El otro, siempre acechante, a la espera de un resquicio en nuestra cordura para hacerse con el control. El alimento de la locura, el tacto, la no muerte. Todo se condensa en pos de nuestra escasa lucidez. Caminar unido a la no persona, tus ojos te engañan, el odio, el olfato, se aúnan para hacerte ver que a tu lado hay una persona que te habla, que en ocasiones te dice qué hacer. Vives engañado o son, quizás, los demás los que se engañan. Transido de la pureza de lo que otros no contemplan caminas aterido y te agarras a lo único que crees verdadero: tu otro yo.

Pablo Malmierca

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