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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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Pablo A. García Malmierca

Próximamente “No comas mi corazón”, mi nuevo poemario.

Tengo que daros una gran noticia, próximamente, en concreto el 7 de noviembre, será la primera presentación de mi nuevo poemario “No comas mi corazón” publicado con mi editorial de referencia, Piediciones.

En esta ocasión el libro aparecerá prólogado por el poeta y experto en la poesía de Claudio Rodríguez, Luis Ramos, que ha realizado un espléndido trabajo dando las claves de una obra que se abre en múltiples facetas.

Además hay que destacar que cuento con la extraordinaria colaboración de Fernando García Malmierca, fotógrafo zamorano que ha colaborado con siete fotografías interiores, que preludian cada una de las parte en que se ha dividido el libro y con la foto de portada. Fernando es un artista reconocido a nivel internacional y contar con su trabajo es un lujo que nunca podré agradecerle lo bastante.

“No comas mi corazón” supone un paso adelante en mi poesía. Si dD era un libro introspectivo marcado por el yo y el él, este nuevo trabajo es una introspección en el nosotros desde un punto de vista ético. Y qué mejor que un sentimiento universal como el amor con sus múltiples facetas para recorrer esa ética del ser humano.

Conforme se acerque su publicación iré desgranando más aspectos del libro.

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ÖNoticia y reflexión sobre facebook

La semana pasada recibí la noticia de que me incorporaba al equipo de la editorial Piediciones http://www.piediciones.es , cual fue mi sorpresa cuando en un corto periodo de tiempo algunas personas dejaron de seguirme en facebook. Entonces decidí escribir el siguiente post en esa red social, la respuesta fue masiva.

“Agradecimiento:
este post es para agradecer su marcha a todos los que se están yendo de mi muro. Desde que se anunció mi incorporación a la editorial Piediciones, muchos han sido los que después de la noticia han dejado de seguirme. Creo que muchos son los que desde aquí y formando auténticos grupos de poder intentan dirigir el gusto del público hacia una u otra tendencia literaria, se defienden posturas difíciles de defender y al final se muestra una visión deformada de la realidad literaria en que vivimos. Por suerte, estamos en un momento de tal riqueza que nada de esto sería necesario, pero sigue funcionando la lógica del patio de escuela: el amigo de mi amigo es el mío y su enemigo también.
La dinámica de esta red social es así de simplona, de niño de 9 años.
Yo sólo defiendo mi trabajo, mis libros, mi revista, si a alguien más le molesta, por favor, le invitó a abandonar este muro. Por suerte, existe mucha otra gente, que sin apenas conocerme, pues soy un recién llegado al circo literario, me ha acompañado hasta ahora. A todos ellos les doy mi agradecimiento público.
Escribir siempre ha sido una carrera de fondo, con un desgaste muy alto, pero no por la escritura que siempre nos salva, más bien por toda la farándula que acompaña, fiel reflejo de las miserias del ser humano.
Lo dicho, aquí seguiré haciendo mi camino, siempre de la forma que me venga en gana. Ya lo he dicho alguna vez, no tengo nada que perder, ni que ganar, simplemente alimentar una necesidad que surge de dentro.
Os doy las gracias a todos, a los que os quedáis y a los que decidáis iros.

Creo que hay poco que añadir, simplemente que para cualquier consulta sobre autopublicación o publiación estoy a vuestra disposición. Mi correo electrónico es: pablomalmierca@piediciones.com

En la negación encontré la salida

En la negación encontré la salida

El sueño vaticina la calma,
los nervios centellean bajo la piel,
una nueva necesidad:
la quietud en la demora.

La esperanza de la partida,
acabar con un débito
que nunca fue mío,
saciar la sed
en el abrevadero de lo efímero.

Mis pies se hunden
en la arena batida por las olas,
apenas puedo avanzar
entre los restos de las rocas.

Macilento intento incorporarme,
es la necesidad de sobrevivir,
el canto de las gaviotas sobre mis pensamientos,
reinventar mi vida en tus manos.

Caminar sediento,
estremecido en tu aleteo.

