Diario polar (día 5)
Poso los ojos en los fríos edificios de ladrillo, son todos iguales. La monotonía del excluido, frente a la exclusividad del poderoso.
Repetición, repetición, edificaciones que resaltan sobre la nieve parda; farolas que se repiten como un estribillo infinito sobre el poema del asfalto. Clonación salvaje en la era de la repetición. Recuerdo mis tiempos de universidad, allí también se clona.
Existe un miedo atroz a la alteridad, al discurso que marque la diferencia. Somos herederos de una cultura que premia el continuismo. Aunque no se trata de un universal, en culturas como la japonesa se premia al discípulo que supera al maestro.
Un sistema así diseñado, crea copias de eruditos, a su vez replicantes de otros, en perpetua línea decadente. Pero, ¿quiénes cambian las visiones del mundo?, ¿quiénes hacen avanzar realmente el conocimiento? Aquellos que son capaces de reconocer y afianzar su alteridad. Creo que por mucho que hayamos avanzado en nuestra civilización un análisis antropológico nos acerca más a una tribu primitiva que al siglo XXI.
El joven, tras un arduo proceso que dura varios años, va avanzando a través de numerosas pruebas que le van poniendo los integrantes del grupo al que quiere pertenecer, son pequeños peldaños que van educando al novicio en la sociedad académica. Estos actos se realizan en la seguridad del grupo y tienen como objeto separar la arena fina de la grava. Por supuesto, el premio es un expediente impecable que le servirá para abrirse camino en la nueva sociedad.
Tras este primer periplo, el iniciado abandona la seguridad del grupo para enfrentarse a la soledad del maestro, que le guiará en nuevas pruebas que le llevarán a pertenecer al grupo: llamadas “proyecto” y “tesis”. Cuyo propósito será enseñarle a investigar, educarle para que no se desvíe en absoluto de la norma. La alteridad del iniciado se plantea como un problema de minoría de edad, no se le deja aprender aquello que quiere. Nunca el novicio tendrá suficiente capacidad para hacer crítica del maestro, se presupone que seguirá la ética de la escuela. Se le propone un modelo finito y completo, y en la medida en que lo siga tendrá éxito o no en la sociedad a que pretende pertenecer.
Me cruzo con varios jóvenes, me miran de arriba a abajo, van vestidos iguales. No hay versos sueltos en esta sociedad de ripios.

Pablo Malmierca

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