Diario polar (día 16)
Transelgor está dividido en cinco provincias, pese a ser una isla pequeña se decidió esta partición en función de las necesidades del ejército. La provincia central, la capital, no tiene presencia militar, está desmilitarizada. Las otras cuatro están dominadas por una facción del ejército: tierra, mar, aire y literatura.
La provincia más oriental, la regida por el ejército de los literatos, es la más especial. Existen varias divisiones, cada una de ellas con un general de división. Este general marca las líneas capitales: los hay realistas, sociales, de la experiencia, dramaturgos, etc. Todos ellos confluyen en un mismo territorio que tratan de dominar a través del control de los medios afines y expulsando de su terreno al que piensa diferente.
Son círculos cerrados, excluyentes, se ha dado el caso de autores que son fagocitados por una división diferente y han acabado escribiendo obras que no les representaban.
Este curioso funcionamiento del mundo literario en Transelgor lo hace tremendamente provinciano. Se apoya al que es igual o sigue las ideas del general de división, pero el diferente es ignorado, sencillamente no existe.
Debo incorporarme a filas con la mayor brevedad posible, mi plazo ya ha expirado, ya soy un proscrito.
En la carta oficial me han asignado a la división de los contemporáneos. Suena a algo así como los inclasificables.
Aquí perdido entre los acantilados pienso en abandonar de una vez por todas la isla. Me cuestiono qué me puede aportar este país helado y decadente. Siento que cada vez estoy más lejos de esta realidad.

Pablo Malmierca

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