Diario polar (día 8)

En Transelgor no hay árboles. Hace muchos años, cuando sufrimos un bloqueo salvaje por parte de los países colindantes, nos quedamos sin combustible para calentarnos y lo único que pudimos hacer fue talar todos los árboles. Pasamos de ser un país cubierto por un precioso manto verde a ser un erial, similar a la estepa rusa. En lugar de abetos ahora sólo hay hierbas bajas; los pájaros emigraron hacia otras zonas. Nos hemos convertido en un desierto helado.

Desde entonces nuestro carácter también ha cambiado, éramos un pueblo abierto, celebrábamos la visita de turistas de otros lugares; ahora nos hemos vuelto huraños, la presencia de un extraño en nuestras ciudades nos conmociona, hasta el punto de que no aparecemos en casi ninguna guía de viajes de países extranjeros.

El aislamiento y el desierto helado nos imprimen una forma de ser que también ha impregnado nuestra literatura. No celebramos la primavera, ni los pájaros, ni la alegría de vivir. Si algo define nuestra producción cultural es el sufrimiento. Debido a la crisis espiritual y al desgarramiento existencial producido por una realidad que no aceptamos, nuestros libros hablan de seres divididos, de individuos que buscan su esencia en el dolor provocado por los otros, por la sociedad, por la naturaleza. Se trata de una búsqueda que está dando grandes resultados literarios, aunque en su mayoría silenciados por las autoridades. Podríamos hablar de una literatura oficial, promovida por un ministerio de cultura que ejerce de gran censor, obras que hablan de temas comunes: amor, familia, historias de superación, bestsellers en su mayoría, obras de usar y tirar. Sin embargo, hay una literatura subterránea, prohibida en muchos ámbitos del país, una literatura diferente que lucha por demostrar que el arte está en todas partes. Obras que surgen del sufrimiento personal del escritor, obras que tienen solo un criterio la VERDAD, por encima de la MENTIRA de la literatura más oficial.

En fin, ahora mismo se desarrolla una guerra desigual, que todos sabemos que no es nueva, es una constante a lo largo de la historia de la literatura en Transelgor. Como siempre, el tiempo pondrá a cada uno en su lugar.

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