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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

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Pablo Malmierca

Diario polar (día 11)

 

Diario polar (día 11)

Frío, siento el frío deshaciendo el tuétano de mis huesos. Lo tengo tan dentro que ya es una parte de mí. Preferiría no sentir, que el dolor se alejase de mi carne, pero no es así. Ya decían los clásicos, vivir es morir, la vida viaja a una velocidad endemoniada. Los demonios son los caballos de mi vida, la tortura de su presencia me lleva en una infinita montaña rusa, hacia arriba, al fondo, siempre hacia el fondo. Escribir es la única liberación, todo el pánico que me produce vivir se transforma en palabras, las ideas fluyen desde las ciénagas del inconsciente.
La catarsis necesaria que permite limpiar el pozo de la percepción, frente a la oscuridad del mundo, la luz de la poesía, la salvación en fonemas que no por manidos suenan cada vez más nuevos.

Mi piel es cada vez más azul, Transelgor soy yo, su clima, sus ventiscas, el hielo cada vez más puro…

Un azul casi transparente.

Pablo Malmierca

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Diario polar (día 9)

Diario polar (día 9)
Desde la época de los bloqueos el voto en las elecciones se ha ido radicalizando, los partidos con propuestas más cerradas al exterior han ido ganando fuerza, hasta el punto de que ahora mismo son el 90% de nuestros representantes. Se ha potenciado lo propio, lo que nos identifica, todo se ha institucionalizado, incluso la literatura.
Antes los escritores concurrían en concursos literarios, los premios eran variados: publicar un libro, dinero, el reconocimiento… Aunque después de las últimas elecciones se decidió en referéndum que pasaran a formar parte del ejército. Se creó el cuerpo de escritores con varias divisiones: poetas, prosistas y dramaturgos. Pasean por las calles con sus característicos uniformes verde serpiente, muchos de ellos lucen gibosos por el tremendo peso de sus condecoraciones literarias, gustan de pasear con todas las medallas que han conseguido en los diversos concursos patrocinados por el estado. A más medallas mayor estatus.
Hace cosa de un mes, justo en la época de las ventiscas, me llegó una carta del Ministerio de defensa, era un llamamiento a incorporarme a filas. Había llegado a sus oficinas la noticia de que acababa de publicar mi primera obra y debía incorporarme a filas con el rango de soldado raso. Desde ese día decidí que la insumisión era la única salida a tanto desvarío. Hoy recibo el segundo aviso, dice que en el caso de no incorporarme en el plazo de quince días seré juzgado y declarado culpable. La elección es triple: ingresar en el ejército, la cárcel o ser un prófugo de la justicia.
Creo que ya he decidido mi destino…

Diario polar (día 8)

Diario polar (día 8)

En Transelgor no hay árboles. Hace muchos años, cuando sufrimos un bloqueo salvaje por parte de los países colindantes, nos quedamos sin combustible para calentarnos y lo único que pudimos hacer fue talar todos los árboles. Pasamos de ser un país cubierto por un precioso manto verde a ser un erial, similar a la estepa rusa. En lugar de abetos ahora sólo hay hierbas bajas; los pájaros emigraron hacia otras zonas. Nos hemos convertido en un desierto helado.

Desde entonces nuestro carácter también ha cambiado, éramos un pueblo abierto, celebrábamos la visita de turistas de otros lugares; ahora nos hemos vuelto huraños, la presencia de un extraño en nuestras ciudades nos conmociona, hasta el punto de que no aparecemos en casi ninguna guía de viajes de países extranjeros.

