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Semillas en campos ajenos

Poesías, prosa, reseñas y fotografías de Pablo Antonio García Malmierca

mes

mayo 2016

Diario polar (día 22)

 

Diario polar (día 22)

El día ha amanecido despejado, desde mi escondite puedo ver la costa de la pequeña isla de Konger, el aire limpio inunda mis fosas nasales. A veces Transelgor te regala días como este, días en lo que disfrutar de una naturaleza en calma.

Recuerdo cuando en el instituto nos explicaron el origen del nombre de nuestro país. Como estamos situados en el extremo norte de Europa penden sobre nosotros numerosas leyendas de origen nórdico y anglosajón, aunque tampoco debemos olvidarnos de las influencias latinas. Se cuenta que un navío romano perdido en la tormenta consiguió llegar hasta nuestras costas, ese fue el momento en que entramos definitivamente en la historia.

Se cree que la palabra Transelgor se compone del prefijo de origen latino “trans” que significa “más allá”, “que atraviesa” o “cambio”, en nuestro caso los lingüistas especialistas en topónimos se decantaron por “más allá”. El resto del nombre “Elgor” se piensa que es de origen anglosajón y significa “lanza del elfo”. Por tanto somos el país de más allá de la lanza del elfo, suena muy poético.

Esta teoría se apoya también en nuestra épica, como todo país que se precie tenemos nuestra propia saga fundacional, se titula “El canto de Kinger”. Cuenta que hubo un héroe fruto de la unión entre dos nobles de familias rivales, Kinger, que así se llamaba, fue repudiado por las dos familias, pues eran enemigas desde los orígenes de la isla. Abandonado en un bosque fue criado por los osos, de ellos recibió una agresividad y una fuerza proverbiales. Con diez años fue encontrado en el bosque, le llevaron a la corte y allí fue sirviendo a distintos nobles como uno de los guerreros más terribles. Al llegar a la edad suficiente formó su propio ejército, le fue fácil ya que todos le temían. Se convirtió en un fuera de la ley, y en poco más de un año consiguió lo que nadie había logrado: vencer a todos los condados que formaban la isla y fundar Transelgor. Se dice que era especialmente diestro en el manejo de la lanza y que mató a un hombre atravesando toda la isla de un lanzamiento.

La historia es atrayente, pienso que solo un hombre con una naturaleza tan primigenia podría domar un mundo tan hostil como el nuestro. Kinger sería así el primer domador de este mundo tan fiero, el hombre-bestia fiel reflejo de la tierra que me ha tocado habitar.

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La esperanza tiene forma de delfín. Reseña de “El merodeador” de Vicente Muñoz Álvarez.

Escribir sobre un libro de Vicente Muñoz Álvarez puede convertirse en un ejercicio de introspección del que, como lector, uno puede no salir ileso. Alrededor de El merodeador crecen enredaderas que desde nuestros pies ascienden hasta lo más profundo de nuestro cerebro y corremos el riesgo de que se mantengan allí mucho tiempo, tirando de nosotros hacia el suelo primigéneo de nuestros más ocultos miedos y fobias.

El merodeador nos plantea un viaje interior hacia un mundo plagado de preguntas, existenciales en su mayor parte. ¿Es el mundo como lo vemos o como lo sentimos? ¿Qué puedo esperar de la realidad, a parte de ansiedad? ¿Qué nos domina, el pensamiento o la acción? ¿Es el sueño la salvación a nuestros males? ¿Cuál es el lugar de la pérdida de la identidad? ¿Existe un mundo fuera del que nosotros creamos?

Pero sobre todas estas preguntas, sobre todos los relatos que componen el libro sobrevuela una obsesión. Igual que Cthulu habita en el fondo del mar esperando el momento de emerger, en nuestro subcosnciente viven, latentes, esperando su momento nuestros miedos más ocultos. Podríamos hablar de El merodeador como un catálogo de los horrores que acompañan al hombre moderno en su día a día: la soledad, el miedo a la muerte, las obsesiones, la locura, la pérdida del ser amado, la alienación del trabajo que nos encarcela…

En este texto encontramos ricas referencias literarias y cinematográficas recuerdos a El corazón delator, las obsesiones del Bernhard más angustiado de Corrección, partes oscuras de nuestra mente que emergen a la realidad como el asesino más despiadado de un slasher que armado de paciencia espera a su víctima agazapado hasta encontrar el momento adecuado para asestar su cuchillada.

