Cuando das clases de literatura y te paras a explicar las poéticas y los grupos a los que queda reducida la historia de la literatura comprendes determinadas actitudes.
Sin ir más lejos, uno de los actuales temas de la EBAU se centra en la poesía durante el franquismo, que eufemísticamente se denomina “La poesía de 1939 a 1975”. Debido a las exigencias del examen el tema debe condensarse y resumirse al máximo. Y, al final, todo se reduce a dividir la poesía en décadas: la poesía de los 40, arraigada y desarraigada; los 50, la poesía social; los 60, la Generación de los 50 y los 70 con los novísimos. Toda la riqueza poética de esa época queda reducida a una serie de nombres y características comunes que dejan fuera todo lo no canónico, que en muchas ocasiones es muy enriquecedor.
En la actualidad la amplia diversidad y riqueza de la poesía española se convierte desde algunos grupos, cenáculos, tribus o lobbies (pues con todos estos nombres los he oído referidos), en una auténtica lucha, soterrada, por dominar ese canon que pasará a la pobreza de los manuales y la memoria. Desde premios, revistas y opiniones se premia a las grandes líneas poéticas santificadas por el canon. Sin embargo, fruto de esta obsesión por ocupar el centro se relegan u obstaculizan nuevas poéticas que acertadas o no podrían enriquecer mucho el panorama poético actual.