Muchas veces se habla del origen de nuestra cultura, de sus raíces judeo-cristianas. En mi delirio existencialista este es el origen que vislumbro.

RECUERDA

Donde el añil difunto parte del infinito

y el ocre tumefacto recorre yermos campos,

donde el verde perfecto sucumbió al sufrimiento

y al azote del viento aliado íntimo del tiempo.

 

La mente vaga atraída por la oscura delicia,

el cuerpo deshojado por vientos del pasado,

el recuerdo poseido por penosa perfidia,

allí, el sujeto estancado hace frente a su pecado.

 

Una espina florece a cada instante en su tronco

ungida en la pomada que una lágrima vierte,

bajo la piel decrece la vida, todo está hueco,

sufrimiento pausado de un pobre ser sin suerte.

 

Y cubierto de sangre y espinas verás al hombre

padeciendo visiones nacidas del abismo.

Anuncios