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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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Pablo Malmierca

Roce

Roce

El roce de sus dedos en tu cuello,
la caricia amarga del reconocimiento,
un escalofrío sube por tus terminaciones nerviosas,
la calma y la dulzura de sus brazos.

La sensación de bienestar,
un minuto del que apenas recordarás nada,
el vacío como respuesta a tus plegarias,
la amnesia de las horas pasadas.

La mano cubierta de lágrimas de sangre,
cerca de tu nuca
dos incisiones perfectas,
el vampiro te ha visitado otra vez.

El engaño circulando por tus venas,
la mentira en forma de empatía,
la distancia entre tú y yo
destruida,
sólo existe un yo
que devora todo a su alrededor.

La felicidad del idiota,
mejor no recordar,
mejor alejarse de tu causa,
mejor flotar en la inconsciencia.

Aunque,
existen otros caminos paralelos al precipio,
paseos sedientos de las perlas de tu sangre,
el inicio del fin.

Pablo Malmierca

Vacuidad

El engaño de la intensidad sustituye la nefanda carencia que habita entre los piélagos de tu lejana Escandinavia. Rémoras absortas en ojos que se creen vacuos, pero que afirman la inefable travesía del viajero perdido. Te encontrarás al final del camino habitado por las ratas, te encontrarás desnuda y deshabitada entre unos brazos ajenos.

Pablo Malmierca

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Diario polar (día 11)

 

Diario polar (día 11)

Frío, siento el frío deshaciendo el tuétano de mis huesos. Lo tengo tan dentro que ya es una parte de mí. Preferiría no sentir, que el dolor se alejase de mi carne, pero no es así. Ya decían los clásicos, vivir es morir, la vida viaja a una velocidad endemoniada. Los demonios son los caballos de mi vida, la tortura de su presencia me lleva en una infinita montaña rusa, hacia arriba, al fondo, siempre hacia el fondo. Escribir es la única liberación, todo el pánico que me produce vivir se transforma en palabras, las ideas fluyen desde las ciénagas del inconsciente.
La catarsis necesaria que permite limpiar el pozo de la percepción, frente a la oscuridad del mundo, la luz de la poesía, la salvación en fonemas que no por manidos suenan cada vez más nuevos.

Mi piel es cada vez más azul, Transelgor soy yo, su clima, sus ventiscas, el hielo cada vez más puro…

Un azul casi transparente.

Pablo Malmierca

Diario polar (día 9)

Diario polar (día 9)
Desde la época de los bloqueos el voto en las elecciones se ha ido radicalizando, los partidos con propuestas más cerradas al exterior han ido ganando fuerza, hasta el punto de que ahora mismo son el 90% de nuestros representantes. Se ha potenciado lo propio, lo que nos identifica, todo se ha institucionalizado, incluso la literatura.
Antes los escritores concurrían en concursos literarios, los premios eran variados: publicar un libro, dinero, el reconocimiento… Aunque después de las últimas elecciones se decidió en referéndum que pasaran a formar parte del ejército. Se creó el cuerpo de escritores con varias divisiones: poetas, prosistas y dramaturgos. Pasean por las calles con sus característicos uniformes verde serpiente, muchos de ellos lucen gibosos por el tremendo peso de sus condecoraciones literarias, gustan de pasear con todas las medallas que han conseguido en los diversos concursos patrocinados por el estado. A más medallas mayor estatus.
Hace cosa de un mes, justo en la época de las ventiscas, me llegó una carta del Ministerio de defensa, era un llamamiento a incorporarme a filas. Había llegado a sus oficinas la noticia de que acababa de publicar mi primera obra y debía incorporarme a filas con el rango de soldado raso. Desde ese día decidí que la insumisión era la única salida a tanto desvarío. Hoy recibo el segundo aviso, dice que en el caso de no incorporarme en el plazo de quince días seré juzgado y declarado culpable. La elección es triple: ingresar en el ejército, la cárcel o ser un prófugo de la justicia.
Creo que ya he decidido mi destino…

Diario polar (día 8)

Diario polar (día 8)

En Transelgor no hay árboles. Hace muchos años, cuando sufrimos un bloqueo salvaje por parte de los países colindantes, nos quedamos sin combustible para calentarnos y lo único que pudimos hacer fue talar todos los árboles. Pasamos de ser un país cubierto por un precioso manto verde a ser un erial, similar a la estepa rusa. En lugar de abetos ahora sólo hay hierbas bajas; los pájaros emigraron hacia otras zonas. Nos hemos convertido en un desierto helado.

Desde entonces nuestro carácter también ha cambiado, éramos un pueblo abierto, celebrábamos la visita de turistas de otros lugares; ahora nos hemos vuelto huraños, la presencia de un extraño en nuestras ciudades nos conmociona, hasta el punto de que no aparecemos en casi ninguna guía de viajes de países extranjeros.

