Ausencia

 

Buscaba en sus ojos

el aroma del espliego,

el color rotundo de la lavanda,

el recuerdo a orégano y tomillo del monte.

 

Recordó,

absorto por el ruido de los coches,

el sonido cálido de su piel

rozando la brisa del mar.

 

Retorció su felicidad

hasta hacerla sangrar.

La vida estaba allí,

pegada al sonido de una caracola.

 

Su imagen

fulgía

evanescente

entre los diminutos cristales

de una playa destruida por la marea.

 

Se agarró,

como pudo,

al último madero carcomido del naufragio,

a su fantasmagórica figura,

al anhelo de una carne

que ya no le pertenecía.

 

Se arrepintió,

las aves

seguían emigrando.

 

Pablo Malmierca

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