1000 seguidores

Hoy es un día importante para mi blog personal, he conseguido llegar a los 1000 seguidores. Cuando comienzas un proyecto de este tipo, siempre piensas que lo que escribes llegará a poca gente, que el interés por la literatura es mucho menor que el que se tiene por otros temas; pero por suerte todavía hay personas que se interesan por lo que se escribe. Me gustaría dar las gracias a todos los que han estado desde el principio, por desgracia muchos han ido quedando por el camino por muy distintas circunstancias. En la literatura, como en otras facetas humanas, las discrepancias se suelen convertir en hostilidad abierta. Siempre he intentado hacer las cosas de la mejor manera posible, pero si algo tengo muy claro es que no trago con ruedas de molino, ni busco el reconocimiento de palmeros y aduladores. Llegué a la literatura sin nada y sin nada sigo, nunca he tenido nada que perder.
Por suerte también me he encontrado con grandes personas, por encima de cómo uno escriba o deje de escribir la sinceridad y la coherencia deben ir por delante. Por suerte o por desgracia amigos he hecho pocos en mi periplo literario.
No me quiero poner moralista, simplemente dar las gracias a todos los que estáis ahí y sabéis de sobra quiénes sois, no necesito nombraros.
Aprovecho para dejaros los enlaces de los lugares virtuales donde me podéis encontrar

Degustación del poema. Reseña de “Ritmo latino”, Jorge Barco Ingelmo. Visor: 2017. (XV Premio Emilio Alarcos).

 

 

Una sorpresa es la parte poética

del libro invisible. El hilo de fe

que se reserva a las erratas. Nota

a pie que descorazona al destino.

Rafa Pontes

 

 

Jorge Barco Ingelmo comenzó su andadura poética haya por el año 2000 con los  cuadernos de poemas: El rastro de mis lágrimas y Recuerdos de lo mío y de lo ajeno. Los poemarios Algún día llegaremos a la luna y Vivimos encerrados en burbujas transparentes. En el año 2013 vio la luz su poesía reunida que abarcaba los años 1998 a 2013 en el volumen El principio celular.

Además de ganar con Ritmo latino el XV premio Emilio Alarcos, anteriormente fue galardonado con el Premio de la Academia Castellana y Leonesa de Poesía por Algún día llegaremos a la luna.

Acercarse al universo de Jorge Barco solo se puede hacer con un gran bagaje cultural, en su poesía se da cabida a la alta y baja cultura por igual. Son continuas sus alusiones a los clásicos latinos, probablemente fruto de la lectura del poeta José Antonio González Iglesias, al que alude en uno de sus poemas diciéndonos que, y cito literalmente, es “su marca de vitaminas favorita”. Junto a estas referencias clásicas aparecen otras como citas a canciones de Shakira, Carlos Boyero o Chayanne.

Podría parecer esta forma de intertextualidad un totum revolutum, pero en el caso de Jorge no es así. Todas estas referencias se articulan en una voz que se vuelve peculiar. La mixtura afecta también al lenguaje y con gran habilidad se hace poesía con el lenguaje publicitario de los anuncios por palabras, con una receta de cocina o con una carta más que directa a un editor de poesía. Jorge se adueña de lo que algunos lingüistas llaman textos de desecho y los eleva a literatura, a alta literatura. Esta técnica hace que Ritmo latino sea a la vez un texto fresco y sorprendente.

El otro gran valor del libro, a mi juicio, es la adecuada utilización de un recurso tan complicado como la ironía. Se interrelaciona de forma sorprendente con los distintos niveles del lenguaje y es, a mi modo de ver, un acierto. No es lo mismo ironizar sobre algo tan serio como el mundo clásico en “Medea la de los grandes pechos”, texto de contexto clásico, que si lo hacemos usando el lenguaje directo de un anuncio por palabras. Se logra la desautomatización del mundo mitológico al insertarlo directamente en algo tan prosaico como “Mil anuncios”.

Sin embargo, el libro no agota aquí sus virtudes. En estos tiempos de lo que se ha dado en llamar “porn-food”, fenómeno tan visible en las redes sociales. Jorge añade esta, digamos, forma de contar al poema. El libro, el poema, deja de ser objeto de consumo cultural para pasar a ser devorado literalmente. Para ello, de nuevo, se recurre a la apropiación del lenguaje de otros ámbitos de la vida para pasarlo por el tamiz de Ritmo latino. Los juegos de citas tienen también un papel importante y a la altura de Ovidio vemos al propio Ferrán Adriá.

