Hoy recuerdo que hace una año que comencé esta aventura, hace un año que por un consejo acertado decidí salir de mi cripta para compartir mis poemas que llevaban dormitando durante muchos años en el fondo de un cajón.

Un año puede parecer poco tiempo, pero para mí han pasado muchas cosas. Lo que comenzó con un punto de excepticismo, con un punto de renuncia al pensamiento mainstream, como resistencia al canon que nos acompaña y nos derriba, ahora lo contemplo como una victoria y una derrota.

Una victoria porque en un año he conseguido publicar un libro y que además funcione. De estar fuera de todo lo que significaba literatura a estar dentro de la corriente que nos lleva, no sé dónde, pero que nos lleva. He conocido personas de verdad, he escuchado a poetas de verdad, he podido ver la poesía surgir desde la llama que nos consume, he podido compartir mi poesía con quien ha querido escucharme. Aparezco en mucho lugares que antes ni se me habría pasado por la cabeza. He podido acercar la poesía a quien la tenía tan lejos que ni siquiera sabía qué era poesía.

Una victoria porque la poesía para mí es una forma de supervivencia, me ayuda a comprender el mundo y a enfrentarme a él. Hace muchos años una de mis profesoras me hablaba de que la literatura tiene una función fundamental que siempre se nos olivida, la función catártica; la poesía es belleza, es armonía, todo lo que vosotros queráis, pero es sobre todo sanación frente al mundo, por eso la poesía está en todo, podemos hacer belleza con prácticamente cualquier cosa, solo hay que saber encontrarla. Y esa es mi verdadera victoria, el haber encontrado una forma de enfrentarme, de comprender el mundo, una forma de vivir que traspasa a cualquier otra. La poesía cauteriza heridas, la poesía canaliza la frustración, el dolor, las decepciones diarias. La poesía puede sublimar nuestras fobias, nuestras neuras, nuestra vida…

Pero también es una derrota. Hay muchas cosas que rodean a la Poesía que no son poesía. Hablo de Poesía en mayúscula para la palabra escrita, hablo de poesía en minúscula para todo lo que rodea a la escritura. En un año he visto defenestrar cabezas, dar empujones, expulsar a quien no te agrada. En un año he visto las peores vilezas girando en torno a la escritura, a la Poesía.
Me veo derrotado porque jamás pensé que alrededor de la belleza puediera habitar tanta inmundicia, tantos intereses. Yo que escribo desde mi parte más pulsional no pensé que el motor de mucha gente fueran pulsiones de muerte mal entendidas; que el miedo les hiciera dejar a un lado la Poesía para dejarse llevar por esa otra poesía. Nada hay más bajo que poner por delante de la verdadera literatura los intereses personales.

Sin embargo, encuentras siempre un agujero donde poder sacar adelante tus ideas, un lugar donde la necrosis del alma que acompaña a estas personas no te toque, donde crear desde el fango primordial de la palabra. Y descubres que hay personas que también intentan hacer lo mismo. Y esta sí es mi victoria.

Como véis un año da para mucho. Espero que me podáis seguir acompañando durante mucho tiempo.

Un abrazo a todos.

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