Hoy se impone una reflexión. Hace aproximadamente un año que comencé a escribir de cara al gran público, llevaba mucho tiempo haciéndolo de forma privada, creo que desde mi adolescencia, no lo recuerdo exactamente. Mi desembarco en el mundo de las letras no ha sido fácil, salir de la nada e intentar medrar en un medio en muchas ocasiones hostil es un camino arduo en el que muchos sucumben.
Escribir es un viaje hacia adelante, que no una huída hacia adelante. Cuando se intenta tener una voz propia, fuera de líneas consagradas, sin reconocer maestros, todo se vuelve más complicado. Lo fácil en este momento es acoplarse a las modas, a las grandes líneas marcadas por el devenir poético. Los apoyos surgen inmediatamente, ascender se vuelve un juego social en el que importan muy poco otras cosas. Pero qué le vamos a hacer, somos así.
Escribir dD supuso para mí un cambio en muchas cosas. En primer lugar encontrar una forma de escritura personal, alejada de los cánones actuales. Algunas de las críticas que he recibido se refieren a mi manera de entender la poesía. En lo formal intento llevar la métrica a sus límites mas absolutos con la prosa, hay quienes han buscado en mi libro las pautas de las preceptivas. Nunca las encontraran la poesía es algo vivo que evoluciona, ¿ y por qué no retorcerla hasta sus límites?, puede gustar o no, pero es una opción. Como ha demostrado la profesora Utrera Torremocha en su reciente libro “Estructura y teoría del verso libre”, la métrica se ha enriquecido de forma drástica en los últimos cien años con innumerables experimentos que no dejan de ser poesía.
dD también supuso dejar mucho de mí mismo en la escritura, es un libro duro, con un tema arriesgado en el que subyacen numerosos subtemas. En lo personal ha supuesto encontrarme cara a cara con personas que han sabido sentir y sentirse identificados con la tesis del libro. Con críticos que han sabido ver en el texto lo que tiene de novedoso. Pero lo que es más importante me ha servido para descubrir a un gran número de lectores, la mayoría anónimos que se han acercado al libro sin ningún tipo de prejuicios previos, ese ha sido uno de mis triunfos.
dD también es un riesgo editorial, una persona muy relacionada con la literatura y organizador de un importante encuentro me dijo que mis editores estaban locos. Quizá esa fuera también otra de mis fortunas, encontrar a unos editores lo suficientemente locos como para arriesgarse conmigo y mi escritura. Por suerte, los resultados no han sido malos. Desde aquí agradezco a Piediciones su confianza en mi proyecto literario.
Quiero agradecer también a todos mis lectores, reales y virtuales. Gracias por vuestros comentarios, por vuestro ánimo, por vuestro apoyo, incondicional en muchos casos.
Gracias a todos los que he conocido en este largo año, poetas, libreros, escritores y todos los relacionados con el mundo literario.
Como he dicho más arriba escribir es un viaje hacia adelante en el que, en mi caso, no hay puertos preestablecidos. En breve aparecerá en Piediciones, sí, la de los editores no muy cuerdos, mi segundo trabajo. También muy arriesgado, en este caso un libro de relatos. (Gracias Puri Sánchez P e Iñaki Hernán)
Pero escribir sin vivir tampoco es posible. Y en mi caso tengo la inmensa suerte de tener a mi lado a tres personas que hace mucho se convirtieron en parte de mis huesos, mi mujer Cristina Sanchez Perez y mis dos hijos. Con vosotros el camino siempre es más fácil.
GRACIAS A TODOS, DE CORAZÓN.

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