Aunque sea un libro de relatos, todo gira alrededor de la idea central del individuo fragmentado, vacío, víctima del insomnio más recalcitrante. Un individuo que podríamos decir vive en un universo propio, un universo concentrado en ocasiones en el interior de una caja de zapatos, del que emergen como vías de salvación delfines y mundos paralelos que se despliegan hasta construir un todo narrativo donde la técnica de las cajas chinas lleva el texto desde la ficción hasta una realidad creada o mejor dicho recreada desde la subjetividad del narrador-escritor-espectador.

El libro, como todo lo que escribe Vicente Muñoz, tiene una fuerte carga autobiográfica lo que aumenta su crudeza. Leemos así de forma diferente frases como: “nuestra vieja unión necesitará consumirse para resurgir luego fortalecida de sus propias cenizas”. La esperanza de la reconstrucción está presente a lo largo de todos los relatos. Frente a la culpa, el insomnio, los pasos nocturnos, siempre hay una esperanza como el delfín que se salva de morir encallado en una playa, como la relación muerta por el alcohol , como la cordura perdida en la miasma de las fobias, como la lluvia que algún día cesará.

Un libro muy recomendable de uno de los adalides del underground literario en España. La oportunidad de leer buena literatura alejada de los ya ajados caminos del mainstream, literatura en estado puro, como un golpe directo a la mandíbula.

Muñoz Álvarez, Vicente. El merodeador. Acvf, 2016.

http://www.acvf.es/?p=2276

El merodeador

El mundo puede tener

forma

de caja de zapatos.

Incluso

en ese rectángulo

pueden caber

otras realidades.

Entre los intersticios de esos muros,

golpean,

cadenciosos,

los pasos agónicos de tu otro yo.

Al retirar la tapa

te salpicará

un delfín arrodillado,

un suicida oculto en una carta,

un doctor apuntándote

con un tensiómetro en la sién.

Nada es lo que parece

o

quizás

todo tenga la lógica de la locura.

 

Pablo Malmierca

 

El corazón sangrante. Reseña de “Dos cuervos de platino” de Ibai Pascual.

Ibai nos propone un reto cuando nos acercamos a Dos cuervos de platino. Físicamente es un libro sin nota editorial, sin contraportada, sin nota del autor. Nos invita a leer su poemario sin ninguna carga, por toda pista en la portada aparece Odín, flanqueado por sus dos cuervos Hugin (pensamiento) y Mugin (la memoria), y sus dos lobos Geri y Freki (que podríamos interpretar como el alimento y la carne).

Armados con este escaso bagaje nos adentramos en un poemario cuyo tema central es el desengaño amoroso, asistimos a un escenario nocturno que nos recuerda a la “Noche oscura del alma” de Fray Luis de León:

En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz y guía,

sino la que en el corazón ardía.

En este libro hay también mucha pasión, el cuerpo de la amada es tierra fértil y en muchas ocasiones se viste de paisaje: higueras, arroyos… Pero no debemos olvidar que es un poemario sobre el desamor, continuamente actúan la memoria y el pensamiento que se adueñan del presente haciéndolo más doloroso con el recuerdo de la opulencia de días pasados. Aquí intervienen el alimento y la carne; el cuerpo se alimenta del recuerdo del encuentro carnal, pero también del oprobio, del engaño, de la continua huida hacia adelante. Tanta desolación y dolor llevan a la voz poética al borde de la crisis, de la pérdida de la razón.

Ibai crea un paisaje interior que se construye y destruye desde dentro, fruto de la subjetividad que domina un universo propio, donde tienen cabida imágenes sorprendentes como “fresas de esparto” o “mares encendidos”.

Estamos ante una obra pasional tanto en el contenido como en la forma. Ese paisaje destruido podrá ser reconstruido desde la perspectiva del niño, cuando comprendamos que nada era lo que parecía, cuando sepamos que la percepción nos ha engañado, podremos llegar a comprender que la reconstrucción es posible.

Finalmente estamos ante una poesía rupturista, desde unos preceptos clásicos: versos medidos, rima, uso de estrofas clasicistas. Pasamos a versos de carácter popular con rima asonante en los pares. Se da cabida a una forma de versificación que alterar en muchos casos el decurso habitual del verso, se produce, de forma intencionada una cesura, marcándola con una coma que rompe el ritmo habitual. Es este un recurso habitual en el poeta, versos que así pausan su ritmo aportándoles una cadencia característica; el soneto no parece soneto en la declamación. No duda en introducir recursos propios de la poesía urbana actual, como el uso de las asonancias que van más allá de la rima (extensión-pretensión); que aportan al poemario frescura frente al uso del hipérbaton o la utilización de un vocabulario en muchos casos clasicista.

Esta combinación original de recursos técnicos y lingüísticos dan a la poesía de Ibai un toque de frescura que queda atemperado por el acertado uso de la mitología y de la alegoría.