Abundan además las referencias a la cotidianeidad del poeta, a una realidad que nos presenta de una forma crítica, que se presenta de forma más efectiva al utilizar gran cantidad de elementos de la cultura mainstream, para pasarlos, en una metáfora que al propio autor le agradaría, por la batidora, para conseguir una nueva receta de la poesía.

Es este un libro más que fresco como ha dicho el jurado del premio Emilio Alarcos, novedoso; por la forma de poetizar la realidad, por crear una nueva desautomatización de la vida a través de sus elementos más comunes. El cine, la música, la televisión, en definitiva la cultura popular pasada por el tamiz de los clásicos han hecho de Ritmo latino una delicatesen elaborada con alimentos que podríamos encontrar en cualquier supermercado de barrio.

Después de saborear la poesía de Jorge Barco, os quedaréis con ganas de más.

Pablo Malmierca. Aldealengua, 10/6/2017.

Balance del 2016

Toca hacer balance del año que se acaba. Ver qué hemos hecho bien y qué pudimos hacer mejor. Trescientos sesenta y cinco días son muchos días. Siempre habrá buenos y malos recuerdos, personas que llegaron para quedarse, otras que pasaron de largo y unas pocas que mejor que nunca se hubieran acercado. Lo importante es el aprendizaje que podamos sacar de todas nuestras experiencias, nunca el mal recuerdo, ni la rabia; debemos aprender de lo positivo y lo negativo, y crecer, siempre crecer.
Quiero aprovechar estas líneas para agradecer a todos los que nos vemos por aquí vuestra compañía virtual. Escribir es un acto solitario, compartir mis escritos me ayuda a mejorar, a buscar nuevas vías de expresión y a algo mucho más importante crear lectores. Cuando se escribe y no se comparte, esa obra no tiene lo más importante: lectores que aprueben o denuesten lo escrito, personas que con su particular sensibilidad sepan llegar al fondo de lo que el autor quiere decir.
Escribir es crear nuevos significados a través de otros conocidos, es decir, escribir es crear un mundo de apertura, reinterpretar lo viejo en algo nuevo. Nadie puede crear desde la nada, todos estamos inmersos en una realidad que se interpreta a través de un lenguaje, y es el gesto del escritor, del artista el que crea el arte, el que crea una apertura que ayuda a ver el mundo de otra forma. En muchas ocasiones esa apertura no coincide con el horizonte de expectativas que tenemos respecto a lo leído. En estos momentos donde predomina la poesía de compromiso y la poesía de la experiencia, leer a autores que escribimos sin tener en cuenta la obra como significante total es un acto de comunicación que en muchas ocasiones se torna en fallido. Como lectores esperamos que la obra se explique en relación con el mundo que la rodea, que quede clausurada en un todo explicado y claro. Sin embargo, existe otra forma de ver las cosas, una literatura que busca la apertura de nuevas expectativas, que a partir de los significantes dados quiere crear una apertura del mundo. Una obra abierta con mayores posibilidades de expresión y de interpretación.
En muchas ocasiones me sorprende la cantidad de personas que leen mis poemas, que los valoran. Por eso mi agradecimiento de este año va dirigido a todos aquellos que me acompañan en este arduo camino que es crear una apertura hacia una realidad renombrada en la poesía. A todos aquellos que compartimos letras de forma desinteresada. Mi más sincero agradecimiento para todos. Y como es tiempo de desear, simplemente deseo que seáis felices, que podáis pasar por la vida de forma plena, disfrutando cada día y cada momento.

Pablo Malmierca

Leer y escribir.

Mi historia como escritor comienza como la de muchos, me apasiona la lectura. No me haré aquí el pedante diciendo que leo, como diría Mañach, alta literatura, no creo en el concepto de alta cultura y baja cultura. Mis lecturas siempre han sido de lo más variopintas, puedo estar leyendo a Holderlin y a la vez a Clive Barker, a Novalis y a Lovecraft. Tampoco hago ascos a Calderón de la Barca o a Góngora mezclados con Pérez Zaragoza, todo tiene su tiempo y su lugar. Si algo aprendí en la universidad fue a rechazar los cánones que se nos imponían, a dejar a un lado los manoseados manuales que repiten una y otra vez los mismos mantras.