El aislamiento y el desierto helado nos imprimen una forma de ser que también ha impregnado nuestra literatura. No celebramos la primavera, ni los pájaros, ni la alegría de vivir. Si algo define nuestra producción cultural es el sufrimiento. Debido a la crisis espiritual y al desgarramiento existencial producido por una realidad que no aceptamos, nuestros libros hablan de seres divididos, de individuos que buscan su esencia en el dolor provocado por los otros, por la sociedad, por la naturaleza. Se trata de una búsqueda que está dando grandes resultados literarios, aunque en su mayoría silenciados por las autoridades. Podríamos hablar de una literatura oficial, promovida por un ministerio de cultura que ejerce de gran censor, obras que hablan de temas comunes: amor, familia, historias de superación, bestsellers en su mayoría, obras de usar y tirar. Sin embargo, hay una literatura subterránea, prohibida en muchos ámbitos del país, una literatura diferente que lucha por demostrar que el arte está en todas partes. Obras que surgen del sufrimiento personal del escritor, obras que tienen solo un criterio la VERDAD, por encima de la MENTIRA de la literatura más oficial.

En fin, ahora mismo se desarrolla una guerra desigual, que todos sabemos que no es nueva, es una constante a lo largo de la historia de la literatura en Transelgor. Como siempre, el tiempo pondrá a cada uno en su lugar.

Diario polar (día 7)

Diario polar (día 7)

Je suis d’un pur pays
que la neige mutile.
L’hiver y mord à même
La chair vive du jour.
(Paul Chaulot)

(Soy de un puro país
que la nieve mutila.
El invierno muerde allí
la carne viva del día.)

Vivo en un país lejos de cualquier parte. Geográficamente estamos a pocos kilómetros del polo norte, disfrutamos de nuestra insularidad, eso nos da un carácter especial. Somos tranquilos, el tiempo apenas nos apremia, las distancias son tan cortas que podemos recorrer la isla de punta a punta en apenas una hora. El problema es el hielo y la nieve, el problema son las castas dominantes, el problema es la ley del mercado, el problema es el valor de la cultura.
No sé si os he dicho ya que me llaman poeta. Llevo escribiendo muchos años, pero nadie lo sabía, ahora que lo saben me han puesto una etiqueta, me dicen palabras que muchas veces ignoro. Hay una costumbre por estas latitudes que consiste en premiar de vez en cuando a obras o autores. Como somos un país dominado por el frío, en las relaciones personales también domina el hielo. La franquicia “POETAS S.A.” unida al lobby de las “EDITORIALES S.L.” tienen el dominio de esos premios. Poemas valorados fuera de circuitos oficiales son dejados aparte en concursos en los que priman otros valores que tienen muy poco que ver con la literatura. No sé si esto ocurrirá en otros lugares, pero aquí en Transelgor está a la orden del día.
En Transelgor estamos marcados por nuestro aislamiento y el clima que todo lo domina, si viviéramos en un lugar más templado quizá todo fuera distinto, o no.

Pablo Malmierca

Diario polar (día 6)

 

Diario polar (día 6)
Uno de los chicos se encara:
– ¿Qué miras?
-Nada, me sorprende que vistáis todos igual, parecéis miembros de una secta.
-¿Qué dice éste? -preguntó otro de los jóvenes.
-Está atontao, no le hagáis ni caso.
-Gilipollas. -escuché que decían en la lejanía.

Me dejaron solo, como estaba, acompañado de mis pensamientos. Estos chavales, al igual que otros muchos, sólo ansían pertenecer a la sociedad, y para ellos basta con asumir unos roles preestablecidos. Pero la mayoría de edad del hombre moderno no se basa en asumir simplemente, es más que eso. La base del progreso está en el pasado, pero eso sí, revisado, por eso el hombre avanza, por eso el conocimiento no ha alcanzado todavía sus límites.
Me pregunto si podrán aportar alguna vez algo nuevo, viven tan adormilados por las modas y la publicidad que apenas tienen tiempo de reflexionar, su vida es una continua huida hacia adelante, un cambio continuo de piel en busca de una identidad inalcanzable. Son como el burro del cuento, la zanahoria está siempre delante de ellos: el éxito social. Pero muy pocos pueden alcanzarla. Esto es más patente en la clases medias y bajas, los chicos anhelan el falso sueño consumista que ahora representan los futbolistas y otros famosos. Un éxito basado en la apariencia y el ornato. Por desgracia, valemos por lo que aparentamos y no por lo que somos. El viejo dilema entre el ser y el parecer.
Pablo Malmierca.

