Diario polar (día 11)

Frío, siento el frío deshaciendo el tuétano de mis huesos. Lo tengo tan dentro que ya es una parte de mí. Preferiría no sentir, que el dolor se alejase de mi carne, pero no es así. Ya decían los clásicos, vivir es morir, la vida viaja a una velocidad endemoniada. Los demonios son los caballos de mi vida, la tortura de su presencia me lleva en una infinita montaña rusa, hacia arriba, al fondo, siempre hacia el fondo. Escribir es la única liberación, todo el pánico que me produce vivir se transforma en palabras, las ideas fluyen desde las ciénagas del inconsciente.
La catarsis necesaria que permite limpiar el pozo de la percepción, frente a la oscuridad del mundo, la luz de la poesía, la salvación en fonemas que no por manidos suenan cada vez más nuevos.

Mi piel es cada vez más azul, Transelgor soy yo, su clima, sus ventiscas, el hielo cada vez más puro…

Un azul casi transparente.

Pablo Malmierca

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