 

Mi formación estuvo muy próxima a todo centro posible, pronto aprendí a descentrarme. Si me recomendaban leer “Los límites de la interpretación” de Eco, leía todo lo que caía en mis manos de Foucault, de Derrida. Cometí el error de quedarme en la universidad, intenté o intentaron, eso ya no lo sé, adaptarme al sistema, las cosas pintaban bien. Pero me fui, dejé todo y volví a comenzar de nuevo. Siempre volver a empezar es un reto, pero necesario para vivir. Acabé Hispánicas y me lancé a Filosofía, un nuevo camino, perlado también de decepciones y sobresaltos. Sin embargo, me sirvió para darme cuenta de que el conocimiento se encuentra pegado a nuestros pasos, no a los pasos de otros. Repetir lo ya dicho, hacerse grande a lomos de gigantes, que diría Buffón, no trae grandes recompensas a nivel personal, quizá sí a nivel social y público. Pero a quién le importan los demás, por desgracia a muchos. Hoy está totalmente viva la frase de Sartre “El infierno son los otros”, en todos los ámbitos de la vida, la intersubjetividad del sujeto está presente, el final de nuestra libertad está en los demás; yo añadiría en la mala leche, en la envidia, en fin, en tantos aspectos de la vida que sería imposible desbrozarlos uno a uno.

 

Pero volvamos al asunto que aquí nos ocupa, la lectura, las lecturas, el difícil mundo de atravesar la red de conceptos que se nos abre frente a nosotros en un espacio dominado por las relaciones personales y el mercantilismo. Cojamos como ejemplo la red social Facebook y el empleo torticero que se hace de ella para fomentar a determinados autores o camarillas. Si uno abre su página de Facebook, verá como unos autores se promocionan apoyados en otros y esos otros en los unos que antes les habían promocionado. Esto no tendría la mayor importancia si no se tratara de un mero juego especulativo, cuántos se han parado a analizar la poesía o la prosa de este autor o aquella escritora, prácticamente nadie y cuando se hace, se emplea la suficiente mala leche o el insuficiente compadreo que lleva al lector lego a hacerse una idea distorsionada de la realidad: si fulano, que se supone es muy bueno, dice que mengano es un gran escritor entonces yo tengo que leerlo porque sino soy un mal lector, no estoy a la última o, peor aún, no me aceptarán en este espacio, que al fin y al cabo es la finalidad última y primera de las redes sociales: la aceptación personal.

Por suerte, sigue habiendo gente independiente, que por encima de todo y, más que nada, por debajo de este sistema de acólitos, dice y escribe lo que piensa, sin pensar en un futuro aceptado dentro de una congregación.

Leer y escribir se convierte en un acto de fe, un acto de reivindicación personal frente a lo establecido, frente a las modas impuestas, frente al mercantilismo, frente a egos desorbitados, frente a todo aquello que no es literatura, frente al faranduleo, frente a la pose. Escribir y leer es un acto de libertad, no puede obedecer a razones impuestas. Por desgracia ahora mismo en el mundo en el que nos movemos todos, queramos o no, rigen una leyes que lo dominan y que por extensión nos dominan a todos, leer y escribir puede convertirse en un instrumento de resistencia frente a un mundo hostil e hipercapitalizado hasta el extremo, donde hasta las emociones más privadas se hacen públicas a golpe de clic.

Pablo Malmierca

La negatividad positiva, reseña de GAS de Vicente Muñoz Álvarez

La negatividad positiva, reseña de GAS, Vicente Muñoz Álvarez. Ediciones Lupercalia, 2016.

Escribir sobre veinte años de carrera reducidos a 271 páginas se traduce en una labor difícil, tan difícil como la del antólogo, es este caso el propio autor. Sin embargo, quien mejor que uno mismo  para resumir cinco poemarios publicados y dos inéditos que su mano creadora.

Canciones de la gran deriva, Privado, Parnaso en llamas, Animales perdidos y Días de ruta, marcan el camino poético de uno de los grandes poetas subterráneos de las últimas décadas. Vicente Muñoz Álvarez ha conseguido crear una línea narrativa que convierte a GAS, no en una mera selección de textos, más bien podemos hablar de un título diferente en su trayectoria literaria. GAS ofrece su propia visión de las cosas, se lee  como un texto unitario, donde el autor muestra su evolución personal y poética. Pues eso es la poesía de Vicente Muñoz Álvarez: una visión introspectiva del mundo que le rodea, que conforme avanza en el libro se va depurando en lo personal y lo formal.

