Quiero comenzar con dos poemas escritos hace mucho tiempo pero importantes para mí:

Poema 1

Entre vapores sulfurosos

y almas condenadas

navegaba en mi bajel

sin rumbo ni ancla.

Tú fuiste el viento, la corriente,

dirigiste mi nave hacia tu costa.

Recibí los frutos del paraíso,

la ternura, el calor,

y la paz que sobrecoge tu alma.

Tropecé, caí

embriagado por los elixires del destino,

me precipité a la sima del infierno,

la locura atenazó mi devenir,

pero tú, alma impoluta,

descendiste con tu belleza al infierno,

rescatándome.

Ángel caído transformado

por la contemplación de tu belleza.

 

Poema 2.

Sabrosa llama

incendias tú, delicada,

armónicas influencias.

Humo denso fluyendo a mí

persuade oscuridad.

Aromas sabios

desdibujando, aniquilando

letargos, palabras.

Pueden tus labios saber

la perdida codicia,

que fluye o se desenvuelve

hacia mis ojos tumefactos en lágrimas.

Saben tus risas, tu comprensión,

la nada codiciosa habitando entre mis venas.

Aquí, allí, ahora, siempre, nunca,

deshabitado árbol,

los cantos del rocío brotando de tu rostro.

Fue sufrimiento agradecido

en sangre de mis tinieblas.

Resurge conmovida mi estación lacónica

tras las duras vísperas de la resurrección.

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