Diario polar (día 6)
Uno de los chicos se encara:
– ¿Qué miras?
-Nada, me sorprende que vistáis todos igual, parecéis miembros de una secta.
-¿Qué dice éste? -preguntó otro de los jóvenes.
-Está atontao, no le hagáis ni caso.
-Gilipollas. -escuché que decían en la lejanía.

Me dejaron solo, como estaba, acompañado de mis pensamientos. Estos chavales, al igual que otros muchos, sólo ansían pertenecer a la sociedad, y para ellos basta con asumir unos roles preestablecidos. Pero la mayoría de edad del hombre moderno no se basa en asumir simplemente, es más que eso. La base del progreso está en el pasado, pero eso sí, revisado, por eso el hombre avanza, por eso el conocimiento no ha alcanzado todavía sus límites.
Me pregunto si podrán aportar alguna vez algo nuevo, viven tan adormilados por las modas y la publicidad que apenas tienen tiempo de reflexionar, su vida es una continua huida hacia adelante, un cambio continuo de piel en busca de una identidad inalcanzable. Son como el burro del cuento, la zanahoria está siempre delante de ellos: el éxito social. Pero muy pocos pueden alcanzarla. Esto es más patente en la clases medias y bajas, los chicos anhelan el falso sueño consumista que ahora representan los futbolistas y otros famosos. Un éxito basado en la apariencia y el ornato. Por desgracia, valemos por lo que aparentamos y no por lo que somos. El viejo dilema entre el ser y el parecer.
Pablo Malmierca.

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