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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

mes

junio 2017

Degustación del poema. Reseña de “Ritmo latino”, Jorge Barco Ingelmo. Visor: 2017. (XV Premio Emilio Alarcos).

 

 

Una sorpresa es la parte poética

del libro invisible. El hilo de fe

que se reserva a las erratas. Nota

a pie que descorazona al destino.

Rafa Pontes

 

 

Jorge Barco Ingelmo comenzó su andadura poética haya por el año 2000 con los  cuadernos de poemas: El rastro de mis lágrimas y Recuerdos de lo mío y de lo ajeno. Los poemarios Algún día llegaremos a la luna y Vivimos encerrados en burbujas transparentes. En el año 2013 vio la luz su poesía reunida que abarcaba los años 1998 a 2013 en el volumen El principio celular.

Además de ganar con Ritmo latino el XV premio Emilio Alarcos, anteriormente fue galardonado con el Premio de la Academia Castellana y Leonesa de Poesía por Algún día llegaremos a la luna.

Acercarse al universo de Jorge Barco solo se puede hacer con un gran bagaje cultural, en su poesía se da cabida a la alta y baja cultura por igual. Son continuas sus alusiones a los clásicos latinos, probablemente fruto de la lectura del poeta José Antonio González Iglesias, al que alude en uno de sus poemas diciéndonos que, y cito literalmente, es “su marca de vitaminas favorita”. Junto a estas referencias clásicas aparecen otras como citas a canciones de Shakira, Carlos Boyero o Chayanne.

Podría parecer esta forma de intertextualidad un totum revolutum, pero en el caso de Jorge no es así. Todas estas referencias se articulan en una voz que se vuelve peculiar. La mixtura afecta también al lenguaje y con gran habilidad se hace poesía con el lenguaje publicitario de los anuncios por palabras, con una receta de cocina o con una carta más que directa a un editor de poesía. Jorge se adueña de lo que algunos lingüistas llaman textos de desecho y los eleva a literatura, a alta literatura. Esta técnica hace que Ritmo latino sea a la vez un texto fresco y sorprendente.

El otro gran valor del libro, a mi juicio, es la adecuada utilización de un recurso tan complicado como la ironía. Se interrelaciona de forma sorprendente con los distintos niveles del lenguaje y es, a mi modo de ver, un acierto. No es lo mismo ironizar sobre algo tan serio como el mundo clásico en “Medea la de los grandes pechos”, texto de contexto clásico, que si lo hacemos usando el lenguaje directo de un anuncio por palabras. Se logra la desautomatización del mundo mitológico al insertarlo directamente en algo tan prosaico como “Mil anuncios”.

Sin embargo, el libro no agota aquí sus virtudes. En estos tiempos de lo que se ha dado en llamar “porn-food”, fenómeno tan visible en las redes sociales. Jorge añade esta, digamos, forma de contar al poema. El libro, el poema, deja de ser objeto de consumo cultural para pasar a ser devorado literalmente. Para ello, de nuevo, se recurre a la apropiación del lenguaje de otros ámbitos de la vida para pasarlo por el tamiz de Ritmo latino. Los juegos de citas tienen también un papel importante y a la altura de Ovidio vemos al propio Ferrán Adriá.

Abundan además las referencias a la cotidianeidad del poeta, a una realidad que nos presenta de una forma crítica, que se presenta de forma más efectiva al utilizar gran cantidad de elementos de la cultura mainstream, para pasarlos, en una metáfora que al propio autor le agradaría, por la batidora, para conseguir una nueva receta de la poesía.

Es este un libro más que fresco como ha dicho el jurado del premio Emilio Alarcos, novedoso; por la forma de poetizar la realidad, por crear una nueva desautomatización de la vida a través de sus elementos más comunes. El cine, la música, la televisión, en definitiva la cultura popular pasada por el tamiz de los clásicos han hecho de Ritmo latino una delicatesen elaborada con alimentos que podríamos encontrar en cualquier supermercado de barrio.

