Diario polar (Día 1)
Comienzo este diario con la intención de resucitar viejos fantasmas que nos acompañan desde hace demasiado tiempo. En estos días convulsos de pusilánimes y serviles, todo lo que no sea corporativismo y rechazo a la alteridad está perseguido. Desde la oficialidad de todos los estamentos nos bombardean con consignas propias de la mayor pesadilla orweliana. El control se ha convertido en la máxima a seguir, el miedo la ofrenda a nuestra poca capacidad de volición.
Desde esta humilde bitácora pretendo resucitar fantasmas, acunar miedos y hacer sangrar los oídos de muchos que se esconden en mayorías ficticias que, simplemente, les alejan de su soledad.
Vivimos aislados en una nube que nos da una sensación de pertenencia irreal, una nueva droga que hace que nuestro cerebro segregue la serotonina necesaria para nuestra supervivencia. Pero esta felicidad es cada vez más ficticia, nos relacionamos a través de pantallas: el sexo, la amistad, el contacto se ha sustituido por la esclavitud a la multitud de pantallas que nos aislan y nos engañan.

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