Durante el último festival transfronterizo PAN celebrado en la localidad salmantina de Morille, tuvo lugar un debate sobre lo referencial en la literatura. En el debate participaron autoras de la altura de María Ángeles Pérez López o Montserrat Villar. En mi caso iba como oyente, tras las intervenciones programadas, se generó un debate sobre si en la poesía sigue siendo primordial el compromiso ético del que hablaba Sartre, o si por el contrario la poesía debe ser interior, es decir sólo debe hablar del mundo interior del autor. Después de pasados unos días y de rumiar algunas ideas, quiero dejar aquí mis reflexiones.

En primer lugar, quiero romper una lanza en contra de las divisiones dicotómicas que, como casi siempre en la mentalidad occidental, surgen al hilo de cualquier pensamiento. Siempre se habla de dentro  o fuera, en este caso de poesía comprometida o poesía interiorizada, lo que los críticos han venido llamando poesía social o poesía del silencio. Estas son las dos grandes líneas que han venido dominando la escena poética española a lo largo de los últimos años. Como toda reducción me parece simplista, existen otros tipos de poesía que tocan otros temas, que tiene características de ambas, pero siempre es más fácil la reducción simplista (cuerpo-alma, bueno-malo, etc.)

También se habló de términos muy queridos por la crítica como postmodernidad, discurso débil, revisión de la posmodernidad, posiciones hegemónicas, discursos totalitarios, etc. Quizá como leí hace poco todo se reduzca a algo tan sencillo como que en un momento en que no existe un discurso hegemónico, sí que coexisten diversos discursos que se vuelven hegemónicos en sus círculos de influencia. Y nos preguntaremos, ¿cómo afecta esto a la poesía? Siempre pienso que de forma lateral. Vivimos inmersos en un horizonte de expectativas propio de nuestra época, que va a propiciar que unos tipos de poesía triunfen sobre otros, si pensamos, además, que los lectores de poesía son los propios poetas todo se vuelve más claro: las líneas dominantes de poesía van a propiciar que su forma de escribir poesía prevalezca sobre el resto.

Pero lo que de verdad hizo que saltara un clic en mi interior fue el problema de lo referencial en la poesía (poesía social) versus poesía del silencio. A partir de ahora las llamaré poesía referencia, poesía auto-referencial y, quiero incluir un tercer tipo de poesía, la poesía a-referencial. Creo que estas son las tres líneas principales de la creación poética y que las tres se contaminan, podemos encontrar autores que sólo utilizan un tipo, dos o los tres.

La poesía referencial sería toda aquella que habla de lo exterior al poeta, ya sea la realidad social que le rodea o la realidad física. Por ello se puede hablar de poesía referencial crítica, toda aquella que habla de problemática social y poesía referencial acrítica, aquella que simplemente describe la realidad circundante al poeta, ya sea física o social.

La poesía auto-referencial, hablaría del mundo interior del poeta, dejando a un lado todo aquello que le sea ajeno, sería un discurso centrado en el yo, ya sea ficcional o no.

La poesía a-referencial. Esta sería lo que denomino poesía del vacío, una poesía creada desde la falta de referentes reales, donde lo psíquico y psicológico entendido como enfermedad tendría su lugar. Una poesía donde los referentes reales se confunden, no existe un tiempo estable, ni una persona concreta que habla, puede ser el yo, el tú, el nosotros o incluso la no persona (él). Un punto desde el que crear de cero. Sería esta poesía a-referencial la que recoja la referencial y la auto-referencial, pues darían un punto de anclaje desde el que crear una realidad nueva, con sus propias referencias que necesitarían de lo ya conocido para poder ser entendidas. Este ejercicio es el que he pretendido con mi poemario “dD” donde el título son las siglas que el DSM IV (manual de psiquiatría) da a un tipo de trastorno de la personalidad denominado despersonalización-desrealidad, un tipo de disociación psíquica donde desaparece el referente personal y real. A partir de ese vacío, de esa nada que se amolda al exterior para poder sobrevivir se realiza una reconstrucción de la realidad y del individuo que termina con un poema harto significativo sobre esta teoría poética:

SOY

Soy todos los vacíos
que, superpuestos, pueblan tu conciencia.

Soy la diferencia
entre tu frenesí y mi calma.

Soy la llama
que flagela tu desdicha.

Soy la sirena sin voz
que te ve deambular.

Soy tu ausencia
intensificada por mi falta de interés.

Soy la medusa
que brota entre las rocas del desierto.

Soy tú
en la ausencia de reflejo.

Soy los fragmentos
del espejo roto por tu desdicha.

Soy yo sin ti.

dD. Pablo Malmierca. (Piediciones, 2016)

 

No pretenden ser estas palabras nada más que el fruto de mi reflexión sobre lo que se habló en el PAN.

 

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