Diario polar (día 18)

Cuando comencé a escribir este diario me plantee la necesidad de encontrar un punto de fuga, un lugar ficticio distinto a la realidad helada de Transelgor. El diario se planteaba como la solución, tenía el suficiente distanciamiento como para no parecer real; sin embargo, esa realidad se acaba superponiendo a la verdad. Las palabras vertidas en el diario se vuelven inestables y perecederas. Apoyado en el quicio que marca este diario intento tender vías de comunicación con Transelgor, pero la realidad, como siempre, es dolorosa. El dolor transformado en asepsia.
Cuando contemplo este paisaje helado siempre fijo mi mirada en el punto más alejado, en aquel lugar que prefigura el paisaje que no se ve, pero se intuye. En ese no lugar donde lo posible se hace realidad. Donde confluyen los estático, las normas, con la transgresión, con todo aquello que vislumbramos pero que nos da el suficiente miedo como para rechazarlo.
Nos movemos, víctimas de un movimiento pendular, entre la seguridad de lo viejo, la zona de confort de lo conocido, el anclaje al paisaje que abarcamos con los ojos y todo lo que queda fuera de nuestro campo de visión. Me paro a pensar en la posibilidad de los puntos de fuga del paisaje, en todo lo nuevo que deparará ese más allá.
Y si la búsqueda fuera el verdadero camino; y si el deambular en busca de nuevos horizontes fuera la solución a nuestra inmovilidad; y si…

Pablo Malmierca

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