Para quienes no conozcan con anterioridad su obra, GAS despliega una línea cronológica y narrativa, desde el punto de vista existencial, muy clara. Vicente nos guía por su rico y dicotómico mundo, como el lazarillo que acompaña al ciego, en un paseo literario por su poesía tan rico como sugerente, donde la premisa “escribir es quemarse vivo” nos acompaña hasta el final.

Canciones de la gran deriva (1999-2012) es el retrato de un momento, de un lugar, de una persona, predomina la poesía de carácter narrativo y el análisis social. Antes calificaba la poesía de Vicente Muñoz de dicotómica, el mundo, la sociedad analizada es a la vez interior y exterior, introspección y extroversión a partes iguales. Estos dos mundos, este microcosmos y a la vez macrocosmos personal se dan la mano en el poema central “En el puerto”.

Estamos ante una voz poética dominada por la nausea de existir, que encuentra la belleza en lugares donde otros poetas nunca la buscarían, en un fotograma de Nekromantic 2, film necrófilo donde los haya.

Esta voz tiende hacia la sencillez formal, voz despojada que calificaría de metafísica en muchos momentos.

Articulados los distintos libros como parte de un todo, Canciones aparece marcado por el paso del tiempo y el peso que el presente y el pasado pueden tener sobre el futuro, cómo las opciones vitales no pueden llenar el vacío existencial del poeta.

En línea con esta obsesión por el tiempo o la memoria como losas absolutas del presente se abre la segunda parte de GAS, que corresponde al poemario Privado. Se nos invita recogiendo al viejo tópico del Carpe Diem a vivir el presente desde la pluralidad de las vidas que nos quedan dentro. Pero el pasado siempre está ahí, desde la ironía con que se va la niñez, la realidad se convierte en un sueño y el poeta trata de huir del tiempo, del esplín que nos marca. Pero junto a este spleen, siempre introspectivo, vuelve la crítica y la denuncia social.

Fruto del enuii vital la voz poética siente cómo ha perdido el paraíso, como su tiempo ha sido expropiado y desde ahí solo hay un paso hacia la alienación por el trabajo, rechazada de plano.

En este punto aparece el cuerpo, primero como tumba del yo y cárcel interior. Después tras reflejar la deriva interior, tras días de tregua, el cuerpo se transforma en templo contra la agresión exterior, será la única vía de salvación.

Este viaje guiado hacía la poesía de Vicente Muñoz Álvarez tiene su siguiente parada en Parnaso en llamas (2006), el enuii, la sensación de vacío hace partir esta estación de sentimientos negativos como la insatisfacción, la soledad o el resentimiento hacia una búsqueda de la luz fuera de ese interior destrozado, una luz que al final del libro es ya ensoñación.

Hablamos de insatisfacción por lo que pudo ser y no fue, la soledad, los conflictos y el inevitable vacío. La espera se convierte en esperar y no encontrar. La soledad provocada por la obligación de ser todos igual provoca una evasión hacia lo profundo.

El camino del escritor no puede ser otro que crear, disentir y volar, construir su propio camino.

inicio a la vida desde la oscuridad

del miedo hacia la luz

Avanza GAS hacia su siguiente estación Animales perdidos (2012). La voz poética, fuertemente autobiográfica parte de su estado anterior: la soledad. Se rompe su mundo, la pareja, la ciudad se sustituye por el extrarradio.

Continuamos solos pero nunca ajenos al mundo, la denuncia social, la mujer sola en la gran urbe como paradigma de animal perdido.

En este punto aparecen los dos animales capitales: la oveja negra y el perro de lluvia. La literatura se convierte en oficio y salvación, los poemas son la tabla de salvación de nuestro naufragio personal

Frente a la soledad, la resistencia como forma de vida. La memoria erosiona, desgasta, cansa, es el hogar del engaño, lo único que nos queda es el poema. El yo se fragmenta, se rompe, aparecen el poeta y el vendedor como trasuntos del yo poético.

Ese pesimismo ahonda en el texto. Todos estamos muertos y pagamos la hipoteca de estar vivos. Aunque no todo es negativo, como he dicho el poema es salvación al igual que el amor hacia el otro, dar y recibir. Llegamos así al paradigma de  la libertad, dos perros vagabundos viviendo en pareja en el bosque, ajenos al mundo.