Después de saborear la poesía de Jorge Barco, os quedaréis con ganas de más.

Pablo Malmierca. Aldealengua, 10/6/2017.

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Reflexiones sobre mis últimas presentaciones de “Catálogo de terrores domésticos”.

Ayer se cerraba un ciclo de presentaciones de “Catálogo de terrores domésticos”, era la última presentación oficial del libro hasta después del verano. Ahora quedan firmas en ferias del libro y encuentros con alumnos de institutos a los que he sido invitado. De estas cuatro presentaciones saco, como siempre, muchas más cosas positivas que negativas. Por encima del éxito de público o de ventas, me quedo con el calor de todos aquellos que me voy encontrando en mi camino y que se van incorporando a mi bagaje humano y sentimental. Trijota Domėk Von Laveau ha sido más que el ilustrador del libro, se ha convertido en el compañero ideal en las presentaciones, su espontaneidad y frescura han dado un toque diferente a este libro. Mis editores, Puri Sánchez PiEdiciones e Iñaki Hernán, que me han acompañado con gran profesionalidad en todos los eventos y a los que agradezco su enorme confianza en mi obra. A Alberto Ram Ram, sin el cual no hubiese sido posible la extraordinaria presentación en Valladolid junto a Impro Valladolid Teatro. A Pale Reader por ceder Letras Corsarias a todos los proyectos que le presento, presentar mis libros allí en primicia se está convirtiendo en una mala costumbre. A Vicente Muñoz Alvarez, quien cerró en León ayer este ciclo de una forma magistral, nadie mejor que él para entender esta obra, que no solo le debe el prólogo sino que, también, buena parte de su génesis. A mi mujer, Cristina Sanchez Perez sin la que todo lo que hago no sería posible. A todos los que nos habéis acompañado en las presentaciones que sois muchos, daros las gracias.
El éxito no se mide en ventas, ni en el aplauso fácil de público. El éxito se mide en todos aquellos que apoyan su espalda contra la tuya y deciden empujar en una misma dirección sin pedir nada a cambio. Allí estaré siempre para ellos.

El temblor ante una nube. Reseña de “Nubes de evolución”, Luis Ramos: Piediciones. www.piediciones.es

 

 

Ha amanecido. Y cada esquina canta,

tiembla recién llovida. Están muy altos

el cemento y el cielo.

Me está llamando el aire con rutina,

sin uso.

El violeta nuevo de las nubes

vacila, se acobarda. Y muy abiertas

vuelan las golondrinas y la ciudad sin quicios,

el bronce en flor de las campanas. ¿Dónde,

dónde mis pasos?

Tú no andes más. Di adiós.

Tu deja que esta calle

siga hablando por ti, aunque nunca vuelvas.

Casi una leyenda, Claudio Rodríguez.

 

 

Pese a su pequeño tamaño este libro se despliega de forma asombrosa cuando comenzamos a leer sus páginas, conforme nos vamos adentrando en él descubrimos una poesía que trata de des-velarnos la realidad oculta a los ojos de múltiples formas.

En este poemario se ofrecen una serie de claves que nos servirán para poco a poco conocer mejor el mundo que nos rodea y por ende a nosotros mismos y a nuestros semejantes. Todos podemos contemplar la realidad, el mundo se nos ofrece tal cual es, pero aquí “Nubes de evolución” nos insemina con una serie de dudas de carácter existencial y yo diría que hasta ontológico. El mundo como diría Claudio Rodríguez es materia y luz, pero ¿cómo interpretarlo? Aquí se articula el discurso que entronca la idea central de la obra, de una forma muy claudiana el mundo toma su verdadero cariz en dos momentos únicos y efímeros, el crepúsculo y el amanecer; en estos dos momentos las formas toman consistencia más allá de la materia, las sombras toman todo el protagonismo y la luz disuelve los contornos en una forma nueva, es decir, nos desvela el verdadero cariz de los objetos que nos rodean. Sin embargo, como sabemos desde Platón, un mundo de sombras puede ser engañoso, la caverna no deja ver las verdaderas formas. Pues bien, aquí aparecen otras dos formas de conocer la realidad: el reflejo, elemento otorgado por el agua, y el aire como elemento definidor de la materia, Luis toma la voz del filósofo y nos lanza la cuestión de que es el oxígeno que contiene el cántaro la verdadera forma del cántaro, ¿qué define a la realidad, el continente o el contenido? Y todo esto con qué fin os estaréis preguntando, pues bien el agua y la luz como creadoras de significado. El agua es la piel del poema, reflejo cristalino de la vida. Juego del espejo y las sombras. La realidad desvelada en sus formas secundarias, el reflejo del cristal y la sombra proyectada por la luz.

