Este poema en un prinicipio iba a ir en una antología sobre la mujer y el maltrato. Como tantos otros proyectos nunca se llevó a cabo. No es más que una reflexión sobre el género y los límites entre lo femenino y lo masculino.

Siempre tuviste miedo a la verdad

Desconozco el origen de mi sexo
la obligación de ser una etiqueta,
comportarme según las normas.

Quisiera no ser hombre ni mujer,
que la realidad me permitiera
dar a luz a mis hijos nonatos,
amamantar la vida en sus labios.

Fracturada en dos mitades,
debo elegir al sol o a la luna,
partido por las reglas
debo pertenecer a una orilla.

Los límites de tu cuerpo
son el principio del mío.

¿Dónde acaba lo efímero?
¿Dónde están los mandatos de la sangre?
¿Dónde la distinción entre tú y yo?

¿En qué lugar se separaron
lo masculino y lo femenino?

¿Debo prestar mi voz a la Diosa Blanca
o ser simplemente el poder de su palabra?

En el fondo de la sala
tus miedos
palpitan en mis manos.

Pablo Malmierca

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