Pobreza.

Herraste
mis manos de torpe artesano
a muros de granito.

Las viejas se santiguaban
a tu paso,
creciste apartado de la bóveda celeste,
ninguneado por el celibato de los castos,
la pasión de los ecuánimes
se reflejaba en el candor de tus labios.

La mentira del fracaso
transitaba por tus ojos
turbios de amor pasajero.

Ofrecías el pasto de tus padres
a hordas de falsos kamikazes,
la pobreza se instaló
a pocos metros
de la letrina de tu alma.

Sentado al borde del camino
pedías una limosna
que aplacara la ira
de la yema de tus dedos.

Todos te dejaron a un lado,
nadie
quería al hijo del dolor.

Pablo Malmierca

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