Llegados a este punto aparece el poema recubierto por el agua, por el reflejo de las cosas y sus sombras. Será el canto y no la palabra (el borde de las sílabas, el abrazo de la voz, el clamor de la brisa emocionada) : la música de las palabras. Y el  silencio que dota a la palabra de un significado más potente, sin silencio no habría música. Sin sombra no habría luz, sin reflejo no existiría la imagen. Sin el aire que contiene el cántaro no habría cántaro. Somos yo, pero también él y tú, será el amor el que nos mueva hacia el otro.

Y es aquí donde brota la poesía, después de todo este despliegue conceptual, Luis se para en los seres y objetos más humildes, la gota de lluvia, la brizna de paja, la flor, la libélula, todos ellos frágiles y caducos como el ser humano. Si algo llama la atención de la voz poética es la continua interpelación al lector, no estamos ante una escritura que simplemente se regodee en la belleza, en la contemplación de una realidad subjetivizada. En un determinado momento se nos dice “tu sombra es el camino”. Busca mover al lector, hacerle partícipe de una alteridad que se ha conseguido a través de un sentimiento tan humano como el amor.

Esta búsqueda se realiza a través del gesto, el gesto y su corolario el tacto, que como diría Jean Luc Nancy es el sentido total, pues permite sentir al otro, acercarnos a la realidad, pero este conocimiento nunca es completo, ya que podemos acercarnos, pero nunca llegamos a tocar el objeto. El gesto necesita a su vez un motor el temblor, producido por una pulsión de muerte, que se transforma en contemplación de la naturaleza activa en este proceso de conocimiento.

Este proceso de conocimiento del otro, que también lo es de la realidad es siempre ascendente, como corresponde a alguien que ve la vida con el optimismo de un luchador por las injusticias. Desde el propio título, se nos habla de nubes, hasta las continuas referencias a las flores o a elementos verticales que indican el optimismo vital de la voz que ha creado aquí el poeta, marcada por la llamada a la acción ante la imperfección del mundo que nos rodea. Pese a su carácter más lírico, este libro tiene mucho en común con su anterior obra “Entre cunetas”, dedicada a los muertos en la Guerra Civil y que todavía siguen tirados en los campos de España.

Junto a este cuerpo central del poemario, aparecen también referencias a la poesía comprometida, toda poesía debe ir unida a un compromiso ético, no olvidemos que para Luis es un tema fundamental. Aparece también la crítica a otros aspectos más localistas como la situación de Zamora, su ciudad, tema que le preocupa desde su faceta más política.

La densidad temática en ningún momento merma la calidad literaria de la obra, todo el poemario es un excelente ejercicio de musicalidad, con una cadencia y un ritmo muy logrados, lo que unido a un cuidado casi artesanal del lenguaje hacen de este libro una lectura muy recomendable, tanto por su faceta literaria como ética y humana.

Este libro se abre como el amanecer y se cierra en un crepúsculo que no dejan de ser el momento decisivo en que podemos conocer, desvelar el mundo, los momentos en que las sombras toman posesión de todo y, por tanto, observamos el mundo en todas sus dimensiones.

 

 

Distancia de ti a mí,

distancia.

Entre tú y yo,

nada.

Valorio 42 veces, Agustín García Calvo.

 

Pablo Malmierca. Aldealengua, 2/6/2017.

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