Nos encontramos, pues, ante un poemario de formación o aprendizaje, donde el autor busca nuevos caminos a través de formas clásicas con claras conexiones con los autores del Siglo de Oro, a los que añade otras formas más populares integradas tanto en la tradición como en la más moderna poesía urbana.

Quizá para puristas de la forma estrófica no sea un poemario del todo redondo, pero quien busca nuevos caminos debe explorar los ya transitados y renovar siempre es un riesgo. En Ibai Pascual se adivina un poeta que podrá devenir en un autor innovador o en autor de corte clasicista. En su mano está la decisión.

Quiero terminar con mi visión poética de su poemario:

Geri y Freki

Falla la memoria
cuando buscas el origen del sentimiento.
Fracturan la mente
tus recuerdos insomnes.
Incrustada en un paisaje lactante
la noche se derrama,
atrapada,
en el borde de tu abismo.

En el frenesí de la huida
quedas preso
del ritmo de tus versos,
de la sombra de sus pasos,
de la crisis de su fuego.

Buscas ansionso la carne
que te proporcione el alimento
necesario
para superar la soledad de tus noches,
la ausencia de tus días.

Sentado en tu trono,
tus cuatro avatares
acompañan
el dolor de una ausencia
dolorosa y seca.

Las higueras
darán tarántulas por frutos.

 

Pablo Malmierca

Recital en Valladolid. En Viernes del Sarmiento.

El próximo día 3 de junio tengo la suerte de recitar dentro de los “Viernes de Sarmiento”, en la Sala del BBVA, C/Duque de la Victoria, 12. Valladolid. A las 20:00 horas. El título del recital será: “En busca del estado poético”. Leeré poemas de “dD” y de mis poemarios inéditos. Seré presentado por Eva Delgado (poeta y novelista) y Fran Soto (poeta). Os espero a todos para compartir un recital que prometo será especial.

Diario polar (día 21)

 

Diario polar (día 21)

Habitante de mis ruinas. Me asimilo al basalto negro de la cueva. Su humedad me acaricia suavemente. Su perfume es ya mi perfume. Me acomodo a sus formas, ambos nos acoplamos perfectamente, somos uno.
La cueva y yo, y la humedad. Todo se reduce a esa idea: el encontrar una forma que se adapte a la nuestra, poder aposentar mi convexidad en tu concavidad.
En la cópula de las formas encuentro la unidad del sentido. Desde la dualidad del fragmento viajo hacia la unidad deseada.
No hay nada en el exterior que me pueda completar, aquí pegado a un muro angosto he encontrado la plenitud.

Pablo Malmierca

Diario polar (día 19)

 

Diario polar (día 19)

He decidido vivir oculto. La policía literaria ya ha emitido una orden de busca y captura, si me encuentran pasaré dos años como mínimo en la prisión militar. No estoy dispuesto a pagar ese precio por mi libertad.
No he vuelto a la ciudad, me he instalado en una antigua cueva de piratas en la costa norte de Transelgor. Vivo como un ermitaño, solo, sin luz, sin ningún tipo de lujo. Apartado de la sociedad de bienestar. Intento concentrarme en las actividades diarias para no volverme loco. Pesco, recojo la cueva, intento leer y escribir un poco cada día. He traído conmigo todo el material de acampada que me ha sido posible, tengo que estar preparado para pasar una larga temporada oculto de los ojos del mundo. Hasta que todo pase y se olviden de mí.
El sonido del mar me acompaña cada día, las olas son el diapasón de mis sentidos, marcan los segundos, el nuevo ritmo de mi vida. El olor a salitre impregna mis noches y mis días.
Pero ahora tengo mucho tiempo para pensar en mi futuro, en lo que quiero, en lo que querré cuando salga de aquí. Intento convencerme de que este no es el final, de que mis ideas de procastinación son infundadas, algún día podré comenzar nuevos proyectos y terminarlos. Hoy soy incapaz de hacerlo, intento concentrarme en todo lo que quiero hacer, pero me resulta imposible. Una parte de mí bloquea todo intento de acción, el miedo me atenaza, me impide acabar cualquier cosa que empiece. Además la soledad no me ayuda en nada a salir adelante, el aislamiento me impele hacia mis más bajos impulsos. Soy como un autómata que, simplemente, espera a que acabe el día. Espero salir ileso de mí mismo.