Diario polar (día 5)

 

Diario polar (día 5)
Poso los ojos en los fríos edificios de ladrillo, son todos iguales. La monotonía del excluido, frente a la exclusividad del poderoso.
Repetición, repetición, edificaciones que resaltan sobre la nieve parda; farolas que se repiten como un estribillo infinito sobre el poema del asfalto. Clonación salvaje en la era de la repetición. Recuerdo mis tiempos de universidad, allí también se clona.
Existe un miedo atroz a la alteridad, al discurso que marque la diferencia. Somos herederos de una cultura que premia el continuismo. Aunque no se trata de un universal, en culturas como la japonesa se premia al discípulo que supera al maestro.
Un sistema así diseñado, crea copias de eruditos, a su vez replicantes de otros, en perpetua línea decadente. Pero, ¿quiénes cambian las visiones del mundo?, ¿quiénes hacen avanzar realmente el conocimiento? Aquellos que son capaces de reconocer y afianzar su alteridad. Creo que por mucho que hayamos avanzado en nuestra civilización un análisis antropológico nos acerca más a una tribu primitiva que al siglo XXI.
El joven, tras un arduo proceso que dura varios años, va avanzando a través de numerosas pruebas que le van poniendo los integrantes del grupo al que quiere pertenecer, son pequeños peldaños que van educando al novicio en la sociedad académica. Estos actos se realizan en la seguridad del grupo y tienen como objeto separar la arena fina de la grava. Por supuesto, el premio es un expediente impecable que le servirá para abrirse camino en la nueva sociedad.
Tras este primer periplo, el iniciado abandona la seguridad del grupo para enfrentarse a la soledad del maestro, que le guiará en nuevas pruebas que le llevarán a pertenecer al grupo: llamadas “proyecto” y “tesis”. Cuyo propósito será enseñarle a investigar, educarle para que no se desvíe en absoluto de la norma. La alteridad del iniciado se plantea como un problema de minoría de edad, no se le deja aprender aquello que quiere. Nunca el novicio tendrá suficiente capacidad para hacer crítica del maestro, se presupone que seguirá la ética de la escuela. Se le propone un modelo finito y completo, y en la medida en que lo siga tendrá éxito o no en la sociedad a que pretende pertenecer.
Me cruzo con varios jóvenes, me miran de arriba a abajo, van vestidos iguales. No hay versos sueltos en esta sociedad de ripios.

Pablo Malmierca

Diario polar (día 4)

Diario polar (día 4)
Caminar, caminar, ¿hacia dónde? Levanto la vista, estoy en la calle 53. En mi ciudad las calles son números cardinales y las plazas y avenidas ordinales. Antes llevaban nombres de personajes o hechos relevantes de la cultura, pero el gobierno actual decidió cambiarlas, resultaba más aséptico. En un mundo donde la información se diluye en nuestras manos sólo importan los datos, hemos dejado de ser individuos para ser un conjunto de números con los que las grandes multinacionales de la información trafican. Ese es nuestro valor, valemos por la cantidad de información que generamos.
De la calle 53 paso a la 54, los primeros dígitos pertenecían al centro donde abundaban bancos y ministerios. A mí me gusta perderme en los suburbios, se diferencian por la suciedad de las calles y la monotonía de sus edificios de ladrillo.
Con la mente en blanco despierto de mi ensoñación, estoy en la calle 200. Unos pequeños copos de nieve se han depositado sobre mis pestañas. Más allá están las chabolas, la auténtica ciudad olvidada. En el suelo un joven dormita envuelto en su piel de cartón, deformada por la humedad. No es nadie, no está conectado a nada, no genera ningún dato, por lo tanto no importa. Es una anomalía en el limbo aséptico de la estadística. No tiene cabida en nuestra felicidad enlatada.
Pablo Malmierca

Diario polar (día 3).

