recorrido nuestro cuerpo,
la verdadera meta encontrarnos.

Pablo Malmierca

Buscas el día sin encontrar la noche

Buscas el día sin encontrar la noche

Persigues la luz,
la oscuridad siempre ha estado aquí,
invocando a la imperfección,
evocando las ausencias,
los ritmos asociados a tu melancolía.

Te echo de menos,
el amanecer roza los astros
con la intensidad de la lejanía.

Busco el fulgor de una roca
hundida en la profundidad abisal,
la quietud de mis jaurías,
la tranquilidad que atenaza.

El fuego de las luces caleidoscópicas
cae sobre la insensatez del mundo.

Me persigues,
huyo tan lejos de ti
como me permiten mis branquias.

Me obligas a pernoctar
a la sombra de un ciprés
devorado por la tristeza.

En la frontera de los epitelios
aposentaré mi viejo cuerpo,
a la espera de un tiempo distinto
donde tus destellos
se aproximen a mi noche.

Pablo Malmierca

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