Pablo Malmierca

Diaro polar (día 18)

 

Diario polar (día 18)

Cuando comencé a escribir este diario me plantee la necesidad de encontrar un punto de fuga, un lugar ficticio distinto a la realidad helada de Transelgor. El diario se planteaba como la solución, tenía el suficiente distanciamiento como para no parecer real; sin embargo, esa realidad se acaba superponiendo a la verdad. Las palabras vertidas en el diario se vuelven inestables y perecederas. Apoyado en el quicio que marca este diario intento tender vías de comunicación con Transelgor, pero la realidad, como siempre, es dolorosa. El dolor transformado en asepsia.
Cuando contemplo este paisaje helado siempre fijo mi mirada en el punto más alejado, en aquel lugar que prefigura el paisaje que no se ve, pero se intuye. En ese no lugar donde lo posible se hace realidad. Donde confluyen los estático, las normas, con la transgresión, con todo aquello que vislumbramos pero que nos da el suficiente miedo como para rechazarlo.
Nos movemos, víctimas de un movimiento pendular, entre la seguridad de lo viejo, la zona de confort de lo conocido, el anclaje al paisaje que abarcamos con los ojos y todo lo que queda fuera de nuestro campo de visión. Me paro a pensar en la posibilidad de los puntos de fuga del paisaje, en todo lo nuevo que deparará ese más allá.
Y si la búsqueda fuera el verdadero camino; y si el deambular en busca de nuevos horizontes fuera la solución a nuestra inmovilidad; y si…

Pablo Malmierca

Diario polar (día 17)

 

Diario polar (día 17)

Siempre me he preguntado por la forma en que los primeros habitantes de Transelgor llegaron a la isla. Los historiadores siempre han dicho que eran pescadores del continente que por error se alejaron mucho de la costa y acabaron descubriendo por casualidad la isla. Después todo fue más sencillo, crearon colonias a lo largo de la costa como punto de partida de nuevas expediciones.

Es curioso pensar que como país, como población somos los hijos del error de un pescador despistado que buscando nuevos lugares de pesca acabó viniendo a parar a la tierra del frío eterno.

Sin embargo, otros científicos rechazan esta propuesta basada en datos históricos. En el último año los responsables de genética de la Universidad Central han realizado un análisis minucioso de los restos humanos más antiguos encontrados en diversos puntos de nuestra geografía. Han demostrado, que los primeros asentamientos datan de bastante tiempo atrás, en concreto 2000 años antes.

Todo esto ha creado una gran polémica, determinados sectores rechazan las teorías genetistas que nos emparientan con pueblos originarios en Oriente, y prefieren seguir pensando que descendemos de pueblos de origen escandinavo.
Somos un pueblo que ha tratado de buscar sus raíces en lugares muy distintos para interpretar la historia con fines muchas veces particulares. Los gobernantes siempre han buscado justificar nuestro aislamiento en nuestro origen.
Al final, y como siempre, esto hace que nuestros eruditos tengan una gran estrechez de miras. Transelgor es el centro y el fin de la historia, de la literatura, de la ciencia. Se ha llegado a crear escuela, nuestros estudiosos tienen a orgullo no pertenecer a ninguna escuela internacional. Para qué si tienen una propia.

Sentado al borde del acantilado sólo puedo pensar en tender puentes, en aprender de aquello que no conozco, en salir fuera de este mundo cerrado.

Pablo Malmierca

Diario polar (día 16)

Diario polar (día 16)
Transelgor está dividido en cinco provincias, pese a ser una isla pequeña se decidió esta partición en función de las necesidades del ejército. La provincia central, la capital, no tiene presencia militar, está desmilitarizada. Las otras cuatro están dominadas por una facción del ejército: tierra, mar, aire y literatura.
La provincia más oriental, la regida por el ejército de los literatos, es la más especial. Existen varias divisiones, cada una de ellas con un general de división. Este general marca las líneas capitales: los hay realistas, sociales, de la experiencia, dramaturgos, etc. Todos ellos confluyen en un mismo territorio que tratan de dominar a través del control de los medios afines y expulsando de su terreno al que piensa diferente.
Son círculos cerrados, excluyentes, se ha dado el caso de autores que son fagocitados por una división diferente y han acabado escribiendo obras que no les representaban.
Este curioso funcionamiento del mundo literario en Transelgor lo hace tremendamente provinciano. Se apoya al que es igual o sigue las ideas del general de división, pero el diferente es ignorado, sencillamente no existe.
Debo incorporarme a filas con la mayor brevedad posible, mi plazo ya ha expirado, ya soy un proscrito.
En la carta oficial me han asignado a la división de los contemporáneos. Suena a algo así como los inclasificables.
Aquí perdido entre los acantilados pienso en abandonar de una vez por todas la isla. Me cuestiono qué me puede aportar este país helado y decadente. Siento que cada vez estoy más lejos de esta realidad.

Pablo Malmierca

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