GAS como poemario unitario tiende a despojarse de todo lo accesoria, en lo formal y en el contenido:

la budeidad

del bosque

de piedra

Y así,

las palabras

son semillas

que germinan

como flores

carnívoras

en el subconsciente

Si es la palabra la que nos salva, Días de ruta (2014) se convierte en la apuesta suicida por la literatura. Vivimos sin libertad, domina la ley del más fuerte, la herencia nos determina. La solución es escribir poesía o perderse en el mundo, no existen más opciones.

Es este el punto donde los opuestos cobran todo su significado, Vicente como vendedor vive en un mundo de soledad, melancolía, frustración, donde convergen ideas recurrentes: el suicidio, la servidumbre o el miedo. Un camino equivocado donde todo se convierte en pura teleología, importa el fin, la meta. Y es ese fin el que le lleva al fondo, al final de ese otro, y en ese momento nace su verdadero oficio, su adicción, la escritura que se transforma en embriaguez y su correspondiente resaca, en penuria.

Se convierte en Días de ruta la escritura en biorritmo vital del autor, el uso de contrarios nos sumerge en sus altibajos. Frente al vendedor, el poeta recicla la mugre de la sociedad, loes poetas son los perros de lluvia: marginados, iluminados, auténticos.

Hablábamos al principio de que escribir es quemarse vivo, en este libro el alma del hombre ya está ardiendo. La realidad nos ancla al suelo y el sueño nos hace alzar el vuelo.

Podríamos resumir la voz poética de Vicente Muñoz Álvarez con una dicotomía: la negatividad positiva. Todo se reduce a un juego de máscaras donde la rutina del otro, del vendedor, se diluye en la identidad que proporciona la poesía. Llegamos así al gran axioma que marca transversalmente GAS, “Yo es otro”, y es la noche la que aporta paz y tranquilidad al poeta.

Hasta aquí la primera gran parte de GAS que funciona como un todo, un camino introspectivo, de búsqueda continua, para llegar al puerto que marca Lobos de mar. La voz poética ha pasado de vivir en una gran deriva a ser un experto marinero.

El destino aparece marcado por la palabra, piedras que unidas dan destino a la poesía. Estamos ante un libro mucho más experiencial que el resto, la realidad es mentira y nuestra obligación es construirla de nuevo, una realidad habitada por hombres lobo-cordero. El comienzo de lo nuevo siempre es la pérdida, lo nuevo que no sabemos buscar. Todo es cambiante a nuestro alrededor, no hay nada inmutable, incluso el amor. El pasado se presenta como nostalgia, lo que permanece es la tristeza que queda en el corazón. Esa relatividad hace que el yo sea la única tabla de salvación frente al mundo, un yo que en su interior es una marea cambiante y en el exterior el mayor crimen para los demás. Debemos tener la libertad de elegir, de ser. Al final no somos más que pantalla de nuestra vida, perdemos la capacidad de ser actores. Todos nuestros actos son una mera distracción para olvidarnos de la muerte.

El éxito y el fracaso siempre van de la mano y oscilan, el tópico del Fortuna imperatix mundi en todo su esplendor.

La poética de Vicente puede resumirse en dos versos de este poemario:

…te has desnudado

y vaciado sobre el papel

La conclusión del poeta no puede ser más clara, el amor es la salvación del hombre, lo demás ceniza. Quedan algunos amigos, amores, poetas, algunos lobos de mar.

Finaliza GAS con Libro de haikus. Recopila todos los temas que obsesionan a Vicente Muñoz Álvarez: dualidad, paso del tiempo, amor, mundo, muerte…

Se produce la decantación absoluta de su poesía, proceso iniciado en el principio de la antología. La antítesis como figura central que recorre toda la producción de Vicente Muñoz Álvarez, que nos hace oscilar entre la realidad y el deseo, la vida y la literatura. Pues eso es GAS, nada más y nada menos que se diría, vida y literatura en estado puro.GAS

Programa de radio Poetry Music Radio

Ya podéis escuchar el programa de radio en el que acompañé a Felipe J. Piñeiro. Además de escuchar una gran selección musical y grandes poemas, me oiréis recitar varios de mis poemas.

http://www.ivoox.com/13289360

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