Hoy os ofrezco una poética del otoño, de la belleza que radica en una naturaleza que se despoja de lo viejo para dar paso a lo nuevo. Es un poema antiguo que he reelaborado, además de depurarlo.

Marchitan mis hojas de dolor
acunadas por el viento de tu voz.

Se avalanza sobre mí el otoño,
deja caer los resecos recuerdos
ya caducos por el tiempo.

Cubren el suelo mis pesares
alfombrados de ocre y amarillo.
Las ráfagas de tus pensamientos
barren el hastío.

Ramas desnudas.

Tras el invierno valdío
el dulce crepitar de los brotes.

Pablo Antonio García Malmierca,
de “Las duras vísperas de la resurrección”.

Fotografías tomadas en las inmediaciones del Lago de Sanabria en Zamora.

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