El aislamiento y el desierto helado nos imprimen una forma de ser que también ha impregnado nuestra literatura. No celebramos la primavera, ni los pájaros, ni la alegría de vivir. Si algo define nuestra producción cultural es el sufrimiento. Debido a la crisis espiritual y al desgarramiento existencial producido por una realidad que no aceptamos, nuestros libros hablan de seres divididos, de individuos que buscan su esencia en el dolor provocado por los otros, por la sociedad, por la naturaleza. Se trata de una búsqueda que está dando grandes resultados literarios, aunque en su mayoría silenciados por las autoridades. Podríamos hablar de una literatura oficial, promovida por un ministerio de cultura que ejerce de gran censor, obras que hablan de temas comunes: amor, familia, historias de superación, bestsellers en su mayoría, obras de usar y tirar. Sin embargo, hay una literatura subterránea, prohibida en muchos ámbitos del país, una literatura diferente que lucha por demostrar que el arte está en todas partes. Obras que surgen del sufrimiento personal del escritor, obras que tienen solo un criterio la VERDAD, por encima de la MENTIRA de la literatura más oficial.

En fin, ahora mismo se desarrolla una guerra desigual, que todos sabemos que no es nueva, es una constante a lo largo de la historia de la literatura en Transelgor. Como siempre, el tiempo pondrá a cada uno en su lugar.

Diario polar (día 7)

Diario polar (día 7)

Je suis d’un pur pays
que la neige mutile.
L’hiver y mord à même
La chair vive du jour.
(Paul Chaulot)

(Soy de un puro país
que la nieve mutila.
El invierno muerde allí
la carne viva del día.)

Vivo en un país lejos de cualquier parte. Geográficamente estamos a pocos kilómetros del polo norte, disfrutamos de nuestra insularidad, eso nos da un carácter especial. Somos tranquilos, el tiempo apenas nos apremia, las distancias son tan cortas que podemos recorrer la isla de punta a punta en apenas una hora. El problema es el hielo y la nieve, el problema son las castas dominantes, el problema es la ley del mercado, el problema es el valor de la cultura.
No sé si os he dicho ya que me llaman poeta. Llevo escribiendo muchos años, pero nadie lo sabía, ahora que lo saben me han puesto una etiqueta, me dicen palabras que muchas veces ignoro. Hay una costumbre por estas latitudes que consiste en premiar de vez en cuando a obras o autores. Como somos un país dominado por el frío, en las relaciones personales también domina el hielo. La franquicia “POETAS S.A.” unida al lobby de las “EDITORIALES S.L.” tienen el dominio de esos premios. Poemas valorados fuera de circuitos oficiales son dejados aparte en concursos en los que priman otros valores que tienen muy poco que ver con la literatura. No sé si esto ocurrirá en otros lugares, pero aquí en Transelgor está a la orden del día.
En Transelgor estamos marcados por nuestro aislamiento y el clima que todo lo domina, si viviéramos en un lugar más templado quizá todo fuera distinto, o no.

Pablo Malmierca

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué si la poesía
es esencia de verdad se deturpa?

¿Por qué si las palabras
nacen de los huesos las mancillas?

¿Por qué si los fonemas
atraen cadencias olvidadas los flagelas?

¿Por qué si el crujir del cuerpo
significa dolor lo banalizas?

¿Por qué el metal de tus cadenas
se oxida enfermo en el océano?

¿Por qué creíste las mentiras
de los sacerdotes de la tribu?

¿Por qué erraste
tus pensamientos con pasado?

¿Por qué la poesía?

Pablo Malmierca

CRISELE Y MEMMÓN

CRISELE Y MEMMÓN

Devoras las palabras
que consumen tu conciencia.
Apiladas
en míseras súplicas,
se adhieren
a las paredes de tu estómago.

Pero no son tuyas,
han sido defecadas por otros,
cual ciempiés humano
te alimentas
del detritus de otros cuerpos.

Obligado a construir
poemas
sobre planos ajenos,
te sientes extraño,
rechazas el contenido de tus tripas.

Acabas vomitando
un nuevo poema
que por viejo
nace desgastado por el tiempo.

Pablo Malmierca

CORAZÓN

CORAZÓN

La asimilación del órgano
ofrece el final
de las cenizas,
de la carne,
del alma,
del amor.

La pérdida del objeto
se suple
con la incorporación
de tu hálito
a su respiración.

Holocausto caníbal
de los celos encorsetados
en sus oscuros sentimientos.

Resurrección de la carne,
vida más allá de la muerte,
permanencia
en el infierno de los vivos.

Corazones sangrantes,
corazones encendidos,
corazones cocinados…

Esencia de la continuidad
en el cuerpo ajeno del pasado.

Pablo Malmierca

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