Diario polar (día 3)
Los días aburren por su monotonía. La nieve ha cubierto todas las calles y la contaminación de las fábricas que rodean la ciudad ha transformado el blanco en un gris plomizo.
Debo salir, las paredes se abalanzan sobre mí, el ahogo, la ansiedad, vuelven a apoderarse de mí.
Mis pies se hunden varios centímetros bajo la nieve gris, oigo cómo miles de copos cristalizados se fragmentan bajo mi peso.
Camino errático, sin rumbo fijo, sin más fin que el propio caminar. Me tropiezo literalmente con un conocido, como casi siempre iba tan metido en mis pensamientos que no había notado su presencia. Era uno de esos que llaman poeta, a mí también me lo llaman últimamente. Me habló de su último proyecto, yo apenas le escuchaba, creo recordar que iba a abrir un franquicia “POETAS S.A.”, tenía muchas ventajas: por una módica primera aportación te decoraban el local, podías escoger entre varios estilos “Bukowski”, “Coelho”, “Pizarnik” y otros que no recuerdo. Él había optado por el más alternativo, creía que la poesía era cosa de jóvenes tatuados y cantantes. Desde la central le habían prometido que su local se convertiría en el centro cultural de la ciudad, tendría multitud de eventos y, lo que es más, él podría ir al resto de locales de la franquicia; se lo habían asegurado en el contrato, insistió entusiasmado. Cuando terminó de hablar me despedí, yo apenas tenía nada que contarle. Me alejé concentrado en el sonido de los copos fracturándose bajo mis pies.

Diario polar (día 2)

Diario polar (día 2).
Los días pasan de una forma pausada, casi cíclica en este infierno de nieve y ventisca en el que vivo. Desde mi ventana contemplo cada día el paso de los alumnos de las distintas facultades que pueblan mi país. Los veo cargados de libros, me recuerdan enciclopedias andantes.
Las ciencias humanas, en estos momentos, están haciendo más hincapié en el saber enciclopédico, fruto de la enseñanza centrada en el aprendizaje acumulativo, que en un saber crítico fruto de la enseñanza centrada en el aprendizaje significativo.
Frente al saber crítico que crea, el saber enciclopédico se centra en la repetición que nos retrotrae a la cultura del Libro, y me refiero a las grandes culturas cristiana, hebrea o islámica donde todo el saber emana de un único libro que recoge todas las posibles enseñanzas permitidas y rechaza todas las demás. En las facultades de mi país cada profesor acompaña su discurso de un manual, canonizado por él mismo, que contiene el saber completo, la cuadratura del círculo, y cualquier desviación de la norma escrita se penaliza con el anatema.
Todos, o casi todos, tenemos en nuestra casa, felizmente instalado en la biblioteca, en el salón o en cualquier otra habitación a un amigo que sabe mucho más que nosotros, de hecho sólo tenemos que instalarle cualquier enciclopedia, diccionario, etc. Y en ese preciso instante nos contestará a nuestras preguntas. Se podrá objetar que todo lo que sabe se lo hemos enseñado nosotros, que sin nosotros no existiría: exacto. Pero, ¿qué produce el aprendizaje acumulativo? Aunque quizás no estemos tan alejados con este tipo de aprendizaje de lo que somos. El ingeniero informático Jeff Hawkins ha propuesto una nueva teoría que explica el funcionamiento de la mente humana: la información de los sentidos entra en las áreas primarias, donde las neuronas responden a rasgos muy primarios del mundo (fronteras entre luz y sombra, o fonemas individuales). A medida que la información va pasando hacia las áreas superiores, las neuronas van reconociendo propiedades más abstractas (formas, palabras). Pero la información también fluye de arriba a abajo, de lo abstracto a lo concreto. ¿Y todo esto para qué? Hawkins propone este modelo porque si el cerebro funciona como él cree las máquinas también lo harían pronto. Entonces ¿qué nos diferenciaría de ese erudito que todos tenemos viviendo en nuestra casa? ¿Por qué esa querencia hacia la repetición y el inmovilismo?

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