Como un balbuceo que intenta abrirse paso entre palabras ya escritas, tartamudeo en pos de un lenguaje que constriñe la palabra y el aliento. Sin saber aún quién soy, nado entre miasmas de mensajes que me aturden y a la vez me impelen en busca de una nueva forma de expresar el lenguaje de los cuervos. Y sí los cuervos hablan, a algunos como Johnny Cash con la palabra de dios, a otros simplemente con la palabra de los locos, de los que buscan arrancarle al lenguaje toda la cordura de la planicie, de la ausencia de referencias. Como aquella que camina entre las nubes: nefelibata. Ausencia y pertenencia a un mismo tiempo. Búsqueda incesante de las raíces de lo no dicho.