Rojoamarilloazul

Existe un cuento taoísta
que habla de un pintor.
Quiso dibujar dos dragones
uno amarillo y otro azul.

Descarnó tanto el diseño
que de los dragones quedó
un simple trazo
dibujado en la pared.

Hoy esos colores
aparecen tatuados
en el interior de la poesía,
unidos al rojo,
extremos de inquietud.

Mañana el tinte
se absorberá en mi piel.
La esencia de las palabras
se constituirá en órgano
complaciente de mi cuerpo.

Rojo,
amarillo,
azul,
tras el prisma primario
del conocimiento transversal.

© Pablo Antonio García Malmierca.

Dedicado a José María Benéitez, sin tu comentario este poema no existiría

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