Un mar de vidrios rotos
devuelve
una mano,
una mirada,
un corazón.

La nieve artificial evoca
el crujir de tus pies en el asfalto,
la vida entera cabe en un celemín.

Los gestos,
la quita del silencio,
la pérdida,
el paso deshilachado sobre el solsticio de verano.

Un desierto de incredulidad
asoma en la sima de tus ojos,
los grajos y el tomillo te acompañan.

El agua resbala en la concavidad de tu tacto,
ausencias,
el mundo nombrado en las grietas de tu piel.

EL MEJOR MUNDO POSIBLE TRAS LA GUERRA